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Paco March - 17/07/2015

El próximo día 28 se cumplirán cinco años del liberticidio con pátina democrática que supuso la prohibición de las corridas de toros en Cataluña, con un año de gracia que concluyó el 31 de diciembre de 2011.

El Partido Popular interpuso un recurso de inconstitucionalidad de la Ley catalana ante el Tribunal Constitucional y más de medio millón de ciudadanos firmaron una ILP que luego fue otra cosa. Pero como si nada. El alto Tribunal, inescrutable cuando de tiempos en pronunciarse se trata, lento o rápido a conveniencia ( propia o ajena, me temo) sigue sin abrir la boca, la Monumental cerrada y los aficionados a punto de tirar la toalla.

Fuera de las fronteras (de momento geográficas) de Cataluña, la cosa está que arde. Vuelven los toros a Donosti; en Sanse, el pueblo ( y Ortega Cano, Rincón, Uceda, Chechu , Sergio Aguilar, Imanol Sánchez y Álvaro García, toreros) frena a los políticos; en Pinto ahí están...pero caen A Coruña, Gandía y otras siguen en el punto de mira.

Volviendo a Cataluña, el tiempo se acaba. Es ahora (después vendrían otra batallas) o ya no será. Me explico, por si falta hiciera.

El proceso político que busca la independencia de Cataluña inicia la recta final encarando la primera meta volante (en tiempos de Tour, es lo primero que me viene a la cabeza): las elecciones del 27-S. Si llega primero el equipo (por seguir con el símil ciclista) de Mas y Junqueras, con los gregarios Romeva, Forcadell y Casals tirando del pelotón, la siguiente se fija en la ruptura progresiva con el Estado para, ya en la meta final, alzando flores y esteladas a los acordes de Els Segadors, proclamar la Cataluña independiente.

Y en esa carrera que ahora ya es un descenso a tumba abierta, los jefes de equipo han diseñado estrategias varias, entre ellas una que pasa por romper con el Tribunal Constitucional para evitar someterse a sus decisiones. Es decir que , cuando llegue septiembre, lo que diga el TC se lo saltarán a la torera, algo que no es una novedad pero aún con mayor chulería.

Por eso, al margen (iba a escribir independientemente, pero algo en mi interior se ha rebelado) de que el pronunciamiento favorable del TC no aseguraría- ni mucho menos- la posibilidad de dar toros en la Monumental sí supondría una victoria del derecho contra la intolerancia; un balón de oxígeno moral para los aficionados de Cataluña, ya casi sin aliento en su lucha; y , también, un precedente de jurisprudencia para otros con las mismas tentaciones que sus colegas catalanes.

El Tribunal Constitucional tiene, en lo taurino, una oportunidad única y última y qué mejor que hacerlo justo ahora, en el quinto aniversario del oprobio. Más que nada porque mucho me temo que cuando el verano acabe se le va a acumular el trabajo.
 

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