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Paco March - 31/05/2016

"El toreo es un despertador vivísimo para los ojos;  tanto que se nos mete por ellos con sus verdades luminosas; que nos enseña a ver cara a cara a la mentira y al horror de la sangre y de la muerte para encender e iluminar la vida de otro maravilloso entendimiento. ¿Acabaremos nunca de aprender todo lo que el toreo nos enseña?" (José Bergamín)

Ocurrió en Aranjuez, en el último de sus tres toros. Nada pasó en los dos primeros pero José Antonio Morante de la Puebla tenía una cita con Fernando Bergamín Arniches,  allí en  barrera, el capote de paseo del torero  como estandarte de amistad y reconocimiento.

Brindó Morante al hijo de José Bergamín, para él y por su padre.

Y Morante fue Morante.

José Bergamín murió hace 33 años y Fernando, su hijo, ha sido y sigue siendo el garante y custodio de su obra, a la que el genio de la Puebla se acercó un día y ya no pudo desprenderse de ella pues, en palabras del propio Fernando, es "un torero birbibirloquesco de ayer, de hoy y de siempre".

José Bergamín fue el gran silenciado de la Generación del 27 y aún sigue siendo un desconocido para demasiados. Su obra poética, teatral y ensayística, así como la faceta de editor (en su editorial "Cruz y Raya"  y al no encontrarse allí Bergamín, dejó Federico García Lorca  el manuscrito de "Poeta en Nueva York" con una anotación en la que le decía que volvería al día siguiente. Viajó a Granada, lo fusilaron) es el legado de una figura capital del pensamiento español del siglo XX. 

Un legado que, como decíamos, cuida y divulga su hijo Fernando. Él, junto a su hija Cecilia y Fernando Cisneros son los responsables de la "Obra Taurina" editada por el CSIC en 2008. Y, en ella, junto a "La música callada del toreo", "El Mundo por Montera", "La Estatua de Don Tancredo, "La claridad del toreo" y "Musaraña y duende de Andalucía". También "El Arte de Birlibirloque", su primer libro taurino.

En "El Arte de Birlibirloque" (1930), Bergamín enfrenta lo apolíneo y lo dionisiaco mediante la exaltación del arte clásico de torear de Joselito El Gallo ante la que considera degeneración clasicista de Juan Belmonte y a partir de ellos imagina las pautas que pueden dirimir la Fiesta del futuro.

Definido por el propio autor el arte de birlibirloque como el de poner y quitar, Bergamín usa aforismos que retan al lector para una nueva manera de sentir y entender el toreo, en la que el toro ocupa a su vez lugar esencial.

El planeta de los toros - "El toreo no es español, es interplanetario" (Arte de Birlibirloque)-   le debe un reconocimiento a José Bergamín.

Morante está en ello,  y ha propiciado una reedición de "El Arte de Birlibirloque" que él mismo prologa y que se distribuye las tardes en que se anuncia.

Pero sin duda su toreo de ayer en Aranjuez ante los ojos de asombro y admiración, el corazón palpitante y albricias en el alma,  de Fernando Bergamín, es el mejor homenaje del torero al poeta. Del toreo al pensamiento.

Brindó Morante a Fernando Bergamín y, birlibirloqueando, también se asomó José.

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