ESTELLA

El perro de Koldo

jueves, 11 de abril de 2019 16:32
jueves, 11 de abril de 2019 16:32

Hola amigos:

Soy un perro de Estella, concretamente el perro de Koldo Leoz, amo mío no electo (yo no lo elegí) y alcalde no electo de Estella (casi nadie le votó) y del que disfruto en sus ratos libres. Soy uno de los muchos perros beneficiados por esa gran idea suya de abrirnos la plaza de toros para que caguemos y meemos a gusto. Un lugar que a él no le gusta porque dice que allí se tortura y se disfruta de la muerte de los toros. Qué curioso, porque ni a él ni a los de su grupo Bildu les ha importado nunca la tortura y muerte de los de su especie y nunca se han dignado a condenarla. Qué bueno que se preocupen de nosotros, los animales, más que de ellos, los humanos.

Porque Koldo, muy comprometido él con el mundo animal, llegó desdePamplona a comerse el mundo a una ciudad que nunca lo llamó, como lo demostraron las elecciones y que ahora lo quiere todavía menos, como se demostrará en abril y eso espero, porque yo disfrutaba más de mi amo, el alcalde no electo de Estella cuando no era alcalde. Dábamos mas paseos, eso sí, siempre atado, me sacaba más veces a cagar y mear donde el quería… Vamos, que en mi vida había mucha menos alfombra.

Dice que quiere acabar con los toros, se lo he escuchado varias veces, y también con la religión católica que le debe de molestar mucho, eso sí, con otras, como por ejemplo la musulmana, seguro que no tiene huevos para meterse. De todas formas, la vox populi comenta que tanto a la tauromaquia, como a la religión, le quedan mucho más futuro que a mi amo, el alcalde no electo de Estella, en la política.

Esa fobia por la tauromaquia no es por su amor por los animales, que le importan una mierda (salvo yo claro), es por su afán de acabar con todo lo que le huele a España.

Su última idea es mearse y cagarse, a través de nosotros, en la plaza de toros de Estella, edificio centenario y al que no se le ocurre darle otro uso. Para nostros mejor, porque allí disfrutaremos de un espacio en libertad (pienso que ilegalmente porque en ningún lugar público podemos estar sueltos), cagaremos y mearemos allí, donde nuestros amos, en mi caso el alcalde no electo de Estella, nos digan y a la hora que nos digan. Qué bien, por unos momentos me sentiré como un toro bravo, eso sí, hasta que llegue de nuevo la estocada de la correa y mi amo, el alcalde no electo de Estella, me remate con la puntilla del regreso al piso. Y eso día tras día. ¡¡¡Eso si que es tortura, amo no electo…..!!!

Por eso, me encanta ver a mi amo, el alcalde no electo de Estella, preocuparse por otros animales como los toros y no tenerme en cuenta a mí en cuanto a mis libertades. Como animal que soy, nunca he elegido estar encerrado en un piso, aguantando ruidos antinaturales para mí como la televisión o la música, tumbado en una alfombra, comiendo cuando a mi amo, el alcalde electo de Estella, le apetece y saliendo de paseo dos o tres veces al día, eso sí, atado con una correa corta y al paso que mi amo, el alcalde no electo de Estella, marca. Hace que no doy una carrera que ni me acuerdo y tengo hasta mis dudas de que me hayan castrado, total la líbido la tengo ya anulada desde cachorrro. Eso sí, él se piensa que soy muy feliz, que me cuida muy bien y que el estar en un piso tan lujoso en el centro de Estella y tan cómodo es muy bueno para mí, aunque yo lo vea como una cárcel de oro.

Eso viene a cuento porque como digo veo a mi amo, el alcalde no electo de Estella, preocuparse por la tortura y muerte del toro bravo y eso me da que pensar si a mí y a otros perros en mi situación, si no nos gustaría vivir de esa libertad que vive el toro durante su vida. Disfruta de su habitat, come cuando quiere, pasea o corre cuando le da la gana en un microclima que es el suyo. Goza o sufre de los de su especie, eligiéndolos él mismo. Todo eso durante cuatro o cinco años para luego llegar a la plaza de toros donde casi seguro encontrará la muerte luchando. Bueno, pues qué te digo, igual merece la pena esa vida para llegar a esa muerte porque yo llegaré a la misma en una alfombra tirado, donde perderé la visión, el olfato, (ya lo tengo muy jodido por la sequedad de la calefacción) y ya sin poder levantarme llegará un día el veterinario llamado por mi amo, el alcalde no electo de Estella, y me pondra una inyección con la que me dormiré para siempre.

Eso, si no llega otro niño a la casa y a lo peor sobro antes de llegar a mi vejez, porque hasta hace bien poco era el rey de la casa y ahora cada vez estoy más apartado de los favores del alcalde no electo de Estella…

Por eso y llegando al final del cuento, quizás sí me podría reencarnar después de esa inyección letal final, lo haría en toro de lidia, que hay que joderse lo bien que viven esos…

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