INTRODUCCIÓN

La evolución del toreo y la involución de la lidia

Por José Carlos Arévalo
viernes, 4 de julio de 2025 · 07:09

La Feria de San Isidro me ha dado que pensar. El toreo de Morante, dos siglos de toreo en un solo torero. Las dos faenas de Fortes, inesperadas, bellísimas, incomprensibles en su técnica, radiantes en su arte. El ascenso inexorable Borja Jiménez, forjado con el toro y solo con el toro. La mano izquierda de Talavante, monerías al margen. La maestría de Ferrera, a pesar de su capote azul extravagante. El debut de Clemente, la batalla imposible, heroica, de un artista transformado en guerrero. El mito de David y Goliat restaurado por Fonseca y “Brigadier”. Las banderillas de Colombo, al filo de lo imposible. La clase de Gómez del Pilar, echado a pelear con los leones. La inveterada costumbre de Castella de cuajar un toro en Madrid. La sorpresa de que la espada cierre la puerta a Fernando Adrián. La destreza irreprochable de las figuras sin toro. Y Roca Rey, luchando contra el toro y contra todos, culpable de ser el líder.

Y así, muchas actuaciones, no todas señeras, pero todas admirables. Nadie ha tirado las tres cartitas. Pero la lidia ha involucionado, el tercio de varas está en las cloacas, más allá de la voluntad de los picadores. El tercio de banderillas, entregado a los peones, en fase terminal. Especialmente en Madrid, donde es prácticamente imposible cuadrar en la cara de un toro con los pitones tan abiertos y tan largos. Un par de veces sucedió el milagro. Y por lo mismo también es imposible el cruce en la suerte suprema. Hay que ser Uceda Leal, autor de dos clásicas y magistrales faenas, para no ver tanta espada desprendida y atravesada. O jugarse el tipo a cara o cruz, sin que la mano izquierda sirva para nada, como han hecho varios toreros.

El caballo mastodóntico y el toro mastodóntico con cuernos mastodónticos han conspirado contra una feria que podría haber sido  paradigmática. Una cosa es la autenticidad y otra sacar las cosas de quicio. La bravura ha avanzado, pero no el llamado “toro de Madrid”, muy limitada su reseña por hechuras y nota, pues lo que manda es el super volumen, el super peso y los super cuernos.  Ya no se aprueba el toro de 500 kilos y se está llegando al de 700. Y lo más grave, repito, es el deterioro estructural de la lidia. En Madrid y en todas partes, ha involucionado. Hasta hace unos cincuenta años, la corrida ofrecía tres tercios brillantes y emocionantes. Hoy, los dos primeros son dos pasos funcionales al servicio del único tercio digno de su nombre, el de muleta y muerte.

¿Cómo y por qué degeneró el tercio de varas? ¿Por qué los matadores han dejado de banderillear?  ¿Y por qué, a pesar de todas sus mermas, el San Isidro de 2025 ha sido el mayor espectáculo del mundo? Como lo bueno no necesita abogado defensor y como lo malo debe ser corregido, la serie de pequeños artículos que hoy comienzo, aborda las graves mermas de la lidia actual. Solo reconociéndolas su puede abordar su reforma. El próximo viernes entraré a fondo con la suerte de varas. A la que, por cierto, sobra la palabra suerte, pues el la única que se hace con aparente y total impunidad.