ACTUALIDAD
Murcia 2025, una feria donde la gloria se hizo presente
Hay ferias que se anuncian, y ferias que se esperan. Hay ferias que entretienen, y ferias que te hacen vibrar. Y luego está la Feria de Murcia 2025. Un ciclo que, enmarcado en el alma de una ciudad que celebraba 1.200 años de historia, trascendió el calendario para convertirse en memoria.
Bajo la experta batuta del empresario Ángel Bernal, La Condomina no fue solo una plaza, sino un crisol de emociones donde el toreo se manifestó en toda su grandeza desde la pureza del arte hasta la rotundidad del poder, desde la ilusión de la juventud hasta la maestría de las figuras consagradas.
Un Mosaico de Triunfos y Nombres Propios
La feria fue un crescendo de emociones que comenzó con una apuesta por el futuro. La novillada inaugural de Fuente Ymbro fue una explosión de talento, con los locales "Parrita" y Víctor Acebo saliendo a hombros junto al sevillano Javier Zulueta. Fue el prólogo perfecto, una declaración de que en Murcia, la cantera tiene un sitio de honor.
A partir de ahí, cada tarde tuvo su propia narrativa. La del 15 de septiembre fue un compendio de tauromaquias. José Mari Manzanares, herido en su orgullo por una violenta cogida, tiró de coraje para abrir la Puerta Grande; a su lado, Juan Ortega detuvo el tiempo con un saludo a la verónica de cartel de toros, pura seda y compás; y Borja Jiménez, con una faena de poder y temple a un gran toro de Daniel Ruiz, puso la plaza al borde del manicomio, pidiéndose con fuerza el indulto para el astado.
La tarde del 16, con el "no hay billetes" colgado, fue la de la comunión entre el poder de una figura mundial como Andrés Roca Rey y el fervor de una afición entregada a su ídolo, Paco Ureña.
Otros diestros como Miguel Ángel Perera, con una lección de madurez y sabiduría, el arte intermitente de Alejandro Talavante o la solvencia de Sebastián Castella completaron un abono donde cada nombre aportó su matiz a un lienzo de excepcional riqueza.
Las Cumbres de una Feria para el Recuerdo
Dentro de este éxito colectivo, varias actuaciones individuales alcanzaron la categoría de inolvidables, definiendo el alma de la feria.
Paco Ureña, el rey de su tierra .El diestro de Lorca no solo triunfó, sino que reinó. Sus dos tardes se saldaron con dos Puertas Grandes incontestables y un total de seis orejas.
FOTOGALERÍA DETALLES - VERONICA SORIANO
Su primera actuación fue una demostración de autoridad ante un toro de Victoriano del Río. Pero su consagración definitiva llegó en la corrida del aniversario, donde desorejó por partida doble a un lote de El Parralejo. Su faena al quinto de la tarde fue una sinfonía de temple, largura y sentimiento, toreando con el corazón en la mano y la muleta cosida a la embestida. Ureña se ha ganado, tarde a tarde, ser el profeta indiscutible en su tierra.
La rotundidad de Borja Jiménez y la maestría de Daniel Luque. Dos faenas quedarán para siempre en la memoria de La Condomina. La de Borja Jiménez fue un huracán de toreo profundo y ligado, una obra de tal calibre que la petición de indulto fue la lógica consecuencia de una comunión total entre toro y torero.
Por su parte, Daniel Luque impartió una cátedra ante 'Maestro', un extraordinario toro de El Parralejo premiado con la vuelta al ruedo. El de Gerena aplicó su técnica prodigiosa para transformar una embestida inicial brusca en una obra maciza, contundente y de una belleza soberana. Fue la inteligencia hecha toreo.
La solidez de un maestro Emilio de Justo. En la Corrida de la Prensa, el extremeño demostró por qué es una de las figuras más respetadas del escalafón. Su faena al quinto de Juan Pedro Domecq fue un tratado de temple y poder y arte. Entendió a la perfección a un toro que rompió en la muleta dando los mejores naturales de la feria, construyendo una labor de creciente intensidad que puso al público en pie. Fue la actuación de un torero en su plena madurez, seguro de sus resortes y capaz de imponer su ley.
Diego Ventura, el broche de oro a caballo. La feria se cerró con una exhibición sobresaliente de Diego Ventura. Su actuación fue un espectáculo de dominio ecuestre, de riesgo en los quiebros y de una conexión total con el tendido. Cortó los máximos trofeos, dos orejas y rabo, poniendo el colofón festivo a un ciclo memorable y ratificando su condición de figura indiscutible del rejoneo.
El éxito de la Feria de Murcia 2025 es, en gran medida, el éxito de una gestión empresarial impecable. Ángel Bernal ha sabido construir un abono con lógica, atractivo y remate, una obra de orfebrería que ha dado sus frutos en el ruedo y en la taquilla.
Como única reflexión constructiva, cabría analizar la estructura del calendario. La división del ciclo en dos bloques podría, en futuras ediciones, compactarse para crear una semana taurina ininterrumpida, potenciando así la atmósfera y la tensión narrativa que una feria de esta categoría merece.
En definitiva, Murcia ha vivido una feria histórica, un evento que ha estado a la altura del aniversario de la ciudad. Para comprender la dimensión real de cada tarde, les invito a sumergirse en la lectura de nuestras crónicas, donde la palabra intenta apresar el instante.
Porque hay ferias que se olvidan y otras que marcan, y la de Murcia nos ha dejado una certeza imborrable. El toreo no es lo que se ve, sino lo que te hace sentir cuando ya nadie mira.