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Amplio reportaje sobre la vida del toro antes de llegar a la plaza en la ganadería de Hilario Fernández Valiente, toros de Conde de La Corte
Paula Mendieta - 09/05/2018

La ganadería brava es considerada un exponente fundamental por su garantía al mantenimiento de todo un ecosistema en el que coopera la biodiversidad y la existencia de muchas especies en peligro de extinción.

“Los ecologistas de salón y la gente que se dedica a cuidar un gatito, difícilmente se puede ocupar del bienestar de los animales”. Lo dice Hilario Fernández Valiente, propietario de una de las fincas de reses bravas con más historia en España. Este ganadero sufre de primera mano la situación que se está viviendo actualmente en torno al movimiento antitaurino y animalista. Y pide respeto y concienciación desde quese convirtió en el heredero de estas tierras extremeñas que llevanpor nombre “El Sierro”.

Nada más llegar, separó el reloj a las doce en punto de la mañana. En este lugar no existen las prisas. No se escucha ni si quiera el tintineo de las campanas de Coria avisando mediodía a lo lejos. Aquí no se palpa el agobio, ni tampoco el estrés como suele ocurrir en los rincones de esas calles de Madrid. En este lugar se paladea la tranquilidad que solo puede ofrecer el campo. Aquí, únicamente, el bramar del toro bravo es el tic-tac del tiempo.

Coria amanece con un sol débil la mañana del primer día de abril y acaricia cada rincón del paisaje levemente, pues azota un viento que no ceja en su empeño por conseguir la intranquilidad de estos espectaculares animales de cara seria, astas blancas y cuerpo robusto.

En la enorme entrada de la finca hay una puerta verde en la que cuelga un cartel que dice: “Peligro, toros bravos”. Y ahí está esperando el ganadero de este precioso lugar lleno de vida, Hilario Fernández Valiente: “El toro es un ser mítico y misterioso pero esto de tener una ganadería económicamente no es rentable. Ya decía José Luis Lozano, que lo que no se gana en dinero se gana en satisfacción”.

El caminar por los alrededores de la finca se convierte en toda una experiencia cuando cada paso significa acercarse un poco más a este mítico animal. La finca posee en su conjunto más de 180 hectáreas en las que estos animales pastan extremadamente tranquilos.

En el primer día de abril, precisamente la tranquilidad no ha sido protagonista, pues el viento es el culpable de provocar la inseguridad y el nerviosismo de estos toros de cara fina y ojos avispados que se mueven de un lado a otro sin cesar y braman para incomodar al desconocido visitante.

“Son fáciles de tratar y a la vez difíciles, por este motivo es una gran satisfacción el dedicarse a esto. Hay que intentar que sea rentable el tener una ganadería”, argumenta Hilario al percibirla incomodidad de sus toros.

La ganadería brava ha sido considerada como garantía de todo un ecosistema ya que el propio hábitat natural del toro de lidia facilita que dicho ecosistema en la península ibérica, se mantenga. Actualmente, y en esta sociedad, la tauromaquia ha sido cuestionada y fuertemente atacada por muchas personas que dicen pertenecer o identificarsecon este movimiento ecologista que, por consiguiente, se define como animalista y cuyofin es acabar con el maltrato animal.

Pero lo cierto es que, desde el punto de vista del taurino esta cuestión es completamente distinta. A día de hoy la tauromaquia es considerada patrimonio cultural español, independientemente de esto, hay diversidad de opiniones. ¿Quizás el problema reside en la desinformación? ¿Cabe la posibilidad de que tuviera razón Ortega y Gasset cuando decía que la historia del toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera es imposible comprender la segunda?

“La demagogia barata sobre la fiesta de los toros, la ignorancia de su significado artístico, cultural e histórico es algo que los taurinos estamos acostumbrados a soportar”, añade en respuesta a esta cuestión Hilario Fernández.

Lo cierto es que mantener este tipo de ganaderías no es algobaladí, pues conlleva mucha responsabilidad y trabajo. Gran parte de este trabajo es realizado por el mayoral, mano derecha del ganadero y responsable de la crianza y alimentación de los toros.

Álvaro Pérez es el mayoral de la finca de “El Sierro” y encargado de su mantenimiento. “Es un trabajo muy arriesgado por la cercanía que se tiene con ellos a la hora de echarlos de comer. Hay días que están de una manera y días que están de otra”, dice Mario con una sonrisa irónica en su rostro. Y asegura que el trabajo es complicado porque nunca se sabe cómo va a reaccionar el animal y añade una anécdota en la que cuenta que hace unos días le tiró uno de sus caballos encima de los utreros (toros de tres años), un gran susto pese a salir ileso.

En verdad, el mayoral tiene gran importancia en todo este mundo ganadero y, tanta es la responsabilidad y el peligro que se tienedía tras día, que el aficionado a los toros les reconoce el esfuerzo cuando disfrutan de “una buena tarde de toros” (como se suele decir en los tendidos de las plazas), obligándolos a salir a saludar. “Es la recompensa por el trabajo duro en el campo lo que nos da la afición”, continúa diciendo.

Lo que se aprecia de un toro en la plaza es diferente a lo que se puede observar en el campo pero este tipo de raza vacunay su genética, le obliga a poseer un comportamiento violento y de continua defensa en estos dos sentidos.

Una res brava, en una plaza de toros, está continuamente recibiendo estímulos externos, lo que le permite tener una excitación más exaltaday transmitirla en forma de embestidas hacia el adversario, en este caso el torero. En el campo, apenas recibe estimulo alguno pero cierto es que, como animal bravo, está constantemente en alerta.

“El toro es el señor del campo, el que mejor vive porque tiene mayor bienestar”, reivindica Hilario Fernández. Y añade que las asociaciones ecologistas deben protegerlo pero también deberían de estar a la par de los taurinos porque la ganadería de lidia contribuye mucho al ecosistema y a la existencia de otros animales en peligro de extinción.

Antes de llegar a una plaza, el animal pasa por distintos reconocimientos médicos y todos ellos se ejecutan en sus respectivas ganaderías. El toro bravo lleva consigo un buen tratamiento sanitario, de alimentación y manejo para que el animal llegue en las mejores condiciones a novillo (hasta los tres años) y a toro (más de tres años).

“El trabajo que conlleva un toro de lidia es muy complejo e indudablemente tiene mucho mérito. Se hace un control extensivo de parásitos, se controla la brucelosis y tuberculosis y la alimentación también se trata con bastante rigor, pero lo más destacable en este tipo de bovinos, es el estudio riguroso de la genética”, dice Eva Calvo, estudiante de veterinaria yespecializada en animales grandes. Y añade que la genética del toro de lidia está muy controlada ya que con ella se hacen los cruces y se seleccionan las características genéticas que desee el ganadero viendo cuánto de heredable es el gen para sacar la bravura, el trapío, etc.

En la finca de “El Sierro”, como en todas las demás ganaderías de bravo, se realizan durante el año distintos controles por los que pasa la vida de un toro desde que nace hasta que llega a la plaza.

Buen ejemplo de ello, entre otros, es el herradero a cargo de un veterinario y la denominada selección, donde tienen la máxima importancia el ganadero y el torero.

La selección consiste en tentar (torear) vacas para que sean madres. Si reúne las características que el ganadero considera como aptas, serán madres para poder criar machos. Este control se lleva a cabo principalmente por el ganadero, quien le da el visto bueno y toma ladecisión, y el torero encargado de sacar la bravura de la vaca.

La plaza de tientas es el lugar donde se realiza la selección, es el laboratorio de la bravura donde empieza todo. En esta plaza se toma la temperatura al estado de la ganadería.

Concretamente, un tentadero es un examen parcial y una evaluación de un animal junto con sus rasgos de genética y familia que se realiza para probar y decidir si es macho o hembra reproductora o si, por el contrario, no entra como reproductor de la ganadería.

El ganadero Hilario Fernández Valiente, siempre ha sido reticente a mostrar su ganadería y ha querido enseñar la vida del toro bravo para compararla con la vida otros vacunos. El toro vive cuatro años, el resto de los vacunos seis meses. Uno vive en la dehesa y el otro en una explotación ganadera. El toro muere incluso con la posibilidad de defenderse en la lidia mientras que el otro va a un matadero donde llega la noche de antes.

Nadie puede cuestionar que el toro de lidia goza de una existencia privilegiada en comparación con sus semejantes. En gran medida, la propia supervivencia de las especies y el mismo equilibrio ecológico están relacionados con la muerte de unos animales a manos de otros.

“Somos el segundo espectáculo de masas y ocupa poco espacio en los medios. No somos ni proscritos ni subversivos. Tenemos que llegar a la gente y explicar qué es la Tauromaquia”, reivindica Victorino Martín, veterinario y uno de los ganaderos de bravo con más prestigio e historia.

No pocos ecologistas reconocen el vínculo inseparable entre la protección del toro de lidia y la tauromaquia.

Independientemente de que usted, querido lector, sea taurino o no, debe saber que el concepto de ecologíaforma parte del respeto al equilibrio de las especies, después, sea lo que usted quiera.

Fotos: Jaime Bravo

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