PERÚ
Cutervo se consagra con un indulto histórico de Ismael Martín y pone a Perú en la élite taurina
Una plaza llena, toreros entregados y un toro de Campo Bravo que se ganó la vida: la cumbre del toreo en los AndesEl reloj aún no marcaba las cuatro cuando los tendidos de la imponente plaza Jorge Piedra Lozada ya hervían de expectación. Un lleno hasta la bandera, un ambiente eléctrico, un pueblo entero echado a la calle para ver una tarde que ya se presentía histórica. En el albero, tres nombres que hoy han honrado la liturgia del toreo: El Fandi, Jesús Enrique Colombo e Ismael Martín. Y detrás de todo, el alma y visión de La Esperanza, la empresa de Tito Fernández, que ha elevado a Cutervo y al Perú taurino a un nivel de excelencia que hoy ya no es promesa, sino realidad consolidada. Una oda viva al buen gusto, al respeto por la fiesta, y al trabajo bien hecho.
Recibió El Fandi al primero de la tarde con un saludo por verónicas templadas, toreras, cargadas de compás y sentimiento. En el tercio de banderillas, la emoción se disparó. Compartió palos con Colombo e Ismael Martín en un tercio vibrante, de verdad pura, donde el toro, con transmisión y alegría, se entregó a la lidia. El público de Cutervo, agradecido y encendido, se puso de pie, aplaudiendo a rabiar.
En la muleta, el granadino dejó pasajes de gran torería por el pitón izquierdo, templando y mandando. Una estocada recibiendo puso las dos orejas en sus manos. Tarde importante la del Fandi, que volvió al ruedo con el cuarto de San Simón, al que saludó con chicuelinas sueltas y verónicas. Remató con cuatro pares de banderillas que pusieron a la plaza boca abajo. Una estocada certera, pero el toro tardó en caer y le cortó un apéndice.
El venezolano Jesús Enrique Colombo saludó al segundo con prestancia, pero fue el toro quien puso el primer susto al saltar al callejón, desatando el caos por un instante, incluso alcanzando al que aquí escribe. Tras el susto, vino la entrega. Un puyazo justo y un toro con mucho motor. Colombo lo condujo con temple por ambos pitones, ligando series limpias, hondas, que arrancaron olés profundos. Cerró con manoletinas ceñidas, ajustadas, emocionantes. La plaza enloqueció. La espada cayó en buen sitio y las dos orejas fueron el justo premio.
Con el quinto, de la ganadería de San Pedro, la historia fue aún más emotiva. Colombo lo saludó de rodillas con una larga cambiada, luego verónicas suaves. Brindó a El Fandi. El toro fue complicado, exigente, y Colombo supo estar a la altura, con una lidia medida, a media altura, cuidando la embestida y sacándole el fondo. Estocada efectiva y otra vez dos orejas. Pero el momento mágico llegó cuando pidió que diera la vuelta al ruedo Tito Fernández, el empresario que ha devuelto la fe y el orgullo a la afición peruana. El público rugió. La tauromaquia agradecida.
Ismael Martín se presentó con el tercero de la tarde con dos largas cambiadas de rodillas que encendieron la plaza, seguidas de verónicas cadenciosas. En el tercio de banderillas, nuevamente los tres matadores compartieron escena en una muestra de unidad, competencia sana y arte compartido. En la muleta, Ismael mostró temple y clase por ambos pitones . Espadazo certero y dos orejas más al esportón.
Pero fue con el sexto, de Campo Bravo, donde Ismael tocó la cima. Un toro de gran calidad al que el torero supo exprimir hasta el final. En banderillas brilló, y con la muleta dejó detalles por el pitón izquierdo de categoría mayor. Tal fue la conexión toro-torero que la petición de indulto fue unánime. Y así fue: el juez sacó el pañuelo naranja, y la plaza estalló. Dos orejas y rabo simbólicos, una vuelta al ruedo con lágrimas en los ojos y un recuerdo imborrable.
La corrida no sería la misma sin hablar del sobresaliente encierro de Campo Bravo, cuya divisa ha firmado hoy una de sus mejores tardes en la Jorge Piedra Lozada. Todos sus animales embistieron con clase, emoción y bravura, cada uno con su personalidad, pero dejando en claro la seriedad del trabajo ganadero. Especialmente ese sexto, indultado con justicia, pero también los demás, que ofrecieron un juego increíble, poniendo a los toreros a prueba y elevando el nivel artístico de la tarde. Una ganadería que merece todos los elogios y, sobre todo, más fechas.
Epílogo: el Perú taurino ya no es promesa
Lo de hoy en Cutervo no ha sido una tarde más. Ha sido una consagración. Del toreo, de sus protagonistas, pero también de una gestión seria y comprometida. La empresa La Esperanza de Tito Fernández ha puesto al Perú en el mapa taurino internacional con firmeza y visión. Ferias como esta, organizadas con rigor, cuidado y pasión, son las que elevan la categoría de una plaza y de un país entero.
Hoy en Cutervo se ha escrito historia. Que su eco cruce fronteras. Y que la tauromaquia, con tardes como esta, siga viva, auténtica y universal.