PERÚ

Alfonso de Lima y Juan Leal: verdad, poder y temple en la penúltima de Cutervo

lunes, 30 de junio de 2025 · 07:44

En la penúltima de feria, la plaza de Cutervo vivió una tarde de contrastes marcada por la falta de implicación de Sebastián Castella y el paso firme de dos toreros que sí quisieron. Juan Leal y Alfonso de Lima fueron los únicos capaces de conectar con el público, cada uno a su manera, con estilos distintos pero con un mismo denominador: entrega, disposición y verdad.

Abrió cartel Sebastián Castella, que desde el primer momento pareció no estar. Su primer toro, falto de fuerza y transmisión, apenas encontró oposición en un torero que no quiso verlo. La faena fue plana, sin intención, sin emoción, con varios intentos fallidos con la espada hasta dejar una estocada caída que resumió su actitud. En su segundo, algo más entero, Castella volvió a mostrar distancia. Saludó brevemente con el capote y dejó la responsabilidad del lucimiento a su subalterno Combucho, que clavó un buen par. Con la muleta, inició por la derecha con una tanda correcta que levantó la música, pero fue el propio Castella quien mandó callar. Por el izquierdo el toro se mostró más reservado y el francés apenas dejó algunos muletazos sueltos que no llegaron a trascender. Una actuación fría, sin implicación, que dejó al público con la sensación de que no quiso estar.

Muy distinta fue la actitud de Alfonso de Lima, que sí vino a mostrar su toreo. En su primero, un toro sin raza ni transmisión, fue su banderillero Alonso quien tuvo que resolver con solvencia en la lidia. Alfonso brindó al público, buscando conectar desde el inicio, pero el toro no permitió mucho más. Logró sacar algunos muletazos aislados y dejó una media estocada tras lidiar con las dificultades del astado. Pero todo cambió en su segundo, un gran toro que tuvo recorrido, clase y duración. Tras un breve saludo capotero, su banderillero Alonso destacó en banderillas con dos pares muy reunidos que fueron premiados con una ovación, donde se desmonteró. La faena de muleta fue larga, templada, con muletazos por ambos pitones que llegaron con fuerza a los tendidos. Especialmente destacada fue la labor por el derecho, donde consiguió tandas profundas y ligadas, sin prisas, toreando con reposo. Terminó con ajustadas manoletinas, cerrando una faena compacta que solo se vio ensombrecida por lo mucho que tardó en caer el toro. Esa demora le costó un aviso, pero no empañó el reconocimiento del público, que le obligó a dar una merecida vuelta al ruedo.

Juan Leal fue el otro gran nombre de la tarde. En su primero, un toro sin grandes virtudes, mostró poder y determinación. Lo metió en la muleta con firmeza, ganándole terreno y dominando por abajo. La faena fue seria, intensa, con momentos de temple y exposición. El francés dejó pasajes de gran importancia y firmeza, aunque tuvo que recurrir al descabello tras fallar con la espada en primera instancia. Aun así, su labor fue reconocida con aplausos sinceros. El sexto, que cerraba la tarde, fue devuelto por manso, y en su lugar saltó al ruedo un sobrero de Paco Gutiérrez, aún más deslucido. Pese a ello, Leal no dudó ni un instante: se quedó quieto, aguantó miradas y protestas, y consiguió extraer muletazos de mucho mérito. No hubo lucimiento fácil, pero sí actitud y verdad. Una estocada en todo lo alto rubricó su entrega y cerró con fuerza una actuación de torero dispuesto.

Cutervo vivió una tarde desigual. Castella, sin compromiso, pasó sin dejar recuerdo. Pero Juan Leal y Alfonso de Lima dignificaron la tarde con entrega, poder y buen toreo. Ambos se fueron con el respeto del público y el reconocimiento.

 

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