Albacete siempre

Pese a que agosto es el mes que lleva la fama, septiembre es quien carda la lana en la temporada taurina, siendo muchos más los festejos que se dan a lo largo de sus cuatro semanas que los celebrados en el mes que los romanos dedicaron a su emperador Octavio Augusto.

El fin de las tareas de recolección del cereal -una de las bases sobre la que se asienta buena parte de nuestra maltrecha economía- propicia que sean cientos los pueblos y ciudades que organizan fiestas y ferias. En las que, naturalmente, y pese a que la crisis se ha llevado por delante a muchas, los toros suelen ser el punto culminante de las mismas.

Y pese a tener donde elegir y ser amplio el muestrario, una puede que destaque sobre el resto de las que tienen efecto en este noveno mes del año, la de Albacete, el gran serial de este mes y que marca el inicio del último tramo de la campaña. Algo que, si cabe, le da un plus de interés y competencia a este ciclo ya de por sí interesante e importante.
Una feria que, en proporción a la cantidad de festejos que la componen y el número de habitantes de la ciudad, es la primera de nuestro calendario taurino. Una gran feria, sin duda, que este año ofrece unas combinaciones realmente atractivas y que le dan un carácter principal que la hace destacar sobre sus pares, lo que se demuestra otra vez con la gran afluencia de público que está registrando en su primera mitad, en claro contraste con el resto.

Cuenta la ciudad -conocida como el Nueva York de La Mancha, desde que hace unos años se acometiera su aggiornamentto urbanístico- con una de las mejores aficiones que se conocen. Entendida y exigente pero, al tiempo, muy generosa con el torero que se esfuerza y entrega. Su tradición taurina no es de ayer, precisamente, pues ya en el siglo XVI hay testimonios de fiestas de novillos y toros en la céntrica plaza del Altozano con motivo de la festividad de San Juan, aunque las raíces taurinas de esta tierra se pierden en la prehistoria.

Sin embargo, al repasar la historia taurina de esta ciudad, aparece otro hecho sorprendente, y es que a mediados del pasado siglo Albacete figuraba en aquellos años como la capital del toreo, arrojando un censo de un torero por cada 280 habitantes. Según datos del eminente psiquiatra e incansable historiador Fernando Claramunt, en la capital vivían por entonces hasta 246 lidiadores y 40 más en la provincia. Cifras magníficas que no desmienten la pasión que allí se siente por todo lo relacionado con el toro y sin en su interminable nómina torera hay que resaltar nombres como Pedrés, Montero, Chicuelo, Pepe Osuna, Cabañero, Dámaso González, Antonio Rojas, Manuel Amador (padre e hijo), Sebastián Cortés, Maribel Atiénzar, Rafael de la Viña, Manuel Caballero o los más recientes Rubén Pinar, Sergio Serrano o Miguel Tendero, entre otros muchísimos, no es desdeñable el hecho de que en sus tierras pazcan toros de Daniel Martínez, Daniel Ruiz, Samuel Flores, Fernando Moreno, El Pizarral, Sánchez Cajo...

Todo ello da como resultado un caldo de cultivo que propicia que en el ruedo de la Chata se lidie, y no se transija con rebajas, un toro por encima de la media de plazas de segunda -y muchas veces superando hasta a alguna de primera...- y que cada día se abarroten sus tendidos para presenciar lo que hacen las primeras figuras del toreo, puesto que tampoco es éste lugar en el que se admitan los experimentos ni las pruebas. Y para dar fe, ahí están los carteles de este abono que, en su actual edición, ofrece nombres ilustres, importantes y destacados en todas las líneas y que hacen de esta feria todo un acontecimiento.

 

Paco Delgado

 

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