Antonio el Sevillano canta a Curro Puya

martes, 14 de enero de 2014 00:00
martes, 14 de enero de 2014 00:00

La relación del cante flamenco, del mundo flamenco en general, con los toros es antigua y estrecha.

No son pocos los cantaores que, en su día, intentaron ser toreros. No son pocos los toreros que fueron o llegaron a ser cantaores.

Son también muchas las familias donde se alternan toreros y flamencos. Y también son numerosos los matrimonios formados por toreros y flamencas.

Uno de los aspectos más fecundos de la vinculación del toreo con el mundo del flamenco es la de aquellos cantes flamencos con temática taurina, con letras dedicadas a glosar a determinados toreros o a algunos aspectos de la fiesta de los toros.

Las más frecuentes son las dedicadas a recordar a los toreros muertos en la plaza pues, no en vano, la tragedia es consustancial a la fiesta y pone un contrapunto agrio a la habitual alegría que conlleva una tarde de toros.

Ese punto agridulce lo tiene el cante que dedicó Antonio El Sevillano a glosar la  memoria del genial trianero Francisco Vega de los Reyes "Gitanillo de Triana", el inmortal "Curro Puya", apodo que heredó de sus antepasados, cantaores fragüeros del flamenco más rancio (en el mejor sentido de la palabra) y esencial: el que se hacía en Triana, probablemente una de las cunas del cante jondo.

Antonio el Sevillano, considerado alcalareño pues, aunque nació en la Alameda de Hércules, vivió desde chico en Alcalá de Guadaira, fue, según lo calificaba Antonio Mairena, un "fandanguero egregio". Sobre sus fandangos, que todavía se cantan, decía el mismo:

"Yo hago tos los cantes y conozco tos los cantes. Aunque parece que lo que más ha quedao han sío mis fandangos. En mis fandangos, lo difícil está en el final. Hay que recortar, y decirlo tó en un momento. MI cante es recortao no se puede alargar"

"Recortao" también pero muy grande y puro, muy puro, era el toreo de capa y de manos bajas, muy bajas, de Gitanillo de Triana. Toreo ante el que hay que descubrirse.

Como se descubrió Gregorio Corrochano quien le espetó en una de sus crónicas, asombrado, esa frase que ha pasado a la historia:

"Curro ¿Es que se te para el corazón cuando toreas?"

Además de artista, Gitanillo dejó fama de valiente entre los de su generación, algo no demasiado habitual entre los toreros gitanos.

Muere por la cornada de un toro de Graciliano Pérez-Tabernero en Madrid ("Fandanguero" de nombre). Dijeron (sin que lo haya podido comprobar) que hubo que enarenar la calle porque el ruido de las ruedas de los carros en el empedrado lo tiraba al suelo de dolor. El caso es que su agonía duró dos meses y medio y fue lenta y cruel.

Dejó la herencia de su hermano menor, Rafael Gitanillo, quien muchas tardes, también la de Linares, abrió plaza con Manolete y que casó con una hija de Pastora Imperio. Toros y flamenco de nuevo juntos.

En recuerdo y memoria del genial Curro Puya, Antonio el Sevillano cantaba en 1962 por alegrías (valga la paradoja), con su peculiar y característico timbre de voz (que a mí, personalmente, me encanta), esta sentida letra:

Al pisar el gran torero

la plaza del Baratillo

parece que hasta el albero

gritaba: ¡Olé, Gitanillo!

parece que hasta el albero

gritaba ¡Olé Gitanillo!

Ya hizo el toro la embestía

ya Curro abrió su capote

ya hizo el toro la embestía

ya miles de espectadores

aclaman su valentía

ya miles de espectadores

aclaman su valentía

Qué pundonor...

qué empaque de caballero

qué hombría y que pundonor

de ese corte de torero

qué ya no nace otro mejor

de ese corte de torero

ya no nace otro mejor

Tenía Triana un torero

Curro Puya se llamaba

tenía Triana un torero

Curro Puya se llamaba

el que asombró al mundo entero

con su toreo de capa

y el que asombró al mundo entero

con su toreo de capa

Siempre lo recordaré

siempre lo recordaré

como nunca olvío

el arte gitano

de su hermano... Rafael

http://larazonincorporea.blogspot.com.es/2011/01/cante-flamenco-taurino-iii.html

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