OPINIÓN.- PACO DELGADO

✍️Máxim y el toro

'La vida pública y la cosa política siguen sorprendiendo y dando que  hablar. Habría que desear que fuese para bien pero, como dicen los  ingleses, cautos y avisados, wait and see, hay que esperar y ver'

La vida pública y la cosa política siguen sorprendiendo y dando que  hablar. Habría que desear que fuese para bien pero, como dicen los  ingleses, cautos y avisados, wait and see, hay que esperar y ver.

El último revuelo se armó con el nombramiento del nuevo gobierno, en  general y conjunto muy bien visto por todos y con grandes  posibilidades de hacerlo bien, dado el currículum y categoría  profesional de la mayoría de los elegidos. Y, desde luego, lo que más  llamó la atención fue la designación de Máxim Huerta como titular de  Cultura y Deporte, Ministerio que ya de por sí parece que viene muy  justo para acoger bajo un mismo techo dos materias de tan amplio  espectro y no poca dedicación.

También la gente del toro, profesionales y aficionados, se asustaron  al pronto, con la entrega de esa cartera al periodista y escritor  valenciano, de Utiel en concreto, tierra taurina y castellanoparlante, y de familia oriunda de Minglanilla, Cuenca. Y no por nada, sino porque enseguida salieron a la luz escritos y  mensajes que había ido dejando en las redes sociales y en las que cabía una muy razonable duda en cuanto a su gusto por la tauromaquia. Como también dejaba claro que el deporte no era lo suyo, si bien  enseguida se fue a saludar a la selección y dirigentes futboleros y  acudió a París para, tocado de un sombrerito sorollesco -se nota que  tira la tierra ¡bien!-, animar a Nadal en la consecución de un nuevo  gran éxito para España.

Victorino Martín, con la mosca tras la oreja, y rápido y ojo avizor  como siempre, le mandó una carta en la que, como presidente de la  Fundación del Toro de Lidia, quería transmitir su bienvenida como  entidad al nuevo ministro de Cultura, recordándole que la  tauromaquia  es una manifestación incluida en la protección que la  Constitución otorga al hecho cultural, como recordaba recientemente  el Tribunal Constitucional, poniéndose a su disposición para iniciarle en el conocimiento de la materia y asegurando su  convencimiento de que, conocido su espíritu abierto, cambiará de  opinión con argumentos mejores, apoyado, por si fuera poco, en compañeros suyos de gabinete como los ministros de Vicepresidencia o  Fomento, Carmen Calvo y José Luis Ábalos -su padre hasta intentó en  serio la aventura del toro-, grandes conocedores de esta expresión de nuestra cultura.

Sea como fuere, lo bien cierto es que no tardó mucho en reconocer que  si bien no era, efectivamente, aficionado a los toros, “mis gustos no  tienen por qué coincidir con todas las sensibilidades”, sí que es  "ministro de todas las culturas" y dejó apuntado que "el conflicto taurino está enconado” y que le gustaría "abrir un diálogo con  sensibilidad". Añadiendo que ni El Juli ni Rivera Ordóñez, que habían  manifestado públicamente sus temores por su nombramiento, tenían de  qué preocuparse. Bueno, para empezar no está mal. Hay que darle  tiempo y esperar, qué menos, esos cien días que se conceden a los  nuevos mandamases para empezar a juzgar su trabajo.

Pero, como persona culta y leída, habría que recordarle que Unamuno,  uno de los más grades sabios que ha dado este país y sin ser  especialmente admirador del espectáculo taurino -más bien lo  contrario...-, dejó dicho que le parecía un disparate prohibir las  corridas de toros, pues eran el compendio de las bellas artes y de   todas ellas, la que mejor prepara al alma humana para la  contemplación de las grandes verdades.

Como verdad es que el toro sigue siendo nuestro símbolo, como bien  saben hasta en Rusia, donde hace poco, en un partido jugado por  nuestros mejores futbolistas, decoraron en su honor el campo de  juego, recortando en el césped una gigantesca reproducción del toro  que diseño Manolo Prieto y que desde hace sesenta años vigila, atento  desde su otero, nuestras.

Esto se escribió, y mandó a redacción, el día 12 de junio; pero ayer, tras irse a porta gayola, no pudo evitar el fiero envite de un escándalo que le hizo tomar el olivo. Más breve que Frasquito. Qué pena damos....

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