JAVIER CASTAÑO

"El torero tiró del hombre"

viernes, 5 de febrero de 2021 · 18:51

Javier Castaño cumple en este recién estrenado 2021 veinte años de su alternativa. Con este motivo, ha emprendido una campaña en la redes sociales, en las que promocionará diversos eventos de cara a difundir la fiesta de los toros. Primero, un concurso de fotografía en el que el ganador recibirá un capote con el nombre de Javier.

Es una fecha especial. Una cifra redonda.

Quería hacer algo especial dentro y fuera de los ruedos con este motivo. Y aprovechar las redes sociales para organizar algunos concursos. Este primero es uno de fotografía cuyo premio es un capote con mi nombre. Creo que será un buen regalo de reyes. Y servirá para promocionar el toreo, que tanta falta hace.

Aunque usted nació en León, es considerado como un torero salmantino.

Yo viví en Cistierna, en León, y pasé allí mis primeros años de chico y fui a la escuela. Porque mis padres trabajaban ahí. Aunque mi padre es de Topas y mi madre de Espeja. Luego, cuando ya decidí ser torero, me fui a Topas con mi abuelo. Estoy orgulloso de mi infancia, de mi gente de León, pero me considero salmantino al cien por cien. Como torero tuve unos comienzos complicados. En mi caso, no tenía ningunos conocimientos de lo que era aquello. No había ido ni siquiera a un tentadero.

Toda una aventura.

Sí, porque dejaba atrás todo, la familia, los amigos, mi ambiente y no pensaba regresar hasta conseguir cumplir mi sueño. Era mi decisión. Significó un sacrificio muy grande, pero las cosas fueron saliendo y conseguí hacerme un hueco en la profesión. Yo me formé en la escuela taurina de Salamanca. El maestro Juan José fue una de las influencias más importantes en mi carrera. También Flores Blázquez, quien me aportó muchísimo. Fue un gran torero, y un gran maestro, quien me inculcó conceptos como la seriedad, la profesionalidad, el reconocimiento y el respeto a esta maravillosa profesión.

Su vocación por el toreo surgió en su casa.

Yo en realidad empecé en el toro para cumplir el sueño que tuvo mi padre. El quiso ser torero, pero por las circunstancias familiares, se tuvo que poner a trabajar muy pronto. Mi padre me decía que era la profesión más bonita que había, y que lo tenía que intentar. Era su sueño, que luego me lo transmitió. Y en seguida la profesión me embaucó y se convirtió en una pasión.

Tras triunfar en Madrid como novillero, tomó la alternativa en San Sebastián.

Iba a tomarla en Salamanca. Pero en la feria de 2000, pero una lesión que tuve la feria de julio de Valencia me impidió tomarla allí. Por eso me anunciaron en San Sebastián en el mes de abril de 2001. Fui el primer novillero que la tomaba en esa plaza. Con las cámaras de televisión en directo. Y un cartel de lujo, con Enrique Ponce y El Juli. Vino mucha gente de Salamanca a verme. Era un objetivo cumplido, aunque la tarde no fue triunfal, porque me hirió el mismo toro del doctorado. Entrador, de Santiago Domecq. Pero bueno. Así es la profesión. Fue una tarde de muchos nervios. Enrique Ponce me dijo que había mucha gente que confiaba en mí. Que había tenido una trayectoria como novillero ejemplar. Que empezaba una carrera ilusionante que tenía por delante y que me deseaba todo el éxitos del mundo.

El mes siguiente la confirmó en Madrid en pleno San Isidro y con otro cartel de lujo.

Con Ortega Cano y Finito de Córdoba y con el toro Turronero de Mari Carmen Camacho. Fue una tarde dura, porque yo de novillero había triunfado ya en Las Ventas. Era un cartel bueno, pero ese día el ambiente estuvo muy a contra estilo, y todo resultó muy complicado. El público estuvo muy exigente conmigo. Fue otro sueño cumplido, pero la tarde fue tremenda. Muy dura.

Siempre le ha gustado a lucir los toros, ha sido muy generoso.

Pues sí. Me ha gustado potenciar las virtudes de los toros que han tenido posibilidades. Al menos siempre lo he intentado. Al principio de mi carrera, por la necesidad de triunfar y por no estar tan hecho, atropellaba un poco la razón y acortaba las distancias con los toros. Pero con el tiempo fui madurando y he sabido leer mejor los toros. Darles su ritmo, su distancia. Colocarme bien. Y así ellos podían lucir más y yo lo intentaba.

Y también ha sido generoso con su cuadrilla.

Siempre les ha dejado lucir, no les ha tenido celos. La cuadrilla es como una familia. Es un grupo. Nunca me ha importado que se dejasen ver y he sido siempre generoso con ellos. Me ha gustado potenciar los tres tercios de la lidia. Que ellos se sintieran toreros y triunfasen. Y el aficionado también pudiera disfrutar de los tercios en su mayor dimensión. Desde que sale el toro por los chiqueros hasta que se lo llevan las mulillas por la puesta de arrastre, hay que potenciarlo todo. Y vivir le espectáculo en su máxima dimensión.

La tarde de mayo de 2013 en Madrid, en aquella corrida de Cuadri, fue importante. Aquella vuelta al ruedo que dio su cuadrilla tras lidiar al toro Pilarico.

Hubo tardes más importantes, pero aquella fue muy recordada. Tito Sandoval, Marco Galán, David Adalid, Fernando Sánchez. Fue una tarde de espontaneidad, de pasión de la gente. Ellos tuvieron días mejores, pero ese día se dio que la gente vibro, y cuando acabaron su actuación, al público le pareció poco la ovación y los saludos desde el tercio. Pidieron la vuelta al ruedo de la cuadrilla. Y yo estoy encantado de que le diesen.

Cambiando de tercio, diecinueve días después de que le dieran el alta de un cáncer toreó en Sevilla.

Y me anuncié con una corrida de Miura. Yo en mi carrera habré toreado unas 400 corridas, y he tenido muchas tardes importantes. Pero la de Sevilla es la mejor, la más significativa y en la que viví más sensaciones. Aquel año celebraba los 15 años de mi alternativa. Y a primeros de año me dio un dolor y me detectaron un cáncer de testículos. Lo llevé en silencio, y no se enteró casi ni el entorno más cercano. Estuve tres meses con tratamiento de quimio. Y un día me llamó mi apoderado y me dijo que me querían contratar en Sevilla para matar la corrida de Miura. Que qué hacíamos. Yo le dije que fuese para adelante, porque eso me daría alas para salir de la enfermedad. La oncóloga me dijo que estaba loco, que el tratamiento era muy duro, que era muy pronto para intentar torear. Y me preguntó si era tan importantes para mi torear esa corrida. Y yo le dije que para mí lo era y mucho. Y me dio alas para que me recupera. Fue una locura, porque sales muy tocado por la enfermedad. Ya anunciarse en Sevilla, frente a una corrida de miura, era un reto.

En este caso el torero tiró del hombre.

Así es. Una enfermedad de este tipo te puede llegar a derrotar y venirte abajo. Yo tuve la enfermedad, la superé y luego la gente me ha llamado y les he dicho que tuvieran un objetivo algo por lo que luchar y que eso les ayudaría para servir adelante como a mí me sirvió ser torero.

La temporada de 2021 es una incógnita.

No sabemos lo que puede pasar. La esperanza es que la pandemia nos deje torear y poder volver a las plazas. Que todo se normalice. Yo en los últimos años había toreado menos, pero siempre había estado presente en plazas importantes como Madrid, Pamplona y ferias de Francia. Eso sí, con corridas duras Con ellas no es fácil mantener la regularidad en el triunfo. Con este tipo de toros, a veces llegar al hotel por tu propio pie ya es un triunfo. Luego, eso sí, hay algunos encierros que embisten bien. Lo ideal sería compaginar corridas de toros complicadas con otras buenas. Para demostrar que puedes a los toros y eres un profesional capaz, y asimismo para demostrar que uno sabe torear a gusto y con sentimiento.

Ahora han cambiado mucho las cosas.

Así es. Hace unas décadas, maestros como El Viti y Antonio Ordóñez se llegaban a anunciar en Madrid con toros de Miura o de Pablo Romero. Antes abrían más el abanico de figuras ante las corridas. Ahora está todo más cerrado. Y es muy difícil meter la cabeza en las corridas buenas.

Javier Lorenzo publicó en 2016 el libro titulado “Alma de acero” dedicado a su vida y a su experiencia con la enfermedad.

Me lo propuso a raíz de la corrida de Sevilla. Yo al principio no quería. Pero luego me comentó que él había hablado muchas veces con El Viti, a quien ya había escrito un libro. Javier iba escribir un artículo para conmemorar el 50 aniversario de la célebre faena al toro de Samuel en la Maestranza. Y el maestro le animó a escribir un libro dedicado a mí, que decía que yo había hecho una gesta. Alababa mi espíritu de superación y que no me hubiese aprovechado del tema. Que aquello era algo que no había hecho nadie hasta el momento. Un lujo que el maestro dijese eso.

En su casa estarán deseando que descanse.

A ver, mi mujer me frenaba, y me decía que no hiciese esfuerzos y que no debía volver tan pronto. Que descansase y me cuidase. Pero el toro es mi vida. No solo en la plaza, si también los entrenamientos, la rutina, el vivir en torero, por y para el toro. Las familias sufren, se pasa miedo y mucha angustia e incertidumbre. Pero no se le puede quitar a uno de la cabeza esta pasión y hay que entenderlo.

Texto: Enrique Amat (Avance Taurino)

 

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