CRISTINA SÁNCHEZ

“Al principio dudaba que hubiera un hueco para mí”

lunes, 24 de enero de 2022 · 07:50

Se han cumplido 25 años de la confirmación de alternativa de Cristina Sánchez en la plaza de toros de México. Una pionera, ya que fue la primera en recibir el doctorado en el llamado “Embudo de Insurgentes".

Fue una tarde muy bonita y que dejó huella en mí. Torear en una plaza importante, acompañada de dos figuras del toreo. Aquellos eran además unos momentos decisivos en mi carrera, cuando tenia que entrar en competencia con mis compañeros del escalafón. Recuerdo con cariño y con la distancia la importancia que tuvo aquello. Son metas que vas alcanzando y que estás deseando que lleguen para triunfar y que te tengan en cuenta.

No faltaría el miedo escénico.

Hombre, torear en esa plaza, con dos figuras de aquel país era un reto y a su vez un estímulo. Y un compromiso grande, para el que tenía que estar preparada física y mentalmente. Uno afronta la presión en esos escenarios y con esos compañeros. Yo lo cierto es que ya había llenado esta plaza de novillera y ya no me pillaba de nuevas. La primera vez que toreé allí la plaza se llenó, después de mucho tiempo sin hacerlo. Tengo fotos guardadas que así lo acreditan.

Aquello significaba una meta después de que usted le dijera a sus padres que quería ser torero.

Mis padres en principio se opusieron a que comenzara a torear, pero logré convencerles y en 1989 me apunté a la Escuela Taurina de Madrid, Para mí era un sueño y llegué con muchas ilusiones. Tenía la duda de si iba a ser capaz, si en esta sociedad habría un hueco para mí. Era un sueño y a la vez un camino lleno de dificultades el poder ejercer esta profesión. Pero yo fui piano piano. Porque aquí hay que ir paso a paso e ir demostrándolo día día. Al principio todo lo veía muy lejano, pero eso te estimula a seguir persiguiendo tus sueños, aunque algunos no se fiasen de mí.

Su padre, también profesional del toreo, le habló claro desde el primer momento.

Mi padre era banderillero, y me decía eso de que ser torero es un milagro, y ser torera todavía más. Él conocía la dureza de la profesión y las dificultades que entrañaba. Me lo puso muy claro y me dejó patente que era no era un camino fácil. Que era una profesión complicada y que se requerían muchas cosas para salir adelante. La primera, querer y una gran dedicación. No sabía si sería posible, pero al menos me agarré a mi ilusión para poder llegar a la meta. Era mi sueño, le quise dedicar mi vida y lo conseguí. Da igual los hitos que consiguiera y si el tiempo que estuve fue más o menos largo, pero a mí me sirvió para sentirme plena como persona, porque había dedicado mi vida a lo que más quería.

Gregorio Sánchez fue su maestro en la escuela. Una escuela dura y con mucha competencia.

Gregorio había sido figura del toreo, se había criado en la dureza de la profesión y por tanto conocía las dificultades y por eso era muy duro y exigente. Nos decía que hay que seguir siempre porfiando y esforzándose, sin creerse nada. Hay que ser realistas, te lo decía para que fueras consciente de ello  y lo superases.

Y compartió aulas con una pléyade de toreros que luego fueron importantes.

Así es, yo me llevaba bien con todos. Pero estaban allí Rafael González, que fue matador de toros y luego un gran subalterno. Y Miguel Martín, David Pirri, o El Macareno. Con ellos iba a entrenar y al campo, tenía mucha relación. También el Juli, por entonces muy pequeño, ya venía por allí. Yo con todos me llevaba bien.

Aunque no faltaría la competencia.

“Era una competencia sana, entre toreros que querían llegar a ser. Porque a mí siempre me han tratado como una profesional. No por ser mujer me daban un trato diferente. Yo era una más para lo bueno y para lo malo. Una profesional de esto y ese trato lo agradecí siempre.

Debutó con caballos en Valdemorillo el 13 de febrero de 1993 y el 8 de julio de 1995 hizo su presentación en Madrid.

Conseguí cortar dos orejas a una novillada de Carmen Lorenzo y me convertí en la primera mujer en salir por la Puerta Grande. Fue otro de los retos bonitos que cumplí. Aquello cambió mi vida. Porque la escuela era otra cosa. Cuando debuté con caballos, aquello supuso un volver a empezar de nuevo con todo. Y torear en muchos sitios y de muchas maneras. Me costó mucho trabajo que me anunciasen en Madrid, casi dos años y medio, pero al final Gregorio  Sánchez y mi padre lo consiguieron. Aquello fue un triunfo espectacular, fue cumplir un sueño. Y eso me abrió las puertas de otras plazas como Madrid y Sevilla.

Tanto es así, que apenas diez meses después llegó a la alternativa.

La tomé en Nimes el 25 de mayo de 1996, siendo el padrino Curro Romero y el testigo José María Manzanares. El toro de la ceremonia fue “Pocabarba” de Alcurrucén. Otra tarde importante. Romero me dedicó unas palabras muy bonitas. Era una cosa grande el maestro Curro, tan sensible y tan delicado. Yo llegaba con fuerza a la alternativa y era otro sueño cumplido. No tomaba la alternativa por tomarla, sino con fuerza. Es un bonito recuerdo, viví una sensación maravillosa.  “Has llegado hasta aquí, el toreo es acariciar y las mujeres lo sabéis hacer con mucha dulzura y seguro que vas a llegar muy lejos”, eso me dijo el maestro Romero.

El Faraón y Manzanares ni más ni menos.

El cartel era maravilloso, pero tremendo por la responsabilidad. Yo estaba angustiada, por el reto que suponía, por los medios de comunicación que se citaron allí en Nimes, por la presencia de las cámaras de la televisión, por la repercusión que tenía todo aquello. Me pesaba mucho y sentí vértigo. Luego todo fue muy bonito y transcurrió con normalidad a pesar de la inseguridad que sentía y el compromiso. Pero yo iba preparada y con todo el empeño.

Y luego confirmó con otro cartel de artistas el 12 de mayo de 1998, con Curro Vázquez y Luguillano con “Gironero” de Lourdes Martín de Pérez Tabernero.

Para mí fue otro sueño, porque Curro Vázquez fue y será siempre el Torero. así en mayúsculas,  en el que siempre me he fijado. Al igual que Julio Robles. Su manera de sentir el toreo, tanto dentro como fuera de la plaza me cautivaron Por su toreo, su personalidad, sus formas. Y torear en San Isidro junto a él y luego con otro artista como Luguillano pues también era una satisfacción.

Durante su carrera, durante cuatro temporadas, toreó  con mucha frecuencia.

La primera temporada toreé 60 corridas en España y 15 en América. 70 en la segunda. En muchas ferias de Francia, Portugal, América y España. Estuve presente en buenos carteles y con buenos compañeros. Pero cuando las cosas empezaron a torcerse con la espada, y la ilusión empezó a fallar, me lo pensé. Yo alterné con todos, menos con dos que no quisieron torear conmigo. Allá ellos. Yo hubiera seguido matando toros 4 o 5 temporadas más, pero las cosas se torcieron y yo no lo vi claro.

La espada fue la culpable.

Digamos que impidió muchos triunfos, cortar muchas orejas y me cerró varias puertas grandes. No era un problema físico, porque si no no hubiera matado ningún toro. Maté muchos y bien. Lo que pasa es que no lo veía claro. Todas las volteretas y cornadas que sufrí siempre fueron entrando a matar. Y me desilusionaba mucho no matar los toros. Con las figuras, si no triunfas, te apartan y te dejan de lado. No es culpa de nadie , más que de una misma. Tu gran aliado es el toro. Si vales, vas a salir a flote.

Se retiró el 12 de octubre de 1999 con otro gran cartel.

Sí, con Fernando Cepeda y Javier Conde. Ha sido el signo de mi carrera. Todas las efemérides han estado rodeada de buenos toreros. Eso quiere decir que estado en carteles importantes.

Se acabó la torera, pero nació una gran profesional para otras muchas facetas.

Yo quise estar vinculada desde siempre al mundo del toro y así llevo desde los 14 años en los ruedos. Y luego lo sigo estando de otra manera. Porque se siente un vacío muy grande cuando uno deja de torear, y hay que tratar de llenarlo.  Por una parte, dando conferencias para capacitación y superación y en este sentido de divulgar el toreo, poniendo en valor la formación  y la felicidad que me ha dado. Luego he sido comentarista de televisión, diseñadora de moda, conferenciante  y ahora apodero a Antonio Ferrera y a Raquel Sánchez. El toreo es mi vida. Lo más bonito de todo es el respeto y el cariño del mundo del toro.

La fiesta como escuela de valores.

Tiene muchas cosas buenas. Es una escuela de vida y de valores, como el respeto, la educación, la capacidad de sacrificio, la solidaridad, la generosidad y libertad. Virtudes que son intrínsecas al toreo como actividad y como escuela de vida. Por eso es una pena que proliferen los falsos testimonios que se levantan ahora, y que hacen de las mentiras verdades en contra de la fiesta. Por eso tenemos que dar testimonio y difundir la grandeza de la tauromaquia.

Cómo era su labor de comentarista.

Pues yo trataba de dar mi punto de vista, después de haber sido cocinero antes que fraile. Yo comentaba lo que iba pasando en el ruedo. Haber estado delante te hacer ponerte la piel del que está toreando, saber las circunstancias, entender que si uno no está bien no es por falta de ganas. Hay que contar lo que pasa y al tiempo tratar de difundir y fomentar la tauromaquia. Trasladar su grandeza para que la aficionado y el no aficionado se enganchen a esta maravillosa fiesta. Es bonita y tiene muchos valores.

Apoderar a un torero de la experiencia y la trascendencia de Antonio Ferrera debe ser todo un reto.

Está puesto en México, en Valencia, en Valdemorillo, en Olivenza. Llega a ser estresante y da un cierto vértigo apoderar  a un torero importante y de tanta proyección. Pero siempre será más estresante la sensación de ponerse delante de un toro. Esto del apoderamiento es una responsabilidad, porque hay que ir al campo, hablar con las empresas del ganado, del cartel, del dinero. Antonio me ha dado la oportunidad y yo voy a luchar y a poner todo de mi parte para hacerle las cosas bien.

Un vestido lila y oro tiene historia.

Lo estrené el 25 de julio de 1993 en Toledo donde maté seis novillos. Es Justo Algaba y sus adornos son pensamientos. Y ese vestido se lo regalé a la torera que apodero, y con él cortó  tres orejas en su presentación en la plaza de Arles.

Cambiando de tercio, su reaparición por un día en Cuenca cerró un círculo.

Fue un festejo que me hizo mucha ilusión. Primero porque mis hijos me vieran torear. Volver a torear fue la forma de llevar a la práctica lo que trato de inculcar a mis hijos. Fue el día más bonito de mi vida. La necesidad que tenía en ese momento era volver a sentirme torero, que me vieran mis hijos en la plaza. Fue un broche perfecto a mi carrera, la parte del círculo que me faltaba por cerrar. Una experiencia bonita, el vestirse de torera y volver a sentirme torera. Y además se trataba un festejo benéfico para los niños con cáncer que trata el doctor Madero. Era un reto personal. Insisto, fue el día más feliz de mi vida. Y encima toreando con Enrique Ponce y el Juli. Aquel 20 de agosto de 2016 fue inolvidable.

Y apenas mes y medio después de la muerte de Víctor Barrio en Teruel, que además usted retransmitió.

Aquello fue lo más duro que me ha pasado nunca. Jamás había experimentado esta sensación de ver morir a un torero en la plaza. Eso fue muy duro para la gente de mi alrededor, que no entendían que yo quisiera volver a ponerme delante de un toro en esas circunstancias. Pero esto es así de duro desde el primer momento, sabes y aceptas que se puede perder la vida en el ruedo. Pero los toreros lo asumimos desde que empezamos.

Además de todas las cosas a las que se dedica, es usted madre.

Hay que sacar tiempo de donde sea. A veces es difícil, con los viajes, los retos, los compromisos y no es sencillo sacar tiempo. Hay muchos momentos que te ves desbordada, pero hay que tratar que los momentos en que estemos juntos sean buenos. Es importante tratar de conciliar con esos momentos de vorágine. Como lo de llegar tarde al colegio y no poder prestar atención a tus hijos. Yo hago todo lo que puedo y lo mejor que sé.

No se sabe si habrá un nuevo torero en la familia.

No creo. Son aficionados, pero no hasta llegar a torear. El mayor ya se ha puesto delante y ha pegado sus pases. Y el pequeño es el que me acompaña a las plazas. Pero ellos tienen la vida dirigida por otros caminos. El mayor estudiar criminología y el otro está en la escuela de Matacán de pilotos.

 

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