REPORTAJE

Aquilino Fraile: la bravura como forma de entender al toro

Una ganadería sevillana fiel a una idea de bravura exigente y auténtica, que hoy vive uno de sus momentos más ilusionantes tras años de trabajo silencioso y selección.
sábado, 3 de enero de 2026 · 11:08

En la finca sevillana de la Hacienda Nuestra Señora de la Esperanza, en Villanueva del Río y Minas, se forja desde hace más de dos décadas un proyecto ganadero marcado por la constancia, la selección y una idea muy clara del toro bravo. Allí, en un entorno de 205 hectáreas, conviven la ganadería brava y los caballos de Pura Raza Española (PRE) de Aquilino Fraile, un criador que ha sabido resistir los envites del tiempo y de las crisis sin renunciar a su concepto.

La ganadería brava de Aquilino Fraile comienza a tomar forma en el año 2000, cuando su propietario adquiere dos medias camadas procedentes de Álvaro Domecq. En los años 2001 y 2002 se suman otras dos medias camadas, y en 2001 incorpora además una camada de erales sin tentar de Daniel Ruiz, correspondiente al año 2002. Esa decisión marcaría el rumbo definitivo de la vacada, ya que con el paso del tiempo y tras la llegada de la crisis, la ganadería se ve obligada a reducirse hasta quedar en torno a medio centenar de vacas. Para entonces, casi el 98% del hierro procedía ya de Daniel Ruiz, lo que llevó a Aquilino Fraile a apostar de manera firme por la vía Jandilla, línea que se mantiene y se cuida hasta la actualidad.

El objetivo fundamental de la casa no difiere del sueño de cualquier ganadero: criar un toro que, al salir al ruedo, dé presencia, humille, se desplace con fijeza y reúna nobleza y calidad. Un animal que permita el lucimiento y que, en definitiva, sea digno de que lo mate una figura del toreo. Ese ideal ha guiado la selección durante años, incluso en los momentos más difíciles, cuando hubo que sacrificar cantidad para preservar el fondo genético y el concepto.

Hoy, la ganadería atraviesa uno de sus mejores momentos. Lejos de crecer sin criterio tras la reducción sufrida, se ha optado por mantener únicamente los animales que cumplen con las expectativas marcadas. Los resultados están siendo alentadores, especialmente en las actuales lidias sin caballos, donde el comportamiento de los novillos ha dejado sensaciones muy positivas y ha reforzado la confianza en el camino elegido.

Domingo Valderrama, matador de toros y representante de la vacada, aporta una visión reflexiva sobre la evolución del concepto de bravura. A su juicio, el toreo ha cambiado con los años y, con él, también el toro. Los animales de antaño, recuerda, tenían mucha movilidad, pero en muchos casos más genio que bravura, dos conceptos que a menudo se confunden. El genio, explica, termina derivando en mansedumbre, porque el toro se viene abajo con facilidad. La bravura, en cambio, es todo lo contrario: es un deseo constante de embestir, de mantener el arreo hasta el último momento, de morir embistiendo.

Ese es el tipo de toro que gusta en la casa: un animal bravo al que hay que poder, que exige al torero y al que primero hay que dominar para que, una vez sometido, saque a relucir su nobleza y su calidad. No hay sitio para el toro bobalicón. Para Aquilino Fraile y su equipo, un toro puede ser bravo sin tener clase, porque la bravura verdadera es la que aprieta, la que transmite, la que mantiene la viveza y el movimiento. Es el toro que no se entrega de primeras, el que no rehúye la pelea, el que siempre está dispuesto.

En ese sentido, Valderrama defiende que cualquier torero puede adaptarse al toro de esta ganadería, especialmente en la actualidad. Cuando un diestro se encuentra con un animal de estas características, puede desarrollar en la plaza todo lo que lleva en la cabeza, siempre que tenga los argumentos para hacerlo. La bravura, bien entendida, no es un obstáculo, sino una oportunidad.

La historia del hierro, identificado con las siglas UFZ y con divisa encarnada y azul, hunde sus raíces en el pasado. La finca fue formada inicialmente por los señores Sánchez Rico con reses de Contreras y pasó en 1930 a manos de Antonio Pérez de Herrasti, Conde de Antillón. Posteriormente, en 1939, fue adquirida por Javier Moreno de la Cova, quien rehízo la ganadería con reses de origen Saltillo, conservando hierro y divisa. No sería hasta 2002 cuando Aquilino Fraile se hiciera con la explotación, cambiando hierro y divisa y dando inicio a la etapa actual, primero con vacas de Torrestrella y después reforzando decisivamente con sangre de Daniel Ruiz Yagüe. Aunque el hierro carece de antigüedad oficial, su proyecto está respaldado por una línea genética definida y un criterio firme.

Tras años lidiando a puerta cerrada, 2024 se presentó como un punto de inflexión. Aquilino Fraile y Domingo Valderrama decidieron dar un paso al frente y anunciar varias novilladas sin picadores, ilusionados por el buen juego mostrado por los animales en la plaza de tientas. Un paso valiente, coherente con una filosofía basada en la bravura auténtica y en la paciencia, que confirma que este proyecto sevillano no solo mira al pasado con respeto, sino también al futuro con convicción.