Gerardo Rojo: “Defender al aficionado es la única razón de mi trabajo”
Veterano en los corrales y firme en los reconocimientos, Gerardo Rojo reivindica la función de los equipos veterinarios como garantes de la integridad de la Fiesta. En una conversación clara y sin rodeos, analiza la evolución reciente de la plaza de toros de Valencia, la recuperación del trapío, las tensiones con ganaderos y empresarios, y la necesidad de una exigencia común para devolver a la plaza su categoría histórica.
Desde que le conozco, tengo la impresión de que tiene muy claro cuál es su función y las incomodidades que conlleva.
Cuando llegué a la plaza de toros de Valencia en el año 1987, el Director General me hizo especial hincapié en que yo estaba para defender a los usuarios, a quienes pasan por taquilla. Esa fue la norma que me dio, y mientras no me la retiren, seguiré en esa línea.
¿Defender?
Sí, y creo que eso debe quedar muy claro. Los equipos presidenciales, junto con los veterinarios, están para defender al aficionado. No tienen ningún afán de protagonismo, en absoluto. Asomarse al corral, ver los toros y no ponerles un pero, comprobar que están cuajados, con los pitones y el peso adecuados a su encaste, produce un placer inmenso.
Eso implica mantener la categoría del coso.
Evidentemente, y debemos hacerlo entre todos, autoridades, veterinarios, aficionados, ganaderos… El objetivo es devolver a la plaza de toros de Valencia lo que fue antaño: un lugar decisorio al inicio de la campaña, donde quien triunfaba aquí marcaba el año. Ahora el panorama ha cambiado, porque muchos contratos del resto de la temporada ya están cerrados, pero debe seguir siendo un recinto que genere expectación, donde vengan toreros emergentes y consagrados, combinándolos, y que sus éxitos tengan valor. Hay que devolverle la categoría que nunca debió perder.
A veces se les critica como asesores cuando no se concede una oreja.
Creo que es justo lo contrario. Defender al aficionado implica estar del lado de la integridad y la exigencia. Además, no hay que olvidar que la Fiesta se llama “toros”, que el protagonista principal es el toro. Hay que cuidarlo. El torero es quien lo hace lucir, pero necesita un animal con las condiciones adecuadas. Debemos encontrar un astado con seriedad y emoción, no uno que se tambalee y no permita el lucimiento. No se trata de traer el animal de Madrid, que aquí no es necesario, sino simplemente uno con trapío, cuajo y pitones.
En la pasada feria de Fallas vimos toros de poco más de 500 kilos aplaudidos de salida.
Exacto, porque el trapío satisface mucho al tendido. Cuando la presentación es adecuada, el público responde.
Ustedes tienen dos trabajos: uno el palco y otro menos visible en los corrales. Este último parece más complicado.
Es mucho más ingrato. En los corrales nunca quedas bien. El ganadero puede sentir agravio comparativo y tiene derecho a enfadarse si cree que no se le trata con justicia. Muchos conflictos vienen de ahí. Por eso es importante marcar un nivel claro para que el ganadero sepa qué se exige. No se trata de traer animales que den miedo, pero sí toros dignos de una plaza de primera como Valencia.
Da la sensación de que durante años se rebajó ese nivel.
Sí, pero creo que esta temporada se ha cambiado la tendencia. Se ha visto una aproximación a lo que el público busca: emoción, que llega con toros mejor presentados. Ese es el camino. No es un capricho veterinario, en absoluto. A mí me emociona ver que mi plaza mejora.
¿En el palco es más sencillo el trabajo?
Relativamente. Si el presidente pregunta, los asesores respondemos. Yo voy comentando lo que veo, sobre todo el estado de los animales, pero no tomo decisiones por iniciativa propia. Mi función es asesorar cuando se me requiere.
¿Y la coordinación con los presidentes?
Es total. Los veterinarios valoramos los toros por separado y después elaboramos un criterio común que contrastamos con el presidente. Suele haber coincidencia. Los presidentes están preparados, saben dónde están y lo que pueden permitir. Después se redacta el acta y el presidente negocia con la empresa.
Ha hablado de conflictos en los corrales.
Existen presiones, claro. Del ganadero, que quiere lidiar sus toros; del empresario, que busca equilibrio económico y espectáculo; del aficionado, que quiere emoción. Todos tienen intereses distintos. La clave es coordinarlos y, sobre todo, cuidar al que pasa por taquilla, que es quien sostiene la fiesta.
Este año, además de mejorar la presentación, se han visto corridas más parejas.
Sí, y eso era casi una utopía. Incluso con diferencias de peso, los lotes han tenido uniformidad en trapío. Eso es muy importante.
Aunque también ha habido problemas con algunas ganaderías.
Hubo momentos tensos en corrales especialmente con Jandilla. El ganadero estaba molesto, pero tras explicarle los motivos, que venían por la desigualdad en la presentación, la situación se calmó.
Sin embargo, ha habido críticas posteriores por su parte.
Es normal. Un ganadero con prestigio debe justificarse si no lidia su corrida completa, como acabó ocurriendo. Lo entiendo. Pero aquí no estamos para enfrentarnos, sino para ayudarnos y hacer brillar al toro, que debe tener entidad propia.
Después de la recién finalizada feria de Fallas, ¿cree que Valencia tiene definido su toro?
Sin duda. Este año no se ha protestado ningún toro de salida, lo cual es muy difícil. Eso se ha logrado con años de trabajo y esfuerzo.