JAÉN

Ventura a hombros

Ponce saludó en su lote y Fandi cortó una oreja de su primero

Este año, a los jiennenses se les ha hecho muy corta la feria, y es que solo un día de toros ha sido el que ha dado oxígeno a esta bendita, santa y paciente afición. Tampoco ayudó el tiempo, que hasta poco antes del comienzo del festejo no ha facilitado el acercamiento de los aficionados a las taquillas. Así las cosas, el público no ha dado para más de un cuarto en tarde que se ha saldado con la puerta grande de Diego Ventura, quien camina por encima del bien y del mal en un momento idílico de su trayectoria, como sumido en una burbuja que le aparta de cuanto pueda interceder en su crecimiento y que le lleva a un futuro en el que no se atisban fronteras ni cadenas.

En su primero, Ventura empleó dos rejones de castigo para fijar y ahormar la embestida de su antagonista. Una vez encelado, deslumbró en banderillas, clavando hasta cinco, mostrando todo tipo de recursos y destacando al quiebro. Se dejó llegar al de Luis Terrón muchísimo en toda su labor, también con las cortas, tres al violín, pero ni el rejón de muerte ni el descabello quisieron colaborar en una obra que hubiese sido premiada.

Frente a su segundo, Ventura pudo disfrutar de un buen toro con el que puso en pie a los asistentes en numerosas ocasiones. Alardes de maestría, efectividad y eficiencia dieron la clave para que el rejoneador cortara las dos orejas, en una faena que fue a más y en la que no faltaron las banderillas cortas y las rosas -homenaje eterno a don Ángel Peralta-, que pusieron colofón a una gran obra. Esta vez no fueron impedimento los aceros.

Enrique Ponce, por su parte, que hacía alguna temporada que no se le veía hacer el paseíllo de luces por una plaza que le respeta y le admira, pudo volver a sentir las vibraciones de quien se siente querido en casa. Le molestó el aire, pero no volvió la cara en una faena que fue a más con un toro que no se entregó y que escaseó de alma, fuerza y gracia embistiendo. Pese a las circunstancias, Ponce mereció la oreja, pedida por toda la plaza y no atendida por la presidencia.

Peor suerte corrió con el que hizo quinto, que esta vez contradijo el famoso refrán para convertirse en un toro de mucho peligro, primero sordo y luego manifiesto. Más de un apuro le hizo pasar, viniéndosele encima, quedándosele corto, rebrincado, con la cara alta. Un toro que no permitía más que mostrar vergüenza torera, la que no faltó. Pinchazo hondo y descabello antes de recoger una cariñosa ovación desde el tercio.

Cerraba la terna El Fandi, quien hizo un ejercicio de capacidad con su primer toro, un sobrero de Sancho Dávila, de buen pitón derecho y complicado izquierdo, que se movió con transmisión. Faena marca de la casa del torero granadino que fue saldada con una oreja, tras una estocada en todo lo alto que necesitó de descabello.

Con el último del festejo, con la tarde y la afición ya en tinieblas, El Fandi, pese a todo esfuerzo, no pudo redondear la tarde que buscó. Fácil con el capote, quitó por chicuelinas con el compás abierto –en su primero lo hizo por navarras- y banderilleó como es propio en él. Empezó el último tercio sentado en el estribo, pero entre derrotes y complicaciones se fue apagando la tarde en Jaén, de la que destacamos la honradez de la terna.

 

Ficha del festejo:

Jaén, 20 de octubre. Feria de san Lucas. 1/4 de entrada. Se guarda un minuto de silencio en memoria del ganadero Pedro Luis García La Rubia. Toros de Luis Terrón (1°), Juan Pedro Domecq (2°) y Sancho Dávila (3° bis).

Diego Ventura: silencio y dos orejas

Enrique Ponce (azul noche y oro): saludos tras fuerte petición y saludo

El Fandi (nazareno y oro): oreja y palmas

2
7
100%
Satisfacción
0%
Esperanza
0%
Bronca
0%
Tristeza
0%
Incertidumbre
0%
Indiferencia

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