ESTEPONA

Salvador Vega: clase, gusto y torería

Un total de cuatro orejas y un rabo en su reaparición; Cayetano cortó dos orejas en su segundo; Pablo Aguado silenciado en su lote
sábado, 1 de agosto de 2020 · 20:54

Con más cosas en contra que a favor, los toros volvieron a la provincia de Málaga, más concretamente a la zona de la Costa del Sol, donde antaño se vivieron grandes tardes con con toreros de renombre. ¡Qué tiempos aquellos! De todo eso tan solo queda el recuerdo y más en estos tiempos donde una pandemia está siendo capaz de arrasar con todo lo que se encuentre a su paso sin temerle a nada. Su fuerza, tan desmedida como la de un toro de lidia, ha hecho poner contra las cuerdas a todo un planeta tierra que continúa haciendo oídos sordos a ese temido segundo aviso que no cesa en su empeño de sonar. Con infinidad de reses mandadas al matadero e innumerables ferias suspendidas, Málaga incluida por la inoperancia política y el mangoneo taurino, la fiesta de los toros se ha visto agravada por una infinidad de problemas que ya existían. Sin atisbos de mejora, el mundo del toro no va a salir indemne de este huracán de sensaciones que nos continúa robando esa normalidad de la que no volveremos a disfrutar. La fiesta anda asumida en un pozo sin fondo donde la falta de oxígeno agota mínimas posibilidades de recuperación. La esperanza es lo último que se pierde, y en esas andamos. Mal de muchos, consuelo de tontos. 

El algecireño José Luis Lara fue el encargado de armarse de valor junto al Ayuntamiento de Estepona para celebrar una corrida de toros en horario nocturno con un aforo disponible por debajo del 50%, unas 2.000 localidades, para así poder cumplir con las medidas sanitarias estipuladas por el organismo autonómico andaluz. El público respetó, respondió y pudo comprobarlo como Salvador Vega está capacitado para volver a conquistar el dorado albero de cualquier plaza de toros. Cayetano, perdido en un mar de dudas a pesar de cortas dos orejas, y Aguado, con un lote sin posibilidades, completaban el cartel ante un encierro muy desigual de presentación, desrazado y justo de casta de la casa Algarra. 

Salvador Vega, que reaparecía y al que se le vio como el primer día, se las entendió a la perfección con su lote. Clase, gusto y torería. El primero de la noche, un bonito y nobilísimo toro de Algarra que se entregó hasta el final en la muleta del torero de Manilva. Se gustó, bajando las manos y acompañando las embestidas. En la muleta tiró de composición de la figura a base de tandas cortas y llevándolo a media altura que favorecieron al animal en una faena plagada de gusto. Mató de estocada trasera y desprendida que sirvió para cortar las dos primeras orejas de la noche. En el cuarto, un animal de aspecto pobre y huesudo que no se entregó en ningún momento, la capacidad que continúa atesorando Vega le valió para componer una faena plagada de gusto, clase y torería que brindó de manera muy cariñosa a sus dos pequeños retoños. A media altura, dándole tiempo al animal, sin enganchones, tirando de el hasta el final, fue capaz de sacar tandas en las que dibujó el toreo a cámara lenta. Un remate de pecho a la hombrera contraria en los últimos compases de la faena hicieron levantar los tendidos. 

Cayetano no está, ni se le espera. Algunos hablan que tras la tarde de Huelva pilla carretera y manta. No mostró mucha entrega el escurrido castaño que sorteó en segundo lugar. El torero tampoco terminó de fajarse, prueba de ello fue lo realizado en una faena donde dejó algún que otro detalle entre tanta precaución y falta de confianza. Pinchazo y estocada contraria bastaron para acabar con la vida del toro. Echó rodilla en tierra para saludar el quinto, hecho cuesta arriba y muy castigado en varas por órdenes de un matador que llevaba la pena en el rostro. Se fundió en un abrazo con Salvador Vega al que brindó en una faena de alivios que pareció tomar vuelo tras los fandangos provenientes del tendido. Embarullado y sin un planteamiento claro de faena dejó infinidad de muletazos sueltos que sirvieron para llegar a parte de los tendidos. Dejó una estocada arriba pero algo tendida. A pesar de todo, el publico pidió las dos orejas que el presidente concedió. 

Pablo Aguado nos dejó con ganas en el saludo capotero del tercero, un toro más hecho pero falto de entrega que anduvo de un lado a otro de la plaza a lo largo de una desastrosa lidia donde fue muy mal picado, destacando los dos pares de Ivan Garcia. Los esfuerzos del sevillano por arrancarle algún muletazo fueran en vano. Pinchó en su primer encuentro en la suerte suprema, dando por finiquitada su labor con una estocada atravesada. Se desquitó recibiendo al sexto, donde dejó un buen ramillete de verónicas plagadas de temple. En la muleta poco pudo hacer antes de que su oponente acabase rajado en tablas. Mató de estocada entera. Su labor fue silenciada. 

Ficha del festejo:

Plaza de Toros de Estepona (Málaga). Se lidian seis toros de los Hrdos. de Don Luis Algarra. Escasos de trapío, 2o, 4o y 6o muy escurridos y huesudos. Pobres de juego en líneas generales. Destacó la nobleza y la clase del 1o. 

Salvador Vega (sangre de toro y oro), dos orejas y dos orejas y rabo. 

Cayetano Rivera (tabaco y oro), saludos y dos orejas. 

Pablo Aguado (berenjena y oro), silencio y silencio. 

Tres cuartos con un aforo de unas 2.000 localidades. Se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la COVID-19. Iván García saludó tras parear al tercero. 

 

VÍDEO DEL FESTEJO

 

TORO A TORO

Salvador Vega, que reaparecía, se las entendió a la perfección con el primero de la noche, un bonito y nobilísimo toro de Algarra que se entregó hasta el final en la muleta del torero de Manilva. Se gustó con el capote, bajando las manos y acompañando las embestidas. En la muleta tiró de composición de la figura a base de tandas cortas y llevándolo a media altura que favorecieron al animal. Mató de estocada muy trasera y desprendida que sirvió para cortar las dos orejas.

No mostró mucha entrega el escurrido castaño que sorteó en segundo lugar Cateyano Rivera. El torero tampoco terminó de fajarse, prueba de ello fue lo realizado en una faena donde dejó algún que otro detalle entre tanta precaución y falta de confianza. No está. Pinchazo y estocada contraria bastaron para acabar con la vida del toro. Saludos desde el tercio.

Pablo Aguado nos dejó con ganas en el salido capotero del tercero, un toro más hecho pero falto de entrega que anduvo de un lado a otro de la plaza a lo largo de una desastrosa lidia donde fue muy mal picado, destacando los dos pares de Iván García. Los esfuerzos del sevillano por arrancarle algún muletazo fueran en vano. Pinchó en su primer encuentro en la suerte suprema, dando por finiquitada su labor con una estocada atravesada. Silencio.

En el cuarto, un animal de aspecto pobre y huesudo que no se entregó en ningún momento, la capacidad que continúa atesorando Vega le valió para componer una faena plagada de gusto, clase y torería que brindó de manera muy cariñosa a sus dos pequeños retoños. A media altura, dándole tiempo al animal, sin enganchones, tirando de el hasta el final, fue capaz de sacar tandas en las que dibujó el toreo a cámara lenta. Un remate de pecho a la hombrera contraria en los últimos compases de la faena hicieron levantar al público de los tendidos. Mató de estocada algo desprendida. Cortó las dos y rabo.

Cayetano echó rodilla en tierra para saludar el quinto, hecho cuesta arriba y muy castigado en varas por órdenes de un matador que llevaba la pena en el rostro. Se fundió en un abrazo con Salvador Vega al que brindó en una faena de alivios que pareció tomar vuelo tras los fandangos provenientes del tendido. Embarullado y sin un planteamiento claro de faena dejó infinidad de muletazos sueltos que sirvieron para llegar a parte de los tendidos. Dejó una estocada arriba pero algo tendida. El presidente le concedió dos orejas.

Se desquitó  Aguado recibiendo al sexto, donde dejó un buen ramillete de verónicas plagadas de temple. En la muleta poco pudo hacer antes de que su oponente acabase rajado en tablas. Estocada. Silencio.

 

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