FESTIVAL TAURINO

Festival de orejas para cerrar la temporada… y un palco demasiado generoso

Para cerrar una temporada histórica, Balears Cambio de Tercio organizó un festival en Muro donde el protagonista no solo fue el toreo, sino también un palco que, por momentos, desbordó generosidad
domingo, 7 de diciembre de 2025 · 21:23

Por: Ángel Escribano

Para cerrar una temporada histórica, Balears Cambio de Tercio organizó un festival en Muro donde el protagonista no solo fue el toreo, sino también un palco que, por momentos, desbordó generosidad. El novillero con caballos Gabriel Pericás volvió a demostrar que es el nombre llamado a liderar la próxima campaña en la isla, firmando una actuación de peso y contenido.

Manolo Sánchez: dos orejas al temple

Abrió plaza Manolo Sánchez, que desde el primer lance quiso poner orden en la embestida desmayada de un ejemplar de Enrique Ponce. Lo meció a la verónica con suavidad, consciente de la falta de fuerza del animal. Por el derecho el toro se venía abajo, pero por el izquierdo permitió naturales de gran trazo. Estocada certera y dos orejas justas, que inauguraron el festejo con criterio… algo que no siempre se mantendría después.

Javier Conde: arte suelto, resultado escaso

El malagueño Javier Conde saludó con discreción a un toro también del hierro de Ponce. Con la muleta no terminó de acoplarse: pases sueltos de calidad, dos tandas por alto de torería, pero un animal emotivo y sin recorrido que embestía siempre con la cara alta. La estocada caída y el mal uso del descabello dejaron la cosa en ovación, decisión correcta del palco.

Gabriel Pericás: rotundidad y peso en la tarde

El tercero, un novillo de buenas hechuras, encontró en Pericás a un torero en plena inspiración. Larga cambiada de rodillas, chicuelinas al paso y cierre en la boca de riego para encender la plaza. Compartió banderillas con Fernando Sánchez y Luis Germán, rematando con un par al quiebro de enorme exposición. Con la muleta, ligó derechazos templados y dos tandas al natural de categoría. Estocada arriba y dos orejas de auténtico peso, de esas que no admiten discusión.

Félix San Román: una oreja a la constancia

A San Román le tocó un “pavo” que derribó al caballo. Pese a las protestas en varas, el novillo mostró nobleza en la muleta. Naturales suaves, toreo en redondo y una tanda al natural arrastrando la franela. La espada se le atragantó: estocada que hizo guardia, otra más y descabello. La oreja.

Adolfo Suárez: oreja sin petición

El novillo de Samuel Flores, corto y complicado, obligó a Adolfo Suárez a robar muletazos de uno en uno. Buen saludo a la verónica y muletazos de mérito. Pero pasó un calvario con la espada. Pese a ello, el palco concedió una oreja sin petición. Primera señal clara de que la presidencia empezaba a perder el pulso del festejo.

Francisco D’Agostino: dos orejas tras una faena creciente

El sexto, con recorrido pero sin humillar, mejoró tras las banderillas. D’Agostino templó desde el inicio, ligó dos tandas por la derecha y cerró con una serie por alto de empaque. Estocada y descabello. Dos orejas.

Alejandro Fermín: faena grande, espada desacertada y polémica

Alejandro Fermín encendió la plaza desde el saludo de rodillas. Faena intensa, con dos cambiados por la espalda y tandas de calidad por ambos pitones. Pero la faena se alargó y al entrar a matar falló: dos pinchazos y una estocada delantera y caída. Aun así, el palco concedió dos orejas gracias a la inacción del tiro de mulillas, decisión que provocó protestas del público más exigente. Premio claramente desajustado.

Jesús López: dos orejas en una faena discreta

El novillo, noblón, fue al caballo dos veces. López no ejecutó ni un quite. Pericás y Luis Germán brillaron en banderillas. Con la muleta tardó en acoplarse: dos series de mantazos antes de una tanda derecha bien ligada. Pinchazo, estocada y dos descabellos. Aun así, dos orejas, otro premio excesivo que volvió a dejar en evidencia la manga ancha del palco.

Juan Toscano: dos orejas tras una labor desigual

Toscano apenas saludó con el capote, pero ordenó dos puyazos interminables que crisparon al tendido. Con la muleta alternó tandas de mérito con otras más discretas. Pinchazo y estocada trasera. Dos orejas.

Juan de Palma: rabo pese al desajuste

El novillo de Montalvo permitió ver verónicas pegadas a tablas y chicuelinas. Con la muleta, Juan de Palma toreó al natural con arrogancia, aunque sin llegar a templar. La estocada, fea y haciendo guardia, no debería haber dado paso a un premio mayor. Sin embargo, el palco concedió un desproporcionado rabo.

Rafael Arrom: cierre entregado y auténtico

El último, del hierro de Ponce, lo recibió Rafael Arrom con una larga cambiada y verónicas elegantes. Toreó al alimón con Pericás, detalle que levantó la plaza. En la muleta, entrega absoluta ante un animal complicado. Mató marcando lento el volapié, en una gran ejecución. Dos orejas, premio merecido y cierre digno para un festival marcado por la entrega… y por un palco que perdió el criterio en demasiados momentos.

 

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