Fernando Adrián enloquece la Plaza con una faena rotunda y de figura

Toros de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto para José María Manzanares, Fernando Adrián y Pablo Aguado
viernes, 16 de mayo de 2025 · 17:46

Tarde de toros con cartel de lujo y plaza casi llena, donde José María Manzanares, Fernando Adrián, Pablo Aguado —en tarde compartida— se midieron ante astados del Puerto de San Lorenzo, La Ventana del Puerto y Victoriano del Río. La faena grande la firmó Fernando Adrián en el quinto, con un trasteo completo, poderoso y de inspiración que levantó a los tendidos. Manzanares dejó destellos de su clase y firmeza con la espada; Aguado brilló a ráfagas con su toreo artista, aunque sin redondear. Una tarde de contrastes y momentos que quedarán en la memoria.

Tarde de expectación en la plaza que respira historia y afición. El sol cae despacio sobre los tendidos rebosantes, con un lleno que apenas deja resquicio al aire. Suena el clarín y se abre la puerta de los sueños. En el cartel, nombres que convocan arte y promesa: José María Manzanares, el empaque y la herencia; Fernando Adrián , con el valor hecho temple; juventud que quiere ser figura; y Pablo Aguado la seda y la lentitud como bandera. Se lidian toros del Puerto de San Lorenzo, La Ventana del Puerto y Victoriano del Río, encastes que encierran bravura, genio y leyenda.

Se guardará un minuto de silencio por Joselito el Gallo al finalizar el paseíllo

Abrió plaza José María Manzanares con 'Fardero',  un toro de 580 kilos del Puerto de San Lorenzo, bien hecho pero algo desentendido de salida. El alicantino lo saludó con un breve recibo capotero, sin demasiado lucimiento por la falta de fijeza del astado. La emoción llegó en el quite de Fernando Adrián, que se fue a los medios para dibujar unas gaoneras ceñidas y con valor, despertando al tendido con ese primer chispazo de la tarde.

Con la muleta, Manzanares consiguió imponerse a la deslucida condición del toro. Lo mejor vino por el derecho, donde logró sacarle dos tandas de trazo largo, templado y profundo, que el público supo reconocer con una ovación sentida. 'Fardero', sin embargo, no ayudó: embestidas sueltas, sin transmisión ni entrega, que terminaron enfriando la faena. Mató de una estocada entera fulminante y fue ovacionado con fuerza, por la estocada que mereció oreja solo por el acero.Una apertura de tarde de oficio, elegancia y recursos. Ovación

El segundo de la tarde fue 'Yegüero', un toro de 616 kilos del Puerto de San Lorenzo que cayó en suerte a Fernando Adrián. El madrileño salió a por todas, con las ganas de quien quiere dejar huella. Desde el recibo capotero mostró su intención: un saludo por verónicas de trazo largo, templadas y con empaque, que conectaron de inmediato con los tendidos. Toreó despacio, con pureza, apretando hacia los adentros y ganándose el primer gran aplauso de la tarde. En el quite, Pablo Aguado dejó una tanda de verónicas con mucho sabor, rematadas con una media de cartel, que fue muy jaleada por el público.

En el tercio de banderillas se desmonteró Marcos Prieto tras un buen par, saludando desde el tercio. Ya con la muleta, 'Yegüero' mostró su verdadera condición: toro muy flojo, sin raza ni motor, que se paraba pronto y apenas transmitía. Un mulo con pitones. Sin embargo, esa sosería permitió a Fernando Adrián mostrarse por encima de su oponente. Toreó con limpieza, con temple, adaptándose a la escasa fuerza del toro para hilvanar una faena de buen gusto, sin opción al lucimiento rotundo, pero sí con momentos de torero asentado y en buena disposición. Mató con seguridad aunque trasera. Faena de más voluntad que brillo, pero que dejó buenas sensaciones. Silencio y pitos en el arrastre al toro.

El tercero de la tarde fue 'Dulce', de 534 kilos, de la ganadería de Victoriano del Río, y su nombre no pudo estar mejor puesto. Desde su salida mostró una embestida suave, templada, con nobleza y entrega. Pablo Aguado lo saludó con un recibo breve pero cargado de detalles toreros, destellos de su particular concepto lleno de arte, suavidad y gusto.

Con la muleta, sin embargo, la faena se diluyó. El sevillano, fiel a su estilo, quiso construir una obra de corte artístico, pero sin demasiada ligazón ni rotundidad. Faltaron muletazos de peso, y sobraron tiempos muertos. Fue una faena larga, demasiado extensa para lo poco que terminó aportando. 'Dulce' pedía más mando que contemplación, y Aguado se quedó en las formas, sin fondo. El público agradeció la estética, pero la emoción nunca terminó de cuajar. Faena de intención, no de contenido. La espada una odisea, suena un aviso.  Pitos para Pablo Aguado

El cuarto de la tarde, de nombre 'Yegüero', con 574 kilos y del hierro de La Ventana del Puerto, volvió a las manos de José María Manzanares. Desde el inicio, el alicantino mostró ímpetu y determinación, tratando de meter al público en la faena. Sin embargo, los tendidos permanecieron fríos, con esa sensación de que hacía falta algo más para encender la tarde.

Con la muleta, Manzanares buscó por el derecho la ligazón y la compostura, pero la falta de transmisión del toro y su escaso celo impidieron que la faena alcanzara vuelo. Lo intentó con elegancia, temple y estructura, pero sin lograr cuajar del todo al animal. Cuando ya todo parecía desvanecerse en tibieza, llegó el momento de la verdad: un espadazo en todo lo alto, certero, fulminante. Manzanares volvió a demostrar que domina como pocos la suerte suprema, y el público, que había permanecido expectante, rompió en una ovación sentida al ver caer al toro sin puntilla.

Pitos en el arrastre y silencio para Manzanares.

El quinto de la tarde respondió al nombre de 'Frenoso', un toro de 559 kilos de Victoriano del Río, que fue a parar a manos de Fernando Adrián. Desde el primer momento, su cuadrilla lo cuidó con mimo y precisión, colocándolo con inteligencia para que llegara a la muleta en las mejores condiciones posibles. El madrileño lo saludó con verónicas de buen trazo, templadas y con gusto, que calaron pronto en el público, arrancando palmas de reconocimiento.

En la muleta, Fernando Adrián firmó la faena de la tarde. Cuajó al toro por el pitòn derecho un toreo fundamental, clásico, ceñido y de gran rotundidad. Las tandas por el derecho fueron largas y profundas; por el izquierdo, limpias, hondas y sentidas, aunque muy breves.Toreó con temple, poder y verdad, y el público se metió de lleno en la obra. El final fue un estallido: manoletinas ajustadísimas, sin espacio para el aire, que levantaron al respetable de sus asientos. Una auténtica locura en los tendidos, que estallaron en una ovación atronadora antes incluso de entrar a matar. Faena rotunda, de torero grande. La espada le priva de tocar pelo. Un aviso. Ovación al toro en el arrastre. Ovación y saludos a Fernando Adrián que continúa con la vuelta al ruedo con división de opiniones.

Cerró la tarde 'Resistemucho', un toro de 590 kilos de La Ventana del Puerto, que fue lidiado por Pablo Aguado. El sevillano lo recibió con un breve saludo capotero, compuesto por verónicas ajustadas y plenas de empaque, en su línea de torero fino y clásico. Hubo estética desde el primer lance, pero el ambiente en los tendidos, aún marcado por la rotunda faena de Fernando Adrián, permanecía contenido.

Con la muleta, Aguado dejó pasajes de torería auténtica, con muletazos sueltos de gran calado por ambos pitones, mostrando su particular sensibilidad y sentido del ritmo. No terminó de construir una faena redonda, pero sí dejó pinceladas de categoría, de esas que los buenos aficionados saben valorar. La falta de transmisión del toro y el contraste inevitable con lo vivido minutos antes enfriaron el eco de su labor, aunque su concepto quedó una vez más claro: el de un torero artista, profundo y distinto. Silencio

 

 

FICHA:

Plaza de toros de Las Ventas (Madrid).- Séptimo festejo de la Feria de San Isidro. Corrida de Toros de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto para José María Manzanares, Fernando Adrián y Pablo Aguado.

José María Manzanares, Ovación y Silencio;

Fernando Adrián, Silencio y Vuelta al ruedo;

Pablo Aguado, Pitos y Silencio;

 

FOTOGALERÍA