FERIA TAURINA 2025
Puerta grande para dos estilos: la cadencia de Castella y la inspiración de Talavante
Toros de Herederos de Gregorio Garzón Valdenebro para Sebastián Castella, Alejandro Talavante y El Payo.Saltó al ruedo el primero de Gregorio Garzón, serio de presencia, y Sebastián Castella lo recibió con verónicas templadas, como quien acaricia el aire sin romperlo. En varas, el toro apenas recibió un puyazo sutil, más como saludo que como castigo, como si el hierro no quisiera interrumpir la armonía.
Con la muleta, Castella comenzó por ayudados por alto de bella expresión, como quien abre la faena con un susurro. Luego vinieron los derechazos, templados, cadenciosos, por ese pitón que ofrecía la única vía para construir. Y el francés, fiel a su estilo, lo aprovechó con pulso y medida. La faena fue breve pero sentida, sin alardes, con ese toreo que no busca el grito, sino el murmullo. Cerró con un trasteo de bella expresión, como quien firma con caligrafía antigua. La estocada, tendida pero eficaz, puso fin al pasaje. Ovación con saludos tras petición.
Saltó al ruedo el segundo de Gregorio Garzón, justo de presencia pero con el alma llena de juego. Talavante lo recibió con dos tijerinas que encendieron el ambiente, como quien abre la puerta del toreo con un gesto de fuego. En el peto, el paso fue sutil, sin estridencias, como si el toro ya supiera que su historia se escribiría con la muleta.
Y así fue. Talavante hilvanó una faena llena de emoción, que comenzó con estatuarios cambiados por la espalda, estoicos, firmes, y Calahorra se puso en pie como si el toreo fuera himno. En los medios, los derechazos fueron de gran expresión, mezclados con vitolinas y pases de las flores, como si el repertorio se desplegara sin esfuerzo, pero con alma.
El final, sin ayuda, fue extraordinario: cercanías, temple, y un desplante de altura que dejó el aire suspendido. La estocada cayó en el sitio, pero el fallo con la puntilla en el tercer intento restó algo de brillo a la obra. Oreja tras aviso. Porque hay faenas que no se miden por la perfección, sino por la emoción. Y Talavante, en Calahorra, toreó como quien sabe que el arte no se explica, se siente.
El tercero de Gregorio Garzón, otro en el tipo de la corrida, salió sin alma para el arte. No dio opción al lucimiento en la capa, más allá de unas verónicas sueltas, como si el saludo fuera más cortesía que prólogo. En el peto, dos puyazos severos marcaron el sino de la tarde, como si el castigo anticipara la ausencia.
El toro no tenía ni fuerza ni emoción. Y sin embargo, El Payo se mantuvo firme, dejando matices y detalles del toreo caro que ostenta, ese temple que no se aprende, se lleva dentro. Todo tuvo gusto, pero sin oponente, no hay faena que se sostenga. Fue un monólogo elegante, sin interlocutor. Dejó un metisaca y una estocada certera, como quien pone punto final con dignidad. Ovación. Porque hay tardes en que el torero no puede triunfar, pero sí dejar constancia de su verdad.
El cuarto de Gregorio Garzón, similar de presencia a sus hermanos, saltó al ruedo con alegría, como si la embestida quisiera ser música. En varas, apenas recibió un sutil castigo, suficiente para mantener la armonía sin romper el compás. Con la muleta, Castella trenzó una faena de pulso firme y alma abierta. Los derechazos fueron profundos, hondos, como si el tiempo se detuviera en cada giro. Por el pitón izquierdo, los naturales no fueron abundantes, pero sí sentidos, como quien torea con el corazón más que con la técnica.
Todo tuvo verdad y gusto. No hubo alardes, solo toreo. Y cuando la faena pidió cierre, Castella dejó una estocada casi entera, eficaz, como quien firma sin tachaduras. Dos orejas tras aviso. Porque hay tardes en que el toreo no se impone, se posa. Y Castella, en Calahorra, dejó escrito que la elegancia también puede ser triunfo.
El quinto de Gregorio Garzón, otro toro en la línea de sus hermanos, tuvo nobleza y buen juego, aunque en varas apenas se empleó. Alejandro Talavante, consciente del material, puso toda la carne en el asador desde el primer muletazo, como quien sabe que la faena está en lo que se dice, no en lo que se espera.
Con la muleta, el toro derrochó nobleza, y el extremeño lo aprovechó con hondura. Los derechazos fueron largos, templados, de trazo firme. Pero fue por el izquierdo donde la faena se volvió seda: naturales envueltos en el celofán de una mano zurda enfundada en maestría, como si el toreo se tejiera sin costuras. La faena fue breve pero intensa, con ritmo y expresión. La estocada, casi entera, llegó en el momento justo, aunque el toro perdió las manos en el cite, restando algo de limpieza al final.
Oreja. Porque hay tardes en que el toreo se dice con voz baja, pero deja eco. Y Talavante, en Calahorra, volvió a hablar el idioma del temple.
El sexto de Gregorio Garzón Valdenebro llevó la pausa en la testuz, como si el ritmo ya viniera escrito en su frente. Desde el principio mostró nobleza, y El Payo lo entendió al instante, regalándole las verónicas más bellas de la tarde, de trazo extraordinario, como si el capote fuera pincel y la arena lienzo.
En varas, el toro recibió un severo puyazo, único, suficiente, como quien marca el compás sin romper la melodía. Con la muleta, la faena fue un ejercicio de temple absoluto. Todo tuvo pausa, belleza y sutileza. El Payo toreó como quien no necesita demostrar, solo expresar. Y Calahorra se puso en pie, rendida ante el compás que no todos ostentan. Tan cómodo y relajado se sintió el mexicano que fue prendido, sin aparentes consecuencias. Se sacudió la arena con naturalidad, como quien vuelve al sitio sin perder el alma. Y entonces dejó los naturales más naturales de la tarde, como si el toreo se dijera sin adjetivos.
Remató con una estocada casi entera. Oreja. Porque hay faenas que no buscan el ruido, sino el silencio que se rompe cuando el arte es verdad. Y El Payo, en Calahorra, toreó como si el tiempo le obedeciera.
FICHA:
Calahorra (La Rioja) .- Segunda de la feria Taurina 2025. Corrida de toros de Herederos de Gregorio Garzón Valdenebro para Sebastián Castella, Alejandro Talavante y El Payo. Entrada: Tres cuartos de plaza.
Sebastián Castella, Ovación con saludos y Dos orejas tras aviso;
Alejandro Talavante, Oreja tras aviso y Oreja;
El Payo, Ovación y Oreja;