ONDARA
Juan Alberto pega primero
Puerta grande para Juan Alberto Torrijos en Ondara, donde dio una gran dimensión ante cuatro novillos de Ángel Gómez de desigual comportamiento. Le acompañó en la salida a hombros el becerrista Luis Pizarro, que gustó por su serenidad y torería.
Era una apuesta fuerte. Cuatro novillos de una tacada. Cuatro exámenes para arrancar una temporada que se antoja ilusionante, con Valencia y Madrid en el horizonte cercano. Cuatro pruebas en un solo envite. El reto se planteó como preparación y cómo análisis. La jugada podría haber salido mal y suspender, lo que habría restado seguridad y moral de cara a las próximas tardes de responsabilidad. Pero no fue así, el resultado fue sobresaliente, y el diagnóstico favorable. Cuatro novillos de Ángel Gómez con sus teclas, y cuatro aciertos al tocarlas para componer una melodía de toreo que emocionó al público y que le tiene que insuflar ánimo al de Algemesí. Se dice que quien pega primero pega dos veces, y Juan Alberto pegó primero con un triunfo incontestable y, sobre todo, con un fondo admirable.
La plaza elegida fue la de Ondara, la joya levantina, un recinto precioso demasiados años vetado para el toreo y que, por fin, la pasada temporada acabó reabriendo sus puertas. A pesar del corte temporal impuesto por las autoridades locales, de la fecha y de tratarse de una novillada, el público ocupó los tendidos en más de un tercio de su aforo. En el cartel también se anunció el novillero sin caballos de la localidad vecina de Pedreguer y hecho en la Escuela de Valencia Luis Pizarro, que dejó la impronta de torero ortodoxo en busca de la pureza y la profundidad.
Con el que abrió festejo Juan Alberto dio una gran dimensión, de torero clarividente y seguro. Excelente novillo al que había saludado con una larga cambiada de rodillas en el tercio y al que muleteó con ritmo y suavidad, firmando largos naturales de temple exquisito, gusto en las formas y verdad en el fondo. Faena de ligazón y zapatillas asentadas que malogró con su fallo a espadas.
Por la senda de la torería y de la mejor disposición transcurrió la labor al segundo, de buena condición pero con las fuerzas al límite. Le dio tiempo entre tandas y lo llevó cosido a las telas sin el mínimo tirón. Sutileza y exquisitez en un quehacer que fue a más y que rubricó de soberano volapié en todo lo alto.
Rebrincado y calamocheando embistió el tercero de su lote, un animal de mayor cuajo que sus anteriores hermanos pero que marcó su querencia a los adentros desde el principio. Así, el de Algemesí, le planteó faena en el tercio, donde, condicionado por la falta de continuidad de su antagonista, tuvo que tirar de autoridad para robarle los muletazos de uno en uno. Lo mató de forma contundente y cobró un apéndice.
A portagayola recibió a su último novillo, colaborador pero sin acabar de emplearse. Una primera tanda en redondo de rodillas fue el preámbulo de un trasteo de mucho mérito, en el que tapó defectos para acabar demostrando su ambición, primero con autoridad, y con un arrimón y alardes en una fase final de mucho compromiso. Estocada fulminante y dos orejas de peso que daban sentido a la apuesta. Al astado se le concedió una vuelta al ruedo a todas luces sorprendente.
Variedad capotera y buen gusto en el recibo capotero de Luis Pizarro a su primer eral, encastado y noble, que siguió los engaños con codicia y sin descanso. El de Pedreguer lo enganchó muy adelante para llevarlo largo y muy toreado, siempre sin atosigarlo, dándole la media distancia, lo que ayudó a que lucieran más sus embestidas, sobre todo toreando sobre la izquierda, por donde firmó naturales de extraordinaria profundidad. Lo mató por arriba y salió volteado de fea manera, aunque, por fortuna, sin consecuencias.
El que cerraba festejo fue un eral deslucido, de embestida desigual y protestón. La mayor virtud de Pizarro fue el tesón, la voluntad. No se cansó de intentar limarle asperezas y acabó robándole un par de series ligadas con firmeza. Con el estoque le faltó la misma seguridad y perdió una posible oreja.
Ficha del festejo:
1 de marzo de 2026, plaza de toros de Ondara (Alicante). Un tercio de entrada. Cuatro novillos de Ángel Gómez Núñez, (1º bueno, 2º bueno pero con las fuerzas al límite, 4º manso, 5º manejable, premiado con la vuelta al ruedo) y 2 erales (3º encastado, 6º deslucido).
Juan Alberto Torrijos: saludos, dos orejas, oreja y dos orejas.
Luis Pizarro: dos orejas y palmas.
Cuadrillas:
Tras banderillear al 4º se desmonteraron José Almagro y Miguelito, que debutaba como banderillero, y Felipe Gravito en el 5º.
Fotos: Carlos Gómez Litugo