PACO DELGADO

Cabezas pensantes

De lo que no puede caber ninguna duda, pese a quien pese y lo que digan los agoreros, es del tirón que, pese a quien pese y lo que digan los agoreros, tiene, sigue, teniendo y, pienso, tendrá la fiesta de los toros. Los toros es algo que, al menos es España y alrededores, está en nuestros genes y, como la mala leche o la generosidad, no se puede eliminar de nuestro mapa de ADN así como así.

La prueba, o, mejor, las pruebas, están ahí, claras y contundentes. La feria de las Novilladas de Algemesí, pese a las trabas de algún partido ¡del propio pueblo! atrae a miles de visitantes y hace que su plaza se llene durante nueve días. Aumenta el abono para la Feria de Otoño de Las Ventas. El coso de Monleón registra una de sus mejores entradas del año para el festival del 9 de Octubre... ¿interesan o no interesan los toros? Pues claro, naturalmente que interesan. Y mucho. Sólo hay que fijarse, para no hacer larga y densa la explicación, en lo que sucedió ese Día de la Comunidad Valenciana, en el que a pesar al mal tiempo y a que la ciudad estaba intransitable debido a la brillante gestión de una clase política, que parece que disfruta generando conflictos, convirtiendo lo que debería ser un día festivo en una jornada de crispación y peleas, llenando las calles de policía y antidisturbios para dar cobertura a trasnochados que siguen manifestándose para que Valencia esté libre de fascistas o reclamen su naturaleza catalana. O lo contrario, pero hurtando al ciudadano, en cualquier caso, su derecho a pasear tranquilamente por la calle.

Pues, con todo, la plaza casi se llenó. Y se trataba de presenciar un festival, no una corrida con tres figuras compitiendo entre sí y ante toros bravos y fieros. Ese día se organizó lo que ha dado en llamarse Día de la Tauromaquia, con actividades culturales y festejos populares en sesión matinal y ese festival por la tarde. Una función montada para dotar de fondos a la Fundación del Toro de Lidia y que a punto estuvo de cargarse el propio toreo, con pretensiones ridículas de algunos matadores anunciados y que acabaron cayéndose del cartel, cuando se trata de un espectáculo que busca la defensa de su propio negocio... Con eso y con todo, y con la lluvia que cayó antes, durante y al final del festejo, la gente casi colmó el aforo y disfrutó luego por lo hecho por los toreros. ¿interesan o no interesan los toros? Pues claro, naturalmente que interesan.

El problema está, como en la cosa política, en las cabezas pensantes. La gente busca alicientes y el interés está no en lo que le venga bien al taurino de turno, sino en lo que pide el público, al que nunca se pregunta su opinión ni se recavan sus gustos y preferencias, algo que no sucede en ninguna otra industria. Aquí prima el interés particular de unos pocos sobre el general y luego se busca la excusa de que esto no interesa. Que tenga que ser la gente de los bous al carrer la que de la cara y pelee por sacar esto adelante es como para que se le caiga la cara de vergüenza a más de uno.

También la propia Fundación tendría que revisar sus engranajes, porque la ayuda que pretenden dar al toreo se alcanza desde dentro. La única obligación del aficionado, y siempre que lo que se ofrezca sea de su gusto, es acudir a la taquilla y pagar su entrada. La Fundación debe ser financiada por los profesionales: toreros, ganaderos, empresarios y apoderados. Y, como ha sucedido con los problemas surgidos en el montaje de este festival de Valencia, dar la cara y explicaciones. Que para algo tienen portavoz y gabinete de prensa.

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