OPINIÓN

Cambalache

Señoras/es estos son tiempos de tango.

No lo duden.

“Vivimos revolcaos en un merengue y un mismo lodo todos manoseaos”

Lo escribió Enrique Santos Discépolo y seguimos retratados en la genial descripción de Cambalache.

Sí, un diagnóstico sociológico para el que el autor no nos recetó elremedio contrala dolencia amoral crónica en la que continuamos,un siglo después.

Apesadumbrados, depresivos por tantas galeradas de información poco edificante, menos mal que por fin parece apuntarse la necesidad de que la asignatura de filosofía vuelva a las aulas de la mano de la ética aplicada a la formación del ciudadano. Urge. La escuela, sólo la escuela,  tiene la llave para abrir el futuro en el que se valore el esfuerzo individual para poder alcanzar la excelencia en la conducta y en el trabajo. La escuela es la matriz social, la que nos permitirá recuperar los parámetros de eso que llamamos el sentido común, y que tanto se echa en falta.

Discépolo nos hace notar en su tango que la Biblia llora contra un calefón, y nosotros acabaríamos viendo llorar la Constitución, con lo que nos costó alcanzarla.

Los sucesos, la crónica negra de la delincuencia ganan espacio y tiempo en los medios informativos. ¿A que españolito no se le atraganta la sopa si enciende la televisión o la radio a la hora de la cena?

El oleaje de escándalos rola sin tregua hasta nuestro conocimiento con prevaricaciones, malversaciones, deslealtades, etc., atribuidas, eso sí, con presunción de inocencia, contra algunos que solemnemente juraron o prometieron y hasta agregaron por imperativo legal.

Ante la panoplia de causas criminales con peces gordos, medianos y chicos me viene a la memoria aquel periódico llamado EL CASO, ¿lo recuerdan? Si hoy se publicara tendría más páginas.

En fin, tampoco se trata de moralizar, sino de constatar que vivimos en pleno Cambalache, problemático y febril... y hay que cambiar el rumbo, sin perder un minuto.

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