OPINIÓN

Bombo y platillo

Lo que no se puede negar es que Simón Casas tiene imaginación. Y que le da vueltas a su magín, del que salen ocurrencias que más de una vez han resultado geniales. La última es implantar el sistema de sorteo para confeccionar las combinaciones de la próxima Feria de Otoño de Madrid.

La idea, ya lo saben, es que, al contrario de lo que hasta ahora sucede -que sean los toreros, si se trata de figuras, quienes impongan la ganadería cuyos toros lidiarán, o, si no se trata de figuras, se les de la opción de entrar en tal o cual corrida si se las ven con reses de tal o cual ganadería- sea el azar quien disponga a qué toros se enfrenten los de coleta. En un bombo estarán los nombres de las ganaderías y en otro el de los matadores, como sucede en el mundo del deporte. Corrida del día tal: Bombo 1; se extraen los nombres de los actuantes: Fulano, Mengano y Zutano. Bombo 2; se extraen la bolita con el nombre de la ganadería. Oh!!!! La suerte ha dictado el cartel.

En esencia, la fórmula no es mala (o no me lo parece a mí), pero para que fuera ideal, al margen de que a ella se sometiesen todos los que tienen carnet, lo cuál se antoja, a día de hoy, tan difícil como que el hombre pueda ir de vacaciones a Marte, habría que cambiar también el actual sistema e implantar el modelo de competición deportiva, confeccionando una especie de Campeonato Mundial de Toreo, en el que, explicado a grosso modo, se determinasen una serie de ferias de primer orden (Fallas, Abril, San Isidro, Pamplona, Bilbao, El Señor de los Milagros…) en las que los participantes, que competirían entre sí, sin distinción de categoría ni condición y obtendrían puntos en función de su resultado artístico, para lo que se elegiría un cuerpo de jurados que estableciesen las pertinentes puntuaciones en base a una serie de requisitos. Y, desde luego, los toros a lidiar por cada cual saldrían de ese sorteo puro que ahora quiere probar Casas en Las Ventas. La suma de puntos obtenidos en cada una de las ferias puntuables daría el nombre del Campeón, segundo, tercero y así sucesivamente… quienes en el campeonato del año siguiente podrían, además de tener un caché superior, esquivar las primeras rondas ante hierros complicados. Por ejemplo.

Sí que sería un problema el ver qué se hacía con el resto de plazas, ferias, toreros y ganaderías que no entrasen en estos torneos.

Otra pega estaría en que, así, se eliminaría el carácter artístico que tiene la fiesta y que la ha caracterizado a lo largo de los últimos siglos.  Sería, entre otras teclas, como si en vez de programar teniendo en cuenta los gustos del público se anunciase a la fuerza a los mejor clasificados de un año para otro. O como si a Los Stones, en sus conciertos, se les obligase a competir contra Jetrho Tull y en escenario determinado por sorteo. ¿Y quién podría decir -y decidir- quién gana? Estamos hablando de arte, sobre lo que se supone que no hay reglas escritas y que en gustos todo vale y merece el mayor de los respetos.

Además ¿quién iba a obligar a las figuras a entrar en este juego? Por mucho que se estableciese una tabla de remuneraciones fijas más variables en función de resultados, no creo que aceptase ni uno de los que actualmente tienen esa consideración. Hay que esperar, en este sentido, a ver quién se apunta al invento. De momento ya lo ha hecho Diego Urdiales, que se quedó fuera de San Isidro por no transigir con las condiciones que entonces se le ofrecieron...

Podría darse el caso de que ningún torero no ya de la mitad de arriba del escalafón, sino de más abajo, aceptase el reto, por lo que además de bombo para el sorteo de toros y toreros habría que pasar, al final de cada función, el platillo para que los espectadores aportasen su óbolo para mantener el espectáculo.
 

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