Silencio, se torea

Cuando todavía ando asimilando el “suceso” de Sevilla contemplo a solas con mis recuerdos expresiones alusivas al histórico día.
miércoles, 22 de mayo de 2019 07:53
miércoles, 22 de mayo de 2019 07:53

Cuando todavía ando asimilando el “suceso” de Sevilla contemplo a solas con mis recuerdos expresiones alusivas al histórico día. Miro abajo, sin mirar, y veo aún como las perceptibles huellas de una muleta acariciando la bravura dejan marcadas en el albero los guiños al virtuosismo de una obra fascinante. Veladuras restallantes de muletazos de ensueño que siguen parando el tiempo para nunca más desaparecer. Y allí, a lo lejos, rebotan los ecos de una gente entusiasmada para dar pretendida continuidad a la imborrable tarde.

Pareció como si aquella tela contuviese entre sus hilos historias de leyendas del toreo de tiempos pasados. Fragmentos de maestros que fueron capturados para sumergirlos en las entrañas de quien los mostró en efímeras secuencias de una lidia que enloqueció, mientras mantuvo el tono de las pasiones extremas evidenciando la expresión artística sin límites en la creatividad.

Y a esto que… también toreó. Allí, en Las Ventas, el arte de un sevillano, que se deleita y regodea en su propia perfección, se volvió a mostrar en toda su extensión suscitando el pasmo a quien lo contempló. Y lo expuso con auténtica desnudez, prescindiendo de todos los alardes que jalonan las faenas, de forma detallista, pura, generosa y embaucadora. Le volaron los dedos con los que meció el capote en la verónica de la misma manera que ralentizó la naturalidad de una muleta henchida de gracia y encanto.

El silencio maestrante se hizo venteño. Madrid fue Sevilla para un torero que es presente y será futuro. Un imprescindible de la naturalidad y la emoción. Y todo, tras inmortales momentos, tras fascinantes instantes repletos de muletazos prodigiosos que, a la manera clásica y eterna, tuvieron la capacidad de encandilar, implicar y hacer gozar de lo que se veía al público de Las Ventas. Pese a esa desafortunada espada con la que manchó su firma.

Pablo Aguado, aquí o allí. En Sevilla o Madrid seguirá creando el toreo en su cabeza buscando la forma de transformar lo invisible a visible en el ruedo de una plaza de toros. Silencio, se torea.   

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