PACO DELGADO

Un toque de distinción

jueves, 29 de agosto de 2019 08:00
jueves, 29 de agosto de 2019 08:00

Terminaron las Corridas Generales de Bilbao, un serial que deja muy gratos recuerdos y la sensación de que todo esto vale mucho la pena. Ha sido la de 2019 una feria con muchas y variadas notas de interés pese al regusto amargo de la insuficiente asistencia de público: parece ser que por los tendidos de Vista Alegre han pasado alrededor de 56.000 espectadores. Unos 6.000 menos que en 2018. Y unos 50.000 menos que en 2007. Que se dice pronto y lo que es ya muy preocupante y exige un riguroso y meticuloso estudio para analizar las causas de este descenso y la puesta en marcha de un plan que lo ataje y devuelva gente a la plaza.

También ha sido ha sido un ciclo generoso, habiéndose concedido veinte orejas. La mayor cosecha de trofeos a lo largo de los últimos casi 140 años. Pero este dato es, sin duda, positivo y esperanzador, puesto que indica que hubo mucho y bueno en la arena cenicienta del coso bilbaíno. Desde la última faena del serial, por la que Manuel Escribano paseó un trofeo de un Miura, hasta las firmadas por El Cid y Emilio de Justo ante toros de Victorino pasando por las que dejaron el siempre esperado Diego Urdiales, la que Manzanares enjaretó al mejor toro de la feria, Ruiseñor, de Victoriano del Río, o las que llevó a cabo Juan Leal ante toros de Fuente Ymbro y que le valieron sendas orejas que deben valerle para tener más oportunidades.

Además, hay que anotar el lado positivo las cuatro orejas que se llevó un impetuoso y decidido Luis David en el total de sus dos intervenciones, las dos con que fue recompensado El Juli (una en cada tarde que actuó), y lo hecho, sin recompensa, por un cada día más en forma Enrique Ponce, que sigue reencontrándose tras cinco meses de inactividad, o la labor de conjunto de un Román entregado y a por todas ante un encastado encierro de Torrestrella con el que volvió a jugarse el tipo.

Pero de todo lo habido en este Aste Nagusia sobresale, y por ello será recordado para siempre este abono, lo hecho por Paco Ureña el viernes 23 de agosto ante toros de Vegahermosa de los que arrancó las cuatro orejas. Nadie había hecho algo igual desde 1964, cuando lo hizo Manuel Benítez “El Cordobés”, que antes había cortado un rabo en La Maestranza y conseguido una oreja en Las Ventas sin entrar a matar al ser cogido el día de su confirmación. Fue ahora la de Ureña una actuación impresionante que, pese a verla en la tele y sabiendo ya lo que había pasado, ponía los pelos de punta y daba la verdadera dimensión de lo que es el toreo, su trascendencia y su capacidad para emocionar. Todo ello interpretado por un torero que hace menos de un año sufría un percance traumático que le valió la pérdida de visión en un ojo y el debatirse durante meses en la duda e indecisión de volver a ser el mismo. Dudas que ya hace tiempo han sido eliminadas y cuya superación le han hecho mejor profesional todavía. Y así lo demostró en Bilbao, consiguiendo poner de acuerdo a todos, algo que a veces es más difícil que ponerse ante un toro. No obstante, el de Lorca lo consiguió a base de colocarse de verdad, desde los ceñidísimos estatuarios con que abrió su primera faena hasta el fulminante volapié con que pasaportó al sexto. Entre medias lo dio todo, ligando muletazos y series de dibujo firme y asentado, de compás cerrado, citando de lejos, con la muleta plana y de frente, asida por el centro del estaquillador y rematando siempre atrás, muy atrás, obligando a su oponente y vaciando totalmente su embestidas con muñeca y cintura. Naturales templadísimos, hondos, de una sinceridad brutal y muy lejos de la ñoñería que depara la moderna emoción estética, de trazo largo e impoluto, de una extraordinaria intensidad, dándolo todo a cada instante. Rotundo, grandioso, histórico.

Faltan adjetivos para calificar lo hecho por el murciano. O sobran, por que, a lo mejor, con decir que demostró ser torero, se dice todo. Pero, como ahora se abusa y se consiente en tantas cosas, hay que explicarlo. Y se resume añadiendo que su paso por Vista Alegre, al margen de ser ya de lo más destacado de la temporada, significa un toque de distinción para el toreo y una esperanza más para los que siguen disfrutando con el arte de torear.
 

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Satisfacción
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Esperanza
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Indiferencia

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