CARLOS BUENO

Ni rastro de novilladas

martes, 30 de junio de 2020 · 07:39

Se trabaja a contrarreloj con la intención de que las corridas vuelvan a celebrarse cuanto antes en nuestras plazas de toros. En principio parece buena idea porque no sería oportuno para el toreo que el año pasara en blanco. Parar el motor y dejar de organizar espectáculos es muy fácil. Sin embargo, arrancar de nuevo no es tan sencillo porque cabría la posibilidad de que las trabas políticas se multiplicaran y conseguir que regrese el público puede ser más costoso de lo esperado. Hay mucha oferta de ocio contra la que competir y recuperar clientela infiel resulta complicado.

A pesar de todo, programar festejos en este momento es una aventura arriesgada. La posibilidad de rebrotes del Covid-19, de nuevos confinamientos o de un endurecimiento de las condiciones para abrir las puertas de los cosos es palpable. Pero entiendo que debemos ser positivos y caminar hacia adelante con tanta cautela como valentía.

Un problema añadido en este momento es que no haya el menor rastro de ofrecer novilladas con caballos. Algún certamen sin picadores, como el Ciclo de Novilladas de Promoción de las Escuelas Taurinas Andaluzas o el concurso del Alfarero de Plata de Villaseca de la Sagra, y poca cosa más. Mal asunto, porque sin novilladas no hay futuro y dejar de celebrarlas es poner en riesgo a la propia tauromaquia.

Por eso es tan importante exigir a las Administraciones rebajas impositivas sustanciales en este tipo de festejos. Incluso se hace necesaria una revisión salarial de los profesionales que toman parte en ellos para hacerlos viables. De otro modo, dentro de unos años no habrá matadores ni puestos para subalternos y con ello habrán ganado los antitaurinos que, hábilmente, llevan años atacando a la zona de flotación taurómaca, que es la juventud, los posibles profesionales y aficionados del mañana.

En las últimas semanas se han celebrado más de 40 paseos taurinos por diferentes ciudades españolas con los que los profesionales taurinos han pretendido hacerse notar y denunciar la injusticia de no recibir prestaciones por desempleo. Los políticos no parecen haberse dado por aludidos y las complicaciones continúan. Otro inconveniente que sufre el sector es la diferencia de criterios de ocupación de las plazas según cada Comunidad Autónoma, un rompecabezas incomprensible que indica que España no es una sino 17.

Así es que toca dejarse de paseos para pedir justicia y respeto en una magna manifestación en la que se reclame igualdad de trato con el resto de artistas, pero también las mismas condiciones en todo el territorio español y, sobre todo, la consideración de las novilladas como actividad amateur y con ello ventajas fiscales que las hagan más asequibles. Es tiempo de reorganizarse y mejorar desde dentro. Nos va el futuro en ello.

 

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