CARLOS BUENO

Un certamen de novilladas en plazas históricas

El pasado sábado se celebró en Bocairent una jornada sobre plazas de toros históricas. Alguna de ellas tiene sobrado renombre, caso de Ronda o Aranjuez, otras apenas se conocen, pero todas gozan de un sabor especial. La historia taurina ha sucedido en sus ruedos. El de Béjar, por ejemplo se inauguró en 1711, una década antes de que Francisco Romero inventara la muleta. Sin duda se trata de cosos que han visto cómo la tauromaquia iba evolucionando lenta pero inexorablemente, cómo del toreo sobre las piernas se pasaba al mando con los brazos, cómo el toro mutaba su fiereza en pulida bravura, cómo se legislaban las cuadrillas… todo esto y más se produjo sobre sus arenas.

 

Fueron recintos señeros en épocas pretéritas que, con el paso del tiempo, perdieron protagonismo en favor de plazas de capital que celebraban ferias. Hoy en día cuesta una barbaridad que sigan anunciando corridas. Muchos de estos edificios albergan eventos que nada tienen que ver con su destino primigenio. Conciertos, ferias, mercados, actividades lúdicas para niños… todo es válido para conseguir que su rentabilidad no sea una quimera.

 

Sin embargo no hay que descuidar la función para el que fueron construidos, aunque organizar un festejo en la mayoría de ellos supone generalmente una odisea. Béjar, Almadén, Santa Cruz de Mudela, Campofrío o Bocairent albergan en sus tendidos entre 1.500 y 4.000 espectadores, lo que hace prácticamente inviable que los toreros puedan cobrar unas retribuciones dignas a no ser que el precio de las entradas se suba por las nubes, algo nada recomendable si se quiere atraer al público.

 

La solución pasa por abaratar costes, empezando por conseguir que se reduzcan las cargas impositivas en este tipo de recintos (algo por lo que deberían luchar los empresarios) y siguiendo por ajustar el número de subalternos necesarios por función (cuestión interna de complicado acuerdo). Y mientras no se soluciona el problema, no parece descabellado crear un certamen de novilladas en gira por varios de estos cosos con una final en Ronda, pongamos por caso. Los chavales tendrían la oportunidad de torear en plazas históricas y éstas se mantendrían vivas, tal cual han permanecido a lo largo de los últimos siglos.

 

Es labor del sistema taurino promover una iniciativa de esta índole que debería contar con el respaldo de la Fundación del Toro de Lidia y de diferentes instituciones, que habrían de consentir una rebaja fiscal para que se pudiera llevar a cabo. No es pedir nada extraordinario, sólo se trata de recibir el mismo trato que tiene el deporte base o las escuelas interpretativas. Pero tal gracia no caerá del cielo sin un arduo trabajo de los profesionales, que se supone deben velar por el futuro de su negocio.

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