CARLOS BUENO

Las soluciones que Matilla destapó

La inesperada retirada de Alejandro Talavante y los motivos que parte de la prensa ha esgrimido para que el torero haya tomado tal decisión, ha provocado una catarata de opiniones justificándole o apuntándole como único responsable. En contra de exculparle, evidentemente su ex-apoderado, Toño Matilla, uno de los señalados como causante del desenlace. El apoderado-empresario-ganadero aseguraba que, en contra de ciertas opiniones, él nunca intentó boicotear al matador después de que rompieran su relación profesional, y que, por el contrario, bajo su dirección el diestro extremeño había visto incrementar el caché. Matilla confesaba en un comunicado que dejó a Talavante porque quería cobrar “más que el que más” y él no podía conseguirlo. Con tales declaraciones la división de opiniones estaba servida.

Pero, pretendiéndolo o sin pretenderlo, en la carta enviada a los medios el apoderado-empresario-ganadero salmantino ponía de manifiesto que es verdad que la tauromaquia está en manos de unos pocos, de un sistema que no siempre es lo justo que el toreo merece, de un entramado de apoderados-empresarios y hasta ganaderos que manejan el grueso del negocio según sus intereses. Y, al tiempo, Matilla desvelaba uno de los secretos mejor guardados: los honorarios de algunos toreros. Las figuras cobran unos 240.000 euros por tarde en Madrid, plaza que recauda en concepto de entradas 650.000 euros por corrida. No hay que ser un lince para comprobar que son cantidades que hacen deficitario un festejo que anuncie a tres toreros de primer orden y a una ganadería de prestigio.

¿Y quién arregla esto? De momento no tiene arreglo. No tiene arreglo que los toreros cobren tanto, algo que, por otra parte, pienso sinceramente que merecen. De momento no tiene arreglo que los cánones de arrendamiento de plazas sean tan elevados. De momento no tiene arreglo que las novilladas tributen como si de un espectáculo mayor se tratara. De momento no tiene arreglo que los ganaderos no suelan obtener una rentabilidad mínima. De momento no tiene arreglo que la misma persona sea juez y parte, que sea apoderado y empresario. Porque, ¿en caso de litigio qué defiende, los intereses de su representado intentando que cobre más, o los suyos propios para salvaguardar su economía? Y si encima el apoderado-empresario es ganadero los intereses se enredan de forma mayúscula.

No, de momento todo esto no tiene arreglo, pero espero, por el bien de la tauromaquia y su pervivencia, que en un futuro próximo lo tenga. Dependerá de que la prensa influyente deje amiguismos a un lado y denuncie que este sistema no tiene lógica porque apenas da cabida a nuevos empresarios y a toreros que no estén dentro del redil. Dependerá de que los políticos se den cuenta de que deben ser ecuánimes y, ya que el resto de actividades artísticas e interpretativas reciben subvención, el toreo, al menos, debe dejar de pagar los abusivos alquileres que soporta y gozar de unos pliegos de condiciones de arrendamiento más favorables a su promoción. Dependerá de que los apoderados-empresarios-ganaderos entiendan que, por el porvenir de la Fiesta, aunar tales funciones debe ser incompatible. Su cometido debe ser únicamente defender los intereses de los aficionados, sus clientes. Esa será la mejor manera de que todo vaya bien.

Y dependerá de que las nuevas generaciones de toreros lean las denuncias de la prensa, voten a los políticos que den a la tauromaquia un trato igualitario con otras actividades y exijan a sus mentores dedicación exclusiva. No ocurrirá a corto plazo, lamentablemente, pero espero que los jóvenes se den cuenta de que el futuro está en sus manos.

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