CARLOS BUENO

Vox abre un nuevo panorama protaurino

martes, 11 de diciembre de 2018 11:11
martes, 11 de diciembre de 2018 11:11

Las últimas elecciones andaluzas han puesto de manifiesto la inequívoca voluntad de cambio del pueblo. La fulgurante ascensión de VOX así lo atestigua. El partido de Santiago Abascal ha pasado de la nada al protagonismo total con 12 escaños en el Parlamento autonómico, aún cuando las sesgadas estimaciones de voto apuntaban que, con un poco de suerte, alcanzaría a tener un solo representante. Por el contrario, la realidad de las urnas ha castigado duramente a los socialistas, empeñados en una alianza con los podemitas que parece estar resultando fatal para sus intereses.

Sin entrar en los profundos y expertos análisis del nuevo panorama que se abre en Andalucía y, muy seguramente, a partir de ahora en el resto de España, el asunto taurino es, sin lugar a dudas, uno de los motivos del giro en las preferencias políticas que estamos viviendo. Y es que a la gente no le gustan las prohibiciones dictatoriales que parte de la izquierda radical se empeña en imponer, entre ellas las que tienen que ver con los toros.

El sentimiento antitaurino y abolicionista de Podemos es más que evidente. Los morados se han empecinado en acabar con todo cuanto tenga que ver con la tauromaquia, incluidos los tentaderos de acoso y derribo celebrados en algunas ganaderías. La caza es otro de los objetivos a batir por la formación de Pablo Iglesias, que ha encontrado apoyos a lo largo y ancho de la geografía española de grupos como Izquierda Unida o Compromís y con la complicidad del PSOE.

Los argumentos que vinculan tauromaquia y caza con la muerte de animales no pueden estar más equivocados. Todos morimos, animales, vegetales y personas; sin embargo el toro vive gracias al toreo, y no hay ninguna especie que se cace que esté en peligro de extinción. El 90% de animales bravos que pasturan en el campo sobreviven gracias a la lidia del otro 10% que cada año saltan a los ruedos. En las dehesas españolas hay medio millón cabezas de vacas, sementales, becerros y becerras que deben su pervivencia a los astados que defienden su vida después de cuatro o cinco años en libertad. Si desapareciera la tauromaquia con ella se aniquilaría a ese medio millón de animales sin función ni rentabilidad, y también los terrenos que ocupan, que son un tesoro de incalculable valor medioambiental de flora y fauna. Por eso toros y vida van de la mano, del mismo modo que la caza, pues los cazadores saben qué se puede cazar y cuándo hay que cazarlo, y además se preocupan de repoblar para que la vida continúe.

Aparte de las razones esgrimidas por la izquierda fundamentalista para intentar acabar con toros y caza, su estrategia se les ha vuelto en contra y ha arrastrado en su caída a sus aliados socialistas. La lógica sugeriría que, a partir del aviso que ha significado el resultado del referéndum andaluz, se moderara el ansia prohibicionista. Otear el panorama, tomar buena nota y rectificar es de sabios. Sin embargo nuestros dirigentes, y siempre hablando en general, no parecen muy proclives a la autocrítica y a la rectificación.

En Valencia, Podemos y Compromís continúan empecinados en erradicar todo cuanto huela a toro, y a nivel nacional la Ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, afirmó sólo dos días después del plebiscito andaluz que prohibiría los toros y la caza porque es partidaria de los animales vivos y no entiende a todas aquellas personas que disfrutan de la caza o en los toros viéndolos sufrir. Tales declaraciones, más allá de denotar su ignorancia acerca de que toros y caza son sinónimo de vida y de que los aficionados no disfrutamos viendo sufrir a los animales, evidencian que no hay el mínimo signo de enmienda tras lo ocurrido en las pasadas elecciones. Flaco favor al PSOE y a sus compañeros de partido que sí que defienden el toreo.

De momento, la única formación que parece haber analizado la situación es el PP, que en su época de gobierno no acabó de plasmar sus anunciadas intenciones acerca del toreo pero que ahora ha registrado dos proposiciones en el Congreso, una para defender y preservar la tauromaquia y otra para reconocer e impulsar la caza. Es lo que deberían hacer el resto de grupos si no quieren seguir perdiendo terreno. Ahí están los modelos de Francia, donde ya hace años que los políticos no utilizan los toros, todo lo contrario, se muestran unidos en su defensa, y de Portugal, donde comunistas y un grupo de socialistas acaban de hacer piña con la derecha para aprobar una ley que no discrimine al sector taurino en materia impositiva.

Si cunde el ejemplo habrá que darle las gracias a VOX, que con su rotunda significación a favor de los toros ha sido el auténtico detonante de que se plantee un panorama social protaurino en el que algunos ya no creíamos. Y ahora que nadie venga con la cantinela de que los toros son de derechas. Los toros son del pueblo, de los mismos que antes votaban a PSOE, IU y Podemos y ahora, hartos de imposiciones, han cambiado de color. Oteen, tomen nota y rectifiquen. Eso sería de sabios.

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