CARLOS BUENO

Más allá del dinero del festival

Por fin la Fundación del Toro de Lidia ha hecho públicas las ganancias del festival organizado en su beneficio el pasado 9 de octubre en Valencia. 257.493 euros, ese es el dinero que dejó el "Día de la Tauromaquia" y que se ha notificado ocho semanas después de su celebración. Seguramente debe haber alguna explicación para tanta demora, máxime teniendo en cuenta el ejemplo de Sevilla, que también celebró un festival, en este caso sólo tres días después del valenciano, y donó las ganancias en menos de cuatro semanas.

Un cuarto de millón de euros no es peccata minuta, pero si seguimos teniendo en cuenta el mismo ejemplo de La Maestranza, allí se recogieron 200.354 euros, una cantidad muy similar a la de Valencia aún cuando a orillas del Guadalquivir sólo se realizó una sola función mientras en la capital del Turia fueron dos, una de festejos populares por la mañana y otra con toreros por la tarde. Además hay que añadir el plus económico que debió significar la retransmisión del evento por Canal Toros. El precio medio de las entradas béticas fue de 28'5 euros, y el de las valencianas de 22,5 euros, aunque es difícil calcularlo con exactitud porque había abonos especiales para ambos espectáculos, el matinal y el vespertino.

Sea como fuere, la Fundación ha recogido un pastizal para sus menesteres. Han de estar más que contentos sus dirigentes. Respondieron todos, primero el público, siguiendo por los empleados de la plaza de toros, que trabajaron gratis, y después, faltaría más, los profesionales, al menos algunos. Con ese dinero se asegura desde la Fundación que se podrán crear delegaciones provinciales, recuperar algunas plazas, promocionar asociaciones taurinas universitarias, defender jurídicamente la tauromaquia, emprender acciones políticas y potenciar la presencia mediática. Muchas acciones parecen, pero sería oportuno que todas se llevaran a cabo.

Se afirma que con esta donación todavía se está muy lejos de los presupuestos que manejan las grandes entidades animalistas, y es cierto, pero hay que recordar que la mayoría de subvenciones que reciben estos pseudoecologistas les llegan por vía privada desde multinacionales del mundo de las mascotas. No estaría mal que los taurinos buscaran financiación de empresas relacionadas con el toro: fabricantes de piensos, laboratorios veterinarios, nutricionistas, empresas de semillas y fertilizantes para el pasto de los animales… hasta deberían involucrar al sector hostelero, que tan buenos dividendos consigue cuando se celebran ferias taurinas.

Sería primordial que la defensa de la tauromaquia no dependiese de los aficionados sino que estuviera sustentada por el propio organigrama profesional taurino. El colegio de médicos vela por los intereses de los doctores, el de abogados por los de los letrados y el sindicato de la limpieza por los de sus empleados. No recuerdo a médicos, ni a abogados ni a limpiadores pidiendo a pacientes, defendidos y ciudadanos que financien sus pretensiones profesionales.

Por eso es momento de que la Fundación se ponga manos a la obra de forma visible y gane credibilidad. La tauromaquia somos todos, sí, pero no sólo cuando a unos les interesa. Estaría bien que, ahora que los empresarios han convocado una Asamblea General para el próximo 20 de diciembre, comenzaran a dar ejemplo y mostraran coherencia con lo que dicen de palabra. Nada de quejarse de que los pliegos son muy caros y después se presentan por sorpresa ofertando cifras astronómicas. Nada de confesar que ser a la vez empresario y apoderado no es bueno para los intereses del público pero nadie deja de serlo. Nada de llenarse la boca asegurando que la tauromaquia somos todos pero a la hora de confeccionar carteles priman los intereses propios y de los socios ante los de la clientela.  

Son los profesionales quienes han de dar el primer paso, y la función de los aficionados, que es pasar por taquilla y dejarse su dinero, se producirá. Luchen, comprometan a otros sectores, aprieten a los políticos, consigan reducciones fiscales y aplíquenlas a los precios de las entradas, secunden iniciativas culturales, promocionen a los jóvenes aficionados, defiendan jurídicamente la tauromaquia, recuperen espacio en la televisión pública, vayan a la huelga… hagan lo que tengan que hacer pero que sobre los ruedos haya implicación y verdad. Esa será la mejor forma de fidelizar a la afición, y hasta de llevar a cabo otro festival de éxito.

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