OPINIÓN

Cuando las novilladas crecen a pesar de todo

Desde ya hace años septiembre se ha convertido en el mes más taurino de la temporada en detrimento de agosto. Sube el número de corridas y por fortuna el de novilladas. Y es curioso, pero mientras las principales ferias restan festejos menores en sus programaciones la organización de nuevos ciclos novilleriles parece ir en aumento, algo que va contra la lógica económica y que podría decirse que adquiere catalogación de milagro. El prodigio se produce gracias a la afición altruista y desinteresada de innumerables peñas y comisiones -y algunos consistorios- que arriman el hombro en favor del futuro de la tauromaquia, que sacrifican horas personales y dinero de su cartera por apoyar a los benjamines del toreo y darles la oportunidad de forjarse.

Así, a la sombra del más que centenario serial de Algemesí y de los consolidados de Arnedo y Arganda, se sumaron hace tiempo los de Moralzarzal, Calasparra, Villaseca de la Sagra o Villa del Prado entre otros, floreciendo últimamente más certámenes que dan cabida a quienes están llamados a convertirse en el relevo generacional de las actuales figuras, como los de Cadalso, Collado Mediano, Los Molinos, San Agustín de Guadalix, Blanca, Mejorada o el turolense de Andorra.

Sin embargo, confiar en que el viento continúe soplando de por vida a favor de las novilladas septembrinas sería un tremendo error por parte del organigrama taurino profesional. Demasiados factores juegan en contra de que la tónica siga en sentido ascendente. El primero la corriente antitaurina, que contagia a la gentes y a los ayuntamientos y que cada vez consigue apilar más trabas en contra del toreo. Le sigue el ingrediente económico, pues organizar una novillada tiene un coste tan elevado que prácticamente lo hace inviable. Y también hay que presuponer que el milagro puede dejar de producirse si decae la afición o el desencanto se adueñe de los ilusionados organizadores, habitualmente amateurs y propensos a desistir ante dificultades o déficits.

Por eso no conviene bajar la guardia. Todo lo contrario, ahora más que nunca los profesionales deben luchar por programar más novilladas dentro de las ferias importantes, y eso pasa por conseguir una sustancial rebaja impositiva de este tipo de espectáculos. El ejemplo del deporte vuele a ser definitivo: ningún campeonato de juveniles atisba ni de lejos el presupuesto de uno de primera división ¿Por qué, entonces, en los toros no sucede lo mismo?

Es momento de ponerse manos a la obra, de solicitar reuniones con los todos los organismos y administraciones dependientes, con nuestros gobernantes nacionales, autonómicos y locales… Toca ponerse serios y hacer valer el impacto económico que implica la celebración de festejos. Es hora también de dar ejemplo y de que, todos aquellos empresarios que no lo hicieron, rebajen en 11 puntos el IVA de las entradas, algo que la mayoría no hicieron cuando hace casi tres meses el Gobierno redujo el impuesto del 21 al 10%.

Es evidente que la Agencia Tributaria ha constatado que los principales beneficiarios de la rebaja selectiva del IVA cultural no han sido los espectadores sino las empresas. Sin duda esto complica cualquier intento de negociación que persiga una reducción impositiva. Es por ello imperativo que se haga acto de contrición, que se imponga un autosacrificio y, después, se pelee por más y mejores beneficios fiscales que alienten a organizar novilladas. De lo contrario septiembre podría dejar de ser el mes más taurino y el de los novilleros. Y ya se sabe que sin cantera no hay futuro, y sin futuro no habrá torero al que pagar, ni toro que criar, ni IVA que tributar.

Por cierto, no estaría mal que todos los colectivos, además del empresarial, se apretaran el cinturón y ablandasen sus derechos y pretensiones. Por ejemplo, no parece lógico que para ciertas plazas de menor categoría siga siendo reglamentario que cada chaval lleve la infraestructura del mejor de los matadores en Madrid. ¿De verdad es necesario que un aprendiz tenga que contratar tres banderilleros, dos picadores y dos mozos de espada aunque el festejo se celebre en Villabajo? Privarse y abaratar costes de forma interna sería la mejor declaración de intenciones para después poder exigir a las Instituciones

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