CARLOS BUENO

Invierno, peñas, toreros y excusas

martes, 26 de noviembre de 2019 08:41
martes, 26 de noviembre de 2019 08:41

Llega el invierno y las peñas taurinas se afanan ilusionadas en preparar entregas de premios, homenajes, charlas y coloquios con la intervención de sus toreros preferidos. Ponen la máxima pasión posible y todo el cariño en el empeño. Pero en demasiadas ocasiones, cuando todo parece estar ya listo, los maestros declinan la invitación o aluden a contratiempos para excusar su participación. Un chasco. El gozo en un pozo. La decepción invade a los peñistas que ya estaban trabajando en la organización y se habían esperanzado.

Entiendo que todo el mundo tiene derecho a gozar de su vida privada y que los matadores están esperando el final de la temporada para pasar un tiempo de asueto con la familia. Lo que no es óbice para organizarse una agenda que incluya fechas para todo, para la evasión y para la clientela. Porque los artistas se deben al público y porque el toreo es del pueblo. Eso nunca debería olvidarse. Y del mismo modo que los deportistas dan ruedas de prensa y acuden a inauguraciones de peñas, los toreros deberían entremezclarse de forma casi imperativa con quienes sustentan el negocio taurino.

También sé que hay algunas agrupaciones que son muy cargantes y que no acaban de entender que no se debe abusar de la buena voluntad de los coletudos, pero con mano izquierda y con una exposición clara del calendario disponible, la problemática puede zanjarse de inmediato. Ir dando largas y haciendo albergar expectativas para finalmente no comparecer, no parece pertinente ni oportuno.

Es complicado, y hasta podría resultar inapropiado, que en los toros se hiciese como en el tenis, la Fórmula 1 o en motociclismo, donde los participantes atienden a los medios de comunicación tras cada competición. En el fútbol, por ejemplo, los jugadores están obligados por contrato a contestar a los periodistas después del partido y a acudir a cuantos actos indique el club. Hace sólo unos días Messi aparecía en las noticias compartiendo su tiempo con no sé qué jeque árabe. Órdenes del equipo, que además envió a un traductor para que pudieran entenderse. Y todo porque hay que quedar bien con posibles clientes y porque de paso se hace publicidad.

Es evidente que no es esa la manera de proceder ni lo que se demanda a los héroes de luces. Pero las reticencias que algunos muestran para bajar a la arena de los mortales y hacerse reales entre ellos, no es el mejor camino para ilusionar y contentar a quienes pasan por taquilla y con su dinero sostienen el espectáculo. Que nadie olvide que sin aficionados la tauromaquia no tendría sentido. A ellos se deben los toreros, tanto los incipientes como los consagrados.

 

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