CARLOS BUENO

Mentiras premeditadas y alevosas

martes, 17 de diciembre de 2019 07:35
martes, 17 de diciembre de 2019 07:35

Una mentira es una declaración falsa en todo o en parte. Cuando alguien miente espera que los oyentes crean su falsedad. Ocultar la verdad de forma total o parcial puede parecer otra cosa, incluso que no sea estrictamente mentir, pero en la acción se esconde una intención directa e interesada de engañar.

En la Cumbre del Clima que el pasado domingo se clausuró en Madrid se abordaron los problemas del cambio climático, la contaminación, los gases de efecto invernadero, se señalaron diversas causas y se propusieron posibles soluciones, pero no se habló del modo de vida rural y del campo español como ejemplo de freno a tanto desaguisado, como si sólo existiesen las grandes urbes y allí tuvieran que buscarse las soluciones. Durante las 14 jornadas de la Cumbre del Clima más larga de la historia se silenció una parte de la verdad, la que tiene que ver con la advertencia del daño irreparable que la prohibición de actividades ecológicas como la caza o la tauromaquia puede suponer para la sostenibilidad de la Tierra.

La caza es una actividad necesaria para el equilibrio y mantenimiento de un ecosistema adecuado de cara a rebajar unos efectos del cambio climático que acusan en primera instancia las especies silvestres, y son los cazadores quienes palian las consecuencias con agua y comida, no sólo para las especies de cacería, sino para todo tipo de fauna. Además, una correcta gestión forestal y cinegética contribuye a que los montes estén más saneados para prevenir la erosión y los incendios forestales. Por otra parte, en las dehesas de bravo, auténticos tesoros de flora y fauna, el toro convive con multitud de especies autóctonas y migratorias, algunas en peligro de extinción y muchas protegidas. Pero en la Cumbre del Clima no se hizo un solo giño al importantísimo papel de los cazadores y de los toros en la gestión medioambiental. Es más, el toro, guardián de la diversidad y ejemplo de sostenibilidad, fue el gran ausente de tan importante cita mundial, un escaparate que hubiese resultado inmejorable para visibilizar sus bondades.

Y es que, por una parte, el sector taurino continúa siendo tan desesperadamente inmóvil, corto de miras, lento e inoperante como siempre, y por otra, lo que ocurre es que el ecologismo oficial va de la mano del imperante animalismo, un negocio creciente y multimillonario que financia campañas políticas y medios de comunicación a nivel internacional, que colabora económicamente con grupos que pretenden prohibir la pesca, la caza y la tauromaquia. Multinacionales poderosas con tentáculos en la ONU contra las que no conviene actuar, aunque eso implique un fariseísmo que impide abordar en toda su extensión los verdaderos problemas y soluciones viables. Ocultar los toros fue la manera de faltar a la verdad de la Cumbre sin que los profesionales del sector mostrasen su descontento de forma patente.  

Y hay otra manera de mentir menos sibilina pero igualmente malintencionada, por ejemplo la que expuso Luis Cueto Álvarez de Sotomayor en la última Comisión Permanente Ordinaria del Pleno de Cultura del ayuntamiento de la capital de España, en la que se anunció un convenio de colaboración entre el consistorio y la Comunidad de Madrid para el fomento y la promoción de la Fiesta de los toros, tal y como exige la declaración de la Tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial. El concejal de Más Madrid se atrevió a vociferar que la tauromaquia se la deben pagar los bodegueros, ganaderos y millonarios que viven del toro, obviando que los toros no sólo no cuestan dinero al erario público sino que lo generan, y que, además, es obligación de los organismos públicos proteger, fomentar y difundir la Tauromaquia como impone la ley.

Esto lo sabe perfectamente Luis Cueto, pero prefiere mentir esperando que quienes le oigan crean su falsedad. El político conoce que la plaza de toros de Las Ventas paga cada año a la Comunidad de Madrid 2’3 millones de euros en concepto de canon, y que en taquillas se venden casi un millón de entradas anuales, con todo lo que ello genera de impacto económico en la ciudad. El señor Cueto alcanza a percibir que el mundo de los toros no es de millonarios sino del pueblo, que no distingue entre posiciones sociales y que da la opción de triunfar a todos, y que la afición de la mayoría de ganaderos les hace invertir en el campo lo que ganan en otras actividades. Pero todo esto le interesa un carajo a tan necio personaje. No importa que su partido lleve por bandera el ecologismo, un supuesto talante democrático y una farsante libertad. Miente porque es un hipócrita intolerante, igual que esos otros que ocultan parte de la verdad con premeditación y alevosía. Lo malo es que los desinformados les crean.

 

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