CARLOS BUENO

San Fermín: del despliegue al apagón

Es el magnetismo de un animal totémico incrementado por el poder mediático. Pero el toreo está discriminado respecto al festejo popular que inunda las calles pamplonicas
martes, 09 de julio de 2019 07:05
martes, 09 de julio de 2019 07:05

El boom de San Fermín ya está en marcha un año más. Programación especial a través de televisión, radios, Internet, redes sociales, revistas y periódicos en la que se analiza al detalle cada uno de los 875 metros del recorrido taurino más mediático del mundo. Televisión Española despliega un equipo formado por 80 personas y 29 cámaras. Los encierros registran una audiencia media de más de 1’6 millones de espectadores, un 68% de cuota de pantalla.

Una de las fiestas más singulares que puedan imaginarse se observa con admiración desde todos los rincones de la Tierra gracias a su retransmisión a los cinco continentes. 389 periodistas acreditados de 121 medios nacionales y de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Méjico, Alemania, Brasil, Rusia, Japón, Cuba, Corea del Sur…

La repercusión no puede ser mayor. A Pamplona, una ciudad que no alcanza los 200.000 habitantes, llegan cada año un millón y medio de participantes. Quieren venerar al rey toro. Algunos lo hacen desde el desconocimiento, la osadía o la inconsciencia, y tras el exotismo de sus pretensiones rinden culto al dios Baco. Otros adoran al bravo desde una pasión inexplicable que les mueve a prepararse físicamente, mentalizarse psíquicamente, devorar kilómetros y perder sueño para permanecer junto a él unos segundos.

Es el magnetismo de un animal totémico incrementado por el poder mediático. Pero el toreo está discriminado respecto al festejo popular que inunda las calles pamplonicas. Todo el despliegue informativo que se emplea en cada encierro matinal se apaga a la hora de la corrida vespertina. Lo cual no es razón para que los aficionados del toro en la plaza carguen contra los medios de comunicación y mucho menos contra la celebración de estas ancestrales carreras. Afirmaba un participante que había descubierto el toreo gracias a su pasión por los encierros. De correrlos pasó a ver corridas en la plaza y ahora era un excelente aficionado. Sin duda la gran simiente de la tauromaquia es la calle, de ella hay que aprender para mejorar.

Es evidente que la participación en primera persona en primera persona de los aficionados es el gran punto a favor que tienen los festejos populares respecto al toreo en plaza. Pero no es imposible implicar al partidario del arte de Cúchares en la organización de las corridas. Escuchar sus quejas y propuestas, y hacerle partícipe de la elección de ganaderías y elaboración de los carteles son asuntos que, sin duda, involucrarían y fidelizarían a la clientela. Esa debería la primera materia en la que tendrían que trabajar los empresarios. Luego, por supuesto, sería fundamental que el toro embistiese con emoción en un porcentaje superior al actual. Vivimos en la época de la inmediatez y la rentabilidad, y el espectador necesita unas mínimas garantías de éxito artístico para pasar por taquilla con asiduidad.

Y, por último, con los argumentos que supondrían disponer de una afición numerosa, unos toros bravos y unos toreros interesantes, habría que solicitar la atención de los medios de comunicación. Llegar a las cotas de audiencia de los sanfermines será complicado, pero simplemente quejándose no se consigue nada. Es cuestión de mirarse en el espejo pamplonica y ponerse manos a la obra.

(Foto:La Sexta)

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