CARLOS BUENO

Pasividad frente a actividad. ¿Pesimismo o realismo?

martes, 14 de enero de 2020 · 06:51

Fue producirse la investidura del nuevo Gobierno y movilizarse los antitaurinos. PACMA pidió de inmediato, casi sin dejar que Pedro Sánchez acabase de tomar posesión del cargo de presidente, que la coalición PSOE y Unidas Podemos lleve a cabo un referéndum sobre la tauromaquia en España, tal y como prometió dos días antes de las elecciones del pasado 10 de noviembre Pablo Iglesias, líder de la formación morada y vicepresidente del recién estrenado ejecutivo. El partido animalista asegura además que exigirá la puesta en marcha de la “garantía de un trato digno a los animales” que figura en el decálogo del preacuerdo suscrito entre la formación socialista y la comunista. PACMA representa a 225.097 individuos, un 1’25% de votos en todo el país. Son muy pocos, pero muy activos.

Sólo en España, en taquillas se venden más de cinco millones de entradas para ver corridas y más de 25 millones de personas asisten cada temporada a festejos entre la plaza y la calle. Son muchos, pero son tan pasivos que parecen ser menos que los exigentes simpatizantes de PACMA. Y así les va a los taurinos, que está por conocerse que hayan solicitado explicaciones sobre el trato que recibirán del nuevo gobierno, a pesar de que hay indicativos poco halagüeños, máxime cuando la ministra Teresa Ribera, que declaró en diciembre de 2018 que si de ella dependiera prohibiría los toros y la caza, será una de las nuevas vicepresidentas del Gobierno junto a Pablo Iglesias.

De nada le vale al toreo contar con 9.723 profesionales registrados, crear más de 200.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos, seguir dando más de 17.000 espectáculos contando los formales y los populares, aportar al Estado 43’86 millones por campaña en concepto de IVA, ni provocar un impacto total de 1.600 millones de euros anuales en la economía nacional. De nada valen todos estos datos si no se utilizan como arma defensiva, cuando no arrojadiza. Nos ganan la mano, los antis nos la ganan siempre, y a los “pro” les toca curar porque nunca previenen. ¿Saben aquello de que más vale prevenir que curar? Pues el organigrama profesional taurino lo desconoce.

El nuevo Ministro de Cultura, de quien dependerá la tauromaquia, será José Manuel Rodríguez Uribes, que se ha pronunciado poco sobre el tema. En cierta ocasión aseguró textualmente: “Creo que hay razones para, digamos, mantener una posición de respeto a esta tradición histórica española. Para mí no es una fiesta que me produzca una satisfacción especial pero creo que prohibirla sería una posición excesiva”. Ufff, no es muy esperanzador, pero si no le presionan demasiado igual puede cumplir con su palabra. A ver si los taurinos espabilan y le piden una reunión para exponerle los detalles de la activación económica que provoca el mundo taurómaco, sus beneficios medioambientales, su riqueza artística y emocional, y las libertades y derechos constitucionales que corresponden a quienes gozan del toreo. Aunque la verdad es que no soy optimista. 

Y no lo soy porque se sigue de brazos cruzados cuando acaba de desaparecer el programa Los Toros en La Ser, cuando el periódico El País deja entrever que no tardará en eliminar la información taurina de sus contenidos, cuando TVE incumple sus estatutos y su acuerdo y abandona la retransmisión de corridas, cuando la celebración de festejos en la plaza de Cáceres corre serio peligro ya que el ayuntamiento no tiene previsto invertir en la reforma necesaria para acondicionar el coso, cuando el pliego de Huesca convierte la adjudicación en una pura subasta, circunstancia que impide ofrecer a la afición una programación de calidad, y cuando se sigue sin dar toros en Cataluña.

En muchos lugares se pretende prohibir la entrada de menores a los espectáculos taurinos, se ponen mil trabas para su normal desarrollo y se estrangula económicamente su organización. Pero los profesionales parecen permanecer ciegos ante tanto ataque, directo e indirecto. Cada cual sigue comiendo hoy su pan sin importarle si para mañana habrá hambre. Así que, por mucho que quiera ser optimista, no puedo dejar de ser pesimista, ¿o es que seré realista?

 

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