CARLOS BUENO

Compromís y Podemos siguen con la cantinela

martes, 13 de octubre de 2020 · 07:27

Flaco favor le hacen los dirigentes de Compromís a los alcaldes y concejales de su partido en los pueblos valencianos. La última zancadilla se la ha puesto Mónica Oltra, portavoz de la coalición política y vicepresidenta de la Generalidad Valenciana, que el pasado 8 de octubre pretendió impedir que sólo dos días después se celebrase una novillada sin picadores en la ciudad castellonense de Vinaroz.

El argumento era insostenible, pura falacia, humo que se expande, y como tal le valía para montar su particular numerito en defensa de “la integridad física de los menores cuando torean y su bienestar emocional y mental al exponerlos a estos actos violentos", y de paso poner otro palo en la rueda de la tauromaquia. Se escudaba Mónica en que la actual ley de derechos y garantías de la infancia y adolescencia “restringe la asistencia y la participación de menores de 18 años en actividades y espectáculos de tauromaquia en la Comunidad Valenciana”. Pero eso era totalmente falso y Oltra sabía que la verdad es que, según el Real Decreto 145/1996, pueden participar los mayores de 16 años, condición que cumplían todos los anunciados en el festejo de Vinaroz.

A Mónica Oltra y a los regentes urbanitas de Compromís les duele la tauromaquia porque la desconocen. Han preferido dirigir ataques contra el sector taurino desde sus despachos de Valencia antes que dignarse a pisar las calles de los pueblos en fiestas para conocerlo de primera mano. El presidente de la Federación de Peñas de Bous al Carrer ha perdido la cuenta de las veces que ha invitado a la vicepresidenta a conocer la celebración de los festejos populares in situ sin obtener respuesta positiva. Y entretanto, los alcaldes y concejales del partido se comen las uñas cada vez que sus mandamases abren la boca para malmeterse con los toros porque saben que si los prohibiesen, en su municipio no les votaría ni la familia.

El pasado mes de mayo, Compromís ya discriminó al sector taurino con un dictamen que nada dice a favor de la democracia, la igualdad, la tolerancia y el respeto que merecen todos los legales aunque no sean del mismo pensamiento. Entonces, Mireia Mollá, Consellera de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica de la Generalitat Valenciana, en una decisión dictatorial dejó sin ayudas al colectivo más castigado por la pandemia, el los ganaderos de reses bravas, mientras que sí subvencionaba al resto del gremio. A su Conselleria van a parar los impuestos derivados de guías de transporte, saneamientos, inspecciones sanitarias, control de explotaciones, herraderos… pero parece ser que la titular de la cartera prefiere que se mueran los toros antes que repercutirles parte de las obligaciones tributarias que éstos ingresan. Mireia Mollá se presentó a alcaldesa en Elche y perdió el 52% de los votos. Para premiarla Mónica Oltra la nombró consellera, y si la jefa dice no a la tauromaquia ella le rinde pleitesía.

Para añadir más odio contra los taurinos está, entre otros, Podemos. Uno de sus integrantes, Sergio García Torres, Director General de los Derechos de los Animales, visitó Castellón el 19 de septiembre para justificar su elevado sueldo. El animalista alabó la labor de un colectivo que cuida de 135 gatos y 45 perros pero no mencionó a las más de 40 ganaderías autóctonas de la tierra, propietarias de 10.000 reses bravas, un tesoro genético de incalculable valor biológico. Al contrario, instrumentalizó el acto para lanzar un ataque contra el toreo y contra el Bou al Carrer, una forma de vida del pueblo valenciano que representa el mayor movimiento cultural, ecológico, económico y festivo de cuantos se conocen, un sector que refuerza las raíces de un mundo rural totalmente necesario.

Dicen que los toros no tienen color político, pero la verdad es que hay quien se empeña en dejar bien claro que el antitaurinismo sí que lo tiene. Visto desde fuera, e intentando mantener al margen tintes de derechas o de izquierdas, gran parte de esta ideología abolicionista más parece un intento por contentar a una parte del electorado muy vociferante -y también la intención de crear cargos bien dotados para ocupar a los de la troupe- que un movimiento con una base sólida que haya analizado el desastre medioambiental, ecológico, zootécnico, económico, histórico, artístico, festivo y personal que ello comportaría. De momento ahí siguen con la cantinela corrosiva.

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