CAPOTAZO LARGO

Gregorio de Jesús, un valiente muy querido

martes, 8 de diciembre de 2020 · 09:08

Afirmaba Gregorio en una entrevista reciente que no sabía que era tan querido. Gregorio de Jesús es matador de toros porque eso no se deja de serlo jamás, porque nunca se cortó la coleta y porque su alma es torera por mucho que la vida le haya acabado llevando por otros derroteros de la tauromaquia. Su cuerpo lleva dibujadas seis cornadas, tres de ellas se las dieron vistiendo el traje de luces y otras tres, además de cuatro fracturas óseas, en el campo mientras ejercía labores de ganadero, su dedicación desde que abandonó los ruedos.

El último de esos percances ocurrió el pasado 24 de noviembre, cuando uno de sus toros le atravesó el gemelo de la pierna derecha y salvó la vida de milagro. En estos momentos se recupera en su casa mientras recibe cientos de mensajes de apoyo que le demuestran lo querido que es, aunque él asegura que no lo sabía hasta ahora.

Puede que haya mucha gente en España que no conozca que hay una ganadería llamada Gregorio de Jesús. Sin embargo, si nombramos al toro “Ratón” pocos ignorarán su leyenda negra. Ratón fue el toro más famoso de Gregorio, que lleva ligado a la cría de astados para las calles casi un cuarto de siglo. En la actualidad su divisa es santo y seña de los festejos populares en Valencia, su tierra, la que le vio triunfar como torero y se ilusionó con él.

Gregorio de Jesús debutó con picadores en 1985. Antes de torear con caballos se había iniciado en la parte seria del espectáculo cómico-taurino “El Toronto y los enanitos toreros”, que apoderaba su padre. Estuvo cinco temporadas como novillero. Fue el triunfador de la Feria de Julio de Valencia en 1988, y empezó la temporada siguiente encabezando el escalafón; pero en Fallas un utrero le partió safena y femoral. En 1990 tomó la alternativa en Tarragona con Tomás Campuzano y Emilio Oliva. Confirmó en Madrid en 1994. Hizo el paseíllo en Méjico. Abrió tres veces la puerta grande de Valencia. En muchas ocasiones el sistema le colocó en el circuito de los hierros duros. Se anunció en 77 corridas. Sufrió un parón y también se quedaron paradas sus ilusiones, hasta que con 27 años decidió abandonar.

Tenía dos opciones, la construcción o la crianza del ganado que llevaba su padre. La elección estuvo clara. Desde entonces lleva una vida sacrificada, sin horario ni vacaciones, pendiente de 350 animales. No se ha hecho rico pero ha adquirido reputación y amigos.

Además, hace un par de años se ilusionó con varios chavales a los que se decidió a apoderar, a transmitir su experiencia, a ayudar dentro de sus posibilidades. A todo esto hay que añadir que Gregorio ha hecho pinitos en el mundo empresarial de los festejos populares, pero también se ha atrevido con el toreo profesional, sobre todo enfocado a la programación de novilladas. Él ha sido el único empresario capaz de organizar una función sin picadores en la Comunidad Valenciana durante este maldito 2020 marcado por las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia de coronavirus. Ocurrió el 10 de octubre en Vinaroz, y todo a pesar de las dificultades que le llovieron desde las altas instancias políticas autonómicas. Fue un valiente del mismo modo que lo fue en su etapa de matador. 

Como torero se quedó sin poder poner el alma a una faena como él soñaba. La presión, las circunstancias y el ganado que lidió condicionaron que pudiese expresar el concepto que llevaba dentro. El sistema numérico establecido le obligaba a triunfar a diario y le robaba la personalidad. La vida no se lo puso fácil entonces ni tampoco en estos momentos. Al menos ahora está sintiendo un cariño que desconocía, sin duda porque se lo merece.

 

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