CARLOS BUENO

Domecq marca la pauta

martes, 25 de febrero de 2020 06:36
martes, 25 de febrero de 2020 06:36

Los Domecq se llevan la palma. Los toros de este encaste siguen siendo los más lidiados. Una tónica que va al alza. Entre las 25 ganaderías más anunciadas en las corridas de 2019, una docena llevan esta sangre. Si de ese escalafón restamos los cuatro hierros de procedencia Murube que prácticamente sólo aparecen en festejos de rejones, el porcentaje Domecq sube de forma notoria. Cuvillo, que encabeza el ranking, es la gran excepción, y en el cuadro de honor también aparecen las salvedades de Victorino, Alcurrucén, Puerto de San Lorenzo, Prieto de la Cal, Miura, La Quinta y Adolfo Martín. El resto lo dicho.

Lo de Domecq es lo más cómodo para los toreros. No quiere decir que sea fácil ni homogéneo porque cada divisa tiene su propia personalidad y nunca salen seis animales iguales. Pero su comportamiento es en general el más predecible y el que más garantías de éxito ofrece. Y esto es así porque es el más depurado en los tentaderos a instancias de las figuras. Es la pescadilla que se muerde la cola. Será difícil que cambie la tendencia por ser los animales con los que más se triunfa, algo que sucede porque son los más estudiados por maestros y alumnos, lo que ha acabado provocando que la directriz del toreo moderno sea la de torear con la mayor perfección posible. No es sencillo hacerlo, pero el entrenamiento ayuda mucho.

Consagrados y principiantes ven mil vídeos en los que aprenden y corrigen sus propios errores. Pero, ¿y cuando sale el astado exigente de Saltillo, Cabrera o cualquier otra línea con picante? Ahí sólo cabe echarle bemoles, cuestión de un poco de técnica y mucha valía innata, no de entrenamiento machacón con la muleta planchada y al ralentí. No me atrevería a juzgar de algo malo que los Domecq marquen la pauta. Además es justo admitir que hay varios hierros de este encaste de los que están saltado toros muy encastados. Pero poco a poco se va perdiendo la diversidad, y eso sí que es preocupante.

El ingrediente principal de la tauromaquia es la sorpresa y la emoción. Todo aquello que sea previsible, monótono o acabe aburriendo es enemigo del toreo. Y es deber del sector taurino velar por la variedad del espectáculo. Hay que mostrar que esta es una ceremonia plural. El espectador acabará entendiéndolo y la Fiesta agradeciéndolo. Sin duda el futuro apunta hacia un toreo artístico e inmaculado, pero nunca ha perder los componentes de capacidad y sobre todo heroicidad que son inherentes a la condición de torero. Y, sin duda, vérselas con distintos encantes ayudaría.

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