CARLOS BUENO

Pasión vs pasividad

martes, 21 de julio de 2020 · 07:54

La gente de la calle le ha vuelto a dar una lección a la gente profesional. De nuevo los de los festejos populares le han enmendado la plana a los de la plaza. A este paso el toro acabará volviendo a sus orígenes primigenios y sólo pervivirá en el seno del pueblo. Y es que el pueblo taurino está unido de verdad. Siempre lo estuvo y así ha permanecido también en esta época de contrariedad sanitaria. Los de la calle han sido un martillo insistente que al unísono golpeaba una y otra vez sobre el yunque de la Administración hasta salirse con la suya. Si el pueblo quiere toros, toros tendrá. Y toros tiene porque se ha luchado con denuedo por ellos.

El sábado se publicaba la Orden oficial que autoriza la celebración de Bous al Carrer en la Comunidad Valenciana. No ha sido un camino sencillo. Los de la calle escucharon los pareceres de todos los de su sector. Representantes de cada una de las modalidades de festejos populares, recortadores, ganaderos, emboladores, aseguradoras, empresas de servicios… y con todas sus ideas prepararon dosieres y guías y se reunieron una y mil veces con los políticos y técnicos de Sanidad, Justicia, Seguridad y Emergencias. Han sido meses de negociaciones. Nada se dejó para el final. Las pretensiones se moldearon según la situación de cada momento, y al final, después de presiones y cesiones, se llegó a un acuerdo. Toros para el pueblo.

Sobre la base del 50% de ocupación del aforo, con un máximo de 800 asistentes y manteniendo la distancia interpersonal de un metro y medio, el Estado español cedió a cada Comunidad autónoma la posibilidad de negociar en su territorio las condiciones organizativas de los espectáculos taurinos. Y partiendo de esa base los de la calle y el gobierno valenciano han convenido llevar a cabo los festejos en plazas e instalaciones cerradas que permitan el control de los aforos, pero eliminando su límite siempre y cuando se utilicen asientos alternativos. Es decir, que se puede ocupar el 50% de la cabida con independencia de su capacidad. O sea, que si un recinto puede alojar a 5.000 personas, se permite la entrada a 2.500. Sin duda se trata de un gran primer pacto fruto del trabajo, la tenacidad y la pasión que seguro que en breve se consigue mejorar.

¿Y los profesionales de la plaza? Que se sepa continúan en las trincheras. No han preparado dosieres ni guías. No han sido martillo, ni siquiera alicate. No han ejercido presión. No han negociado. Así que para ellos, y por ende para los aficionados al torero, se mantiene la regla estándar nacional, es decir, una ocupación máxima de 800 espectadores. Y con esa medida la realización de una corrida de toros es totalmente inviable, deficitaria, una ruina. La única razón que se me ocurre para intentar entender la pasividad de los empresarios de los cosos de Alicante, Valencia y Castellón, es que prefieren escudarse en la norma y no dar toros antes que arriesgarse a organizarlos con términos particulares de admisión de público y que la experiencia no resulte rentable.

Si no fuese porque técnicamente es ilegal, en casos como este no estaría mal que, ante la rendición de los profesionales, se cedieran las plazas a los valientes de la calle y que fueran ellos quienes programaran alguna corrida. Porque está demostrado que la pasión mueve montañas, y eso es precisamente lo que necesita el toreo: pasión e ilusión.

 

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