CAPOTAZO LARGO

Correr sale en la tele, quedarse quieto no

martes, 24 de octubre de 2023 · 07:21

El pasado domingo, Valencia vivió una vibrante jornada deportiva con la celebración de la media maratón, una prueba que recorrió 21 kilómetros urbanos por dentro de la ciudad en la que tomaron parte 19.510 corredores. El último participante en llegar a la meta invirtió un tiempo de 3 horas y 19 minutos, lo que significa que el centro de la capital de Turia estuvo cerrado al tráfico más de cuatro horas.

El espectáculo deportivo no fue solo una cuestión de zapatillas y sudor, ya que su organización tuvo un presupuesto de 2’4 millones de euros. La seguridad de los corredores y el público fue una prioridad, y para garantizarla, además de diversas entidades y servicios públicos como la Policía Nacional, Cruz Roja, Sanidad, Bomberos, Protección Civil o la sala de control de Tráfico, 265 agentes de la Policía Local de Valencia se extendieron por todo el recorrido para velar por la tranquilidad de los participantes y espectadores. La cadena autonómica de televisión À Punt desplegó quince cámaras, una grúa y tres motos para ofrecer una cobertura exhaustiva de la carrera.

A lo largo del año, alrededor de 94.000 espectadores han pasado por las taquillas de la plaza de toros de Valencia (además de un puñado de miles que presenciaron las clases prácticas con carácter gratuito y los que acudieron al reclamo de los espectáculos populares). La feria de Fallas atrajo a unas 55.000 personas, 5.000 asistieron a la novillada de mayo, alrededor de 22.000 disfrutaron del ciclo de San Jaime, y sobre 11.500 estuvieron en los festejos de octubre.

A diferencia de la media maratón, no se tuvo que cortar al tráfico una calle ninguno de los 17 días en los que hubo corridas o novilladas de pago en el coso valenciano. La empresa adjudicataria del edificio taurino de la calle Xàtiva paga a la Diputación Provincial un canon anual de 452.000 euros más IVA. Una docena de policías son enviados al recinto las tardes de mayor afluencia. Sin embargo, la cadena autonómica de televisión À Punt no desplegó ninguna cámara para cubrir una sola función taurina en toda la temporada.

Tan ciudadanos son los que corren a pie, como quienes les animan, como los que se quedan quietos dejándose pasar un toro por delante, como aquellos que se sientan en un tendido y se emocionan viéndolo. Tan pueblo son unos como otros. Tanto derecho a la información tienen los deportistas como los aficionados al toreo.

En la Comunidad Valenciana, en cuyos distintos cosos se organizan más de 50 funciones cada año y donde el año pasado se celebraron 8.702 festejos de bous al carrer en 259 de sus municipios, los toros son parte de sus raíces, de sus tradiciones y de su cultura. Esconder eso es sólo un acto despótico y dictatorial que señala la mala fe de los políticos antitaurinos con poder para censurar aquello que no les gusta porque creen estar en poder de la única verdad universal. Y esa superioridad moral de la que se apropian les da potestad para menospreciar a aquellos a los que discriminan, esos sobre quienes han decretado que no son pueblo como ellos y, por lo tanto, tienen menos derechos.

La diversidad de gustos y pasiones enriquece la vida cultural y social de un estado democrático. La tolerancia y la consideración a las diferentes perspectivas son esenciales para mantener la cohesión y la armonía en la sociedad. Sin embargo, la igualdad de derechos, el respeto y la justicia de lo que es justo son valores fundamentales que algunos desprecian desde sus poltronas. En Valencia hay nuevo Gobierno con nuevo mando en la televisión autonómica. Esperemos que las cosas cambien.

 

ARCHIVOS