CAPOTAZO LARGO

2026, adiós y renovación

Por Carlos Bueno
martes, 30 de diciembre de 2025 · 05:04

La temporada taurina de 2026 se abrirá marcada por la marcha de Morante, un gran interrogante que condiciona el planteamiento de las ferias. El torero de la Puebla, eje artístico y mediático de los carteles más atractivos de los últimos años, deja un vacío difícil de llenar. Su ausencia no es sólo la de una figura, sino la de un concepto que, tarde tras tarde, servía de imán para el aficionado y de argumento principal para los empresarios a la hora de rematar los ciclos.

Hoy por hoy, solo Roca Rey parece capaz de asumir en solitario ese papel de locomotora, el único con la fuerza suficiente para arrastrar a miles de aficionados y garantizar llenos en las plazas que le anuncien. Tras él, el interés se reparte. Juan Ortega se ha consolidado como uno de los grandes reclamos por su tauromaquia de inspiración clásica y su capacidad para emocionar al tendido. A su lado, nombres firmes y contrastados como Emilio de Justo o Daniel Luque aportan regularidad, solvencia y una trayectoria que respalda su presencia continuada en las grandes ferias.

Pero si algo define el momento actual es la amplitud de una generación que empuja con fuerza y que reclama mayor protagonismo. Toreros con veteranía en el doctorado pero todavía poco placeados han despertado una ilusión renovada, como Borja Jiménez, David de Miranda o Fortes, cuyas actuaciones recientes han demostrado que hay argumentos sobrados para apostar por ellos con mayor decisión. A ellos se suman los más recientes y aún en plena construcción de su figura, caso de Tomás Rufo, Pablo Aguado, Samuel Navalón, Víctor Hernández o Aarón Palacio, exponentes de una tauromaquia diversa, joven y con capacidad para conectar con nuevos públicos sin renunciar a la esencia.

El abanico es aún más amplio si se mira al conjunto del escalafón: Román, Marco Pérez, Fernando Adrián, Molina, Ginés Marín, Clemente, Diego García, Álvaro Lorenzo, José Garrido, Nek Romero… una nómina extensa que evidencia que talento no falta, pero sí oportunidades reales y continuadas en los carteles de mayor relieve.

El adiós de Morante de la Puebla debería servir como punto de inflexión. Una llamada de atención tanto para algunos compañeros de pretérita veteranía como para los empresarios, demasiado acomodados en fórmulas repetidas. No resulta lógico que, al ojear los carteles de hace 20 años, el aficionado encuentre ternas muy similares, cuando no idénticas, a las que hoy siguen anunciándose. Esa inercia termina por erosionar la ilusión y empobrecer el espectáculo.

Es tiempo de renovación, de relevo generacional y de mayor valentía a la hora de confeccionar los carteles. De mezclar nombres consolidados con toreros emergentes, de crear nuevas combinaciones y de ofrecer al público alicientes distintos que devuelvan la emoción de lo imprevisible. Lo merecen los nuevos toreros, que piden paso con argumentos en la plaza, y lo merece también la clientela, ávida de estímulos frescos y de una tauromaquia que, sin olvidar su historia, sepa mirar hacia el futuro.

 

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