CAPOTAZO LARGO
Eduardo Mendoza: concordia, vino, toros, fútbol y felicidad
Por Carlos BuenoEl escritor barcelonés Eduardo Mendoza, premio Planeta y premio Cervantes entre otros muchos, ha sido galardonado ahora con el premio Princesa de Asturias de las Letras por una trayectoria de 50 años. El jurado valoró, sobre todo, su capacidad para “proveer de felicidad al lector” con sus obras repletas de alegría y buen humor. En su comparecencia ante los medios, el novelista aseguró que actualmente ya casi no reconoce su tierra: “Todas las ciudades cambian con el tiempo, pero Barcelona muchísimo más. La de mi infancia ha desaparecido”, declaró, y añadió que en estos momentos sólo quiere vivir tranquilo y mirar de soslayo a la realidad política catalana. “Escribí hace años un ensayo sobre lo que pasaba en Cataluña porque viviendo parte del año en Londres veía que la información que llegaba allí era un poco sesgada. Quería dar una perspectiva ecuánime. Ahora lo único que quiero es concordia, que haya vino, corridas de toros, fútbol y felicidad para todos”, dijo.
Los españoles, no sé si también el resto de terrícolas, acabamos contagiándonos de las actitudes y procederes de nuestros políticos, que se convierten en un ejemplo para nuestra vida cotidiana. Una lástima, la verdad, porque en la mayoría de los casos –entendiendo sus discrepancias reales– todas sus iras y rifirrafes son una simple puesta en escena, un paripé, pura justificación ante sus partidarios. Porque en el fondo todos se necesitan para subsistir, todos han de acusar al resto de ineptos para alcanzar el poder o simplemente mantenerse en el ajo. Su táctica es sembrar discordia, que la gente de a pie nos creamos sus actuaciones y nos mimeticemos con sus proclamas y con sus formas, y con ello han provocado que el ambiente social esté ahora más enrarecido, polarizado y convulsionado que nunca.
Durante la guerra civil, uno de mis abuelos militó en el bando nacional y el otro en el republicano. Terminada la contienda, ambos se dieron la mano y convivieron en paz y armonía. Relegaron una disputa que nada tenía que ver con ellos y se portaron como hermanos. Hoy se destapa el fantasma de las dos Españas que casi nadie vivió, por supuesto poquísimos de los políticos que nos dirigen. Puro interés estratégico que acaba calando y crispando a la calle. Y lo mismo pasa con los toros. La nueva izquierda olvida la cantidad de festivales taurinos celebrados durante la guerra a favor de las milicias comunistas, la creación de Escuelas de Tauromaquia impulsadas por los socialistas y, sobre todo, la voluntad del pueblo, que se emociona con el toreo con independencia de su tendencia. Desprecia todo eso porque no puede estar de acuerdo con la derecha, al menos de cara a la galería. Pura hipocresía que acabamos pagando los ciudadanos.
El ser humano es la amplitud de su mirada. Es capaz de maravillarse de paisajes nevados y desérticos, de enamorarse de rubias y de morenas, de paladear platos salados y dulces. Es capaz de disfrutar del tenis y del boxeo, de la ópera y del flamenco, del Lago de los Cisnes y de King África. Es capaz de olvidarse de bandos nacionales y republicanos, de convivir con pros y antis, de emocionarse con José Tomás y con Morante, de ser feliz con un cómic y con una novela.
Sólo nuestra clase política y sus ultras parecen incapaces de estar en medio de muchas situaciones y pensares, de lograr consensos y de dar ejemplo de civismo y respeto. Y, entretanto, nuestro entorno va cambiando no siempre a mejor. Tanto es así que, hoy por hoy, parece pura quimera que Eduardo Mendoza vuelva a disfrutar de concordia y toros en Cataluña. Qué triste, y qué contagioso.