EN CORTO Y POR DERECHO
El estribo derecho del picador
Por José Carlos ArévaloNo hacen falta circunloquios cuando las cosas están claras. El toro (525 kilos y más) se arranca al caballo de picar y la fuerza de su impacto es la suma de dicho peso por la velocidad al cuadrado.
Para este choque, el caballo está bien protegido. Un peto extenso que reparte la fuerza del impacto provocado por la embestida y unos manguitos protectores que amparan la parte alta de sus patas, las axilas y las ingles. En cambio, el toro se proyecta desnudo sobre su presunta presa.
En este ejemplo y en otros ejemplos, proteger al toro significa proteger al torero. Los análisis post-mortem efectuados en el toro después de su lidia han demostrado impropio el concepto de castigo atribuido a las suertes en las que se hiere al animal, pues la reacción neurohormonal que provocan en el toro de lidia activa la liberación de hormonas y neurotransmisores que palían su estrés, bloquean su dolor y estimulan su agresividad y motivación para embestir de un modo determinante. Pero no ocurre así cuando las heridas que producen afectan a huesos o a órganos vitales. Suelen estar provocadas por puyazos y pares de banderillas caídos y traseros. Y también, aunque no se suelen tener en cuenta, por los golpes que se auto infiere el toro al chocar con el estribo derecho del picador -7 kilos de hierro, sin aristas, pero con ángulos muy agresivos- que suelen perturbar la visión del toro o provocar roturas de cuernos o lesiones óseas en los huesos de la cara o en su testuz*, con el consiguiente dolor que el toro no es capaz de bloquear y la merma de sus embestidas.
La respuesta de los innovadores de la gama completa de útiles taurinos es muy sencilla:
Idéntico diseño, igual peso, pero capa de kevlar que recubre un fondo mullido con gomaespuma de alta densidad.
El testimonio de los taxidermistas no admite discusión.