EN CORTO Y POR DERECHO

Evocación y exaltación de Alejandro Talavante

Por José Carlos Arévalo
viernes, 15 de mayo de 2026 · 08:23

Los aficionados que por ir mucho a los toros vemos a muchos toreros terminamos por no ser partidario de ninguno, sino del toreo. Por supuesto, guardamos en secreto nuestra primera fila, compuesta por diestros de distintas épocas y distinto talante. A ese personal olimpo del toreo ha accedido con todos los honores el diestro  Alejandro Talavante, por su cenital faena al toro “Ganador”, cinqueño, chorreado en verdugo, bien armado, con 552 kilos, perteneciente a la ganadería de Núñez del Cuvillo, lidiado en Madrid el 8 de mayo. Con él realizó Talavante una de las faenas más bellas que he presenciado. Pero antes de comentarla, voy a recordar varios momentos de mis contactos con el torero de Badajoz.

Hace algunos años, no sé cuántos, sentado en un tendido en la plaza de Dax, se me acercó un chaval con una foto en la mano y me pidió que se la publicara en 6TOROS6. Era de él, dando un muletazo en la novillada matinal sin picadores del día anterior. Por lo visto había estado bien y quería que se enteraran en su tierra, en Badajoz. La publiqué. El muchacho se llamaba Alejandro Talavante.

Tiempo después, en Olivenza, un día tormentoso de corrida suspendida -por cierto, el ganado era de Victorino-, nos refugiamos varios taurinos y aficionados en el hotel de un pueblo aledaño, al otro del Guadiana. Por allí apareció Antonio Castañares, corresponsal de 6T6 en Extremadura, acompañado de un crio llamado Alejandro Talavante. Ni yo me acordé de Dax, ni él dijo ni pío. Estuvo callado toda la tarde. Pero Antoniome dijo por lo bajini, “ahí donde lo ves, va a ser gente. Torea como los ángeles”.

Pasado cierto tiempo, exactamente el año de las vacas locas, cuando los sobreros no podían volver al campo, en Lorca, después de la novillada nos quedamos a ver a un novillero, que llevaba Antonio Corbacho, matar los dos novillos sobrantes. Los toreó bien Alejandro Talavante, pero no me dijo nada del otro mundo. Me fui de la plaza rápido para no dar mi opinión a Corbacho.

Por último, Corbacho, que era muy testarudo y un sabio del toreo, me invitó un día a la ganadería de Paco Medina, donde Talavante iba matar dos toros antes de su debut en Madrid. Y aquello fue un recital. Recuerdo que le dije a Talavante: si haces en Las Ventas el 10 por ciento de lo que has hecho aquí serás figura del toreo. No cortó las orejas porque falló con la espada. Pero salió de la plaza en figura  y después de 15 novilladas, más o menos, tomó la alternativa y hasta hoy.

Pasaron los años, y una mañana, en el hall del hotel María Cristina, de la ciudad de México, me encuentro con Talavante y su apoderado de entonces, José Antonio Chopera. El día anterior, en el coso de Insurgentes, había hecho a un toro de Handam Chafik una faena fronteriza, de las que marcan un antes y un después a la faena de muleta. Aún regía, como canon indestructible, la estructura de la faena manoletista, que se dividía en tres tiempos, primero, apertura por alto o por bajo -toreo de lucimiento y también de probatura-, luego la fase central, toreo ligado en redondo dividido en series de naturales y derechazos -el hondón de la faena-, y finalmente, cierre por alto o por bajo, en el caso del genio cordobés, por alto, por manoletinas que oxigenan, normalizan la respiración del toro al embestir sin humillar, y le devuelven ímpetu para su última embestida. Pues bien, aquel domingo Talavante resume los tres tiempos de la faena, los resume en uno, que fluye unida por nexos, arruzinas ligadas a un pase natural, cambios de mano por delante, todo ello embarcado en un temple deslizante que ensambla la faena de principio a fin. Genial.

Esta faena, corregida y aumentada, pero distinta, porque el toro de Núñez del Cuvillo era muy distinto, la hizo en Zaragoza, el año 11. Los aficionados todavía la recuerdan, pero sin categorizarla. Los toreros, sí. Lógico, su misión no es hablar, ni escribir. Se expresan toreando, Y bien que se enteraron. Lo de Zaragoza con el de Cuvillo fue, como dicen los mexicanos, un “parteaguas”, el principio de algo nuevo, el toreo natural ligado en redondo, a su vez, ligado al toreo cambiado por el otro pitón, el acople de toro y torero convertido en una sorprendente coreografía. Por supuesto, los diestros veteranos no entrarán en el juego, pero ningún joven prescindirá de la nueva sintaxis talvantiana. ¿Sintaxis? Más bien, la ligazón magnética de pases impartidos con un temple y un trazo prodigiosos, como aquel natural único que lo consagró en Sevilla.

Tras un período irregular, a mi modo de ver, en el que Talavante parecía imitar a Talavante, la faena del 8 de mayo en Madrid da paso, todo parece indicarlo, a una fase de nuevo toreo.  Y aquí me explico. El nuevo toreo es el mismo, pero sobredimensionado en extensión, en temple, en hondura. Exactamente como los naturales sobrenaturales del día 8, alguno de 360º, generalmente el que daba paso a otra serie de una faena poemática creada a estrofas, cuyos versos eran naturales inmensos, derechazos inmensos, pases de pecho largos, circulares, inmensos, separados por largas pausas, en las que toro, torero y público se reponían, estrofa a estrofa, de tanta bravura, tanta inspiración, tanta exaltación.

Evidentemente, ha sido el toro quien primero ha regalado al toreo este gran paso evolutivo. Siempre ha sido así. Cuando Belmonte impuso que parar, templar y mandar  en tres tiempos, los de cite, embroque y remate fue porque el toro ya llevaba dentro la embestida completa que ningún torero había sabido descubrir. Ahora ha llegado el toreo por naturales y redondos interminables. Primero se lo vi a Morante, el año pasado, con un “Garcigrande”, dentro de una faena más abierta, en Salamanca, hace unos días a Talavante, con un “Cuvillo”, dentro de una faena más poética, en Madrid.

Bienvenida sea la plenitud de Alejandro Talavante, maestro indiscutible del toreo.