JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ

Joaquín Ureña

El acuarelista Joaquín Ureña expone hasta el día 13 de Octubre en ASORENA, Galería de Arte, Alcalá, 52 Madrid.  Atrás quedan las precedentes exposiciones que un buen concebido catálogo relaciona y que los entendidos en el dominio de esta versátil técnica pictórica recordarán.

Joaquín Ureña es un artista catalán premiado y querido en Madrid. Valorado por su depurado dibujo,  coloraciones, plasmación de luz y de espacio con efectos armónicos naturales.

Escribo hoy a modo de invitación para que los lectores tengan noticia y puedan gozar de la obra de Joaquín Ureña, y porque concurren una serie de  circunstancias que me permiten participarles que tuve la suerte de estar en su estudio, cuando pintaba con la determinación de llevar sus  acuarelas a Madrid. Soy, pues, testigo presencial de cómo iba humedeciendo las cartulinas blancas (soporte y reserva de luz) con la magia del color y las transformaba en obra de arte. 

Pintar así tiene algo de birlibirloque: mano, pincel y color, visto y no visto, fácil lo difícil..., claro,  después de muchos años de estudio, de precisas observaciones y verificaciones de las múltiples caras de los cuerpos. A su vera notas que este artista, de trato sencillo y cálido, con vocación pedagógica dispone   de una dilatada experiencia ante el caballete.

De esta manera me percaté de que la mirada de Ureña es más fiel al paisaje, a los objetos, a las luces, a las sombras... que la máquina fotográfica que capta, congela el instante, mientras él recoge el paso del tiempo con la gradación de luz que incide en un continuo sobre lo que pinta.

Pronto se intuye que en su obra hay algo invisible que él amalgama y nos resulta evocativo, y comprendemos que es aquello que no acertamos a descifrar cuando miramos nosotros directamente  lo que es objeto de su traslado al papel y, sin embargo, resulta que nos afecta emocionalmente contemplando sus acuarelas.

Lo que acabo de escribir no extrañará a quienes  ya han visto obras de J. Ureña pues lo habrán experimentado.

El pintor en esta su última muestra reúne una serie de cuadros que nos sitúan en su estudio, en su torre de marfil, en la estricta intimidad de un ser sensible que pinta con lo que convive y lo hace entregado a la perfección con emoción. De otra manera sería imposible trasladar, por ejemplo, los juguetes infantiles como detenidos en la atmósfera del tiempo lejano de la niñez.

Los juguetes que se desearon y quizá no se pudieron alcanzar (*). Una niñez distante pero no abandonada, que vuelve al presente con la caricia suave de los pinceles. Juguetes con halo de luz que resbala por el anaquel que los sustenta. Pura poesía en agua pigmentada.

Y precisamente por haber compartido un tiempo con el artista sé que la belleza plástica de los toros le ha interesado y he podido ver un bloc de apuntes de varias corridas en plazas andaluzas. Me lo enseñó al decirle que era aficionado a la tauromaquia y me manifestó que este era un trabajo que no ha expuesto porque pintar sobre temática taurina exige conocer la técnica del toreo (y me acordé de Goya que toreó y pintó). Creí intuir que le había arrancado un secreto, algo que se halla gestando.

(*) Ilustración: juguetes.Acuarela sobre papel.50x100cm. Fotografía de David Saura.

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