JOSE LUIS RODRIGUEZ

El mirlo

viernes, 19 de julio de 2019 07:07
viernes, 19 de julio de 2019 07:07

Sobre las las nueve de la mañana salía de la sesión del “fisio” y decidí coger el autobús urbano, en Paseo de Ronda, en la parada aledaña a Plaza de Europa. La vía, a esa hora matinal, tenía un denso tráfico y el consiguiente ruido.

Estando ya a la espera del bus comencé a oír, por encima del zumbido que producían los vehículos, el nítido y potente canto de un mirlo. Quise descubrir el pájaro y miré hacia los árboles: moreras y algunos chopos que se alzan a ambos lados de la ancha calle sin lograr verlo.

... Y el mirlo seguía, con los quiebros de su canto, desafiando la baraúnda callejera.

Va a llegar el autobús (me dije) y no lograré verlo.

Cuadriculé mentalmente el espacio y agudice la vista sobre pequeños sectores. Árbol por árbol, rama por rama... Deduje después podría estar posado en alguna jardinera de los balcones bien adornados de flores... ¡Tampoco!

... Y el mirlo seguía y seguía con sus sonoros y acuosos trinos...

¿Desde dónde cantaba?

Me daba ya por vencido.

Observé que a lo lejos sobresalía y se acercaba el autobús y, sin esperanza ninguna, fije los ojos en un báculo del alumbrado público, a la altura de la tercera planta del edificio, frente a la parada del autobús.

Tras el cuello de jirafa pendía la farola aérea sobre la calzada y  encima me pareció ver una manchita negra como el betún. No aparte los ojos y constaté que allí, ¡por fin! estaba el mirlo y...¡perdí el autobús!

 

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