JOSÉ LUIS RODRIGUEZ

A punta de navaja

lunes, 9 de noviembre de 2020 · 20:22

Paseando el otro día por el parque, catedral arbórea, con nave central flanqueada por plátanos centenarios, me detuve ante un grueso tronco que tiene grabado un corazón. Mientras lo miraba me vino a la memoria, borrosamente, aquella inscripción en otro árbol con un corazón atravesado por una flecha que decía: Aquí yace la pureza de Purita.

Me quise cerciorar y busqué después el libro que contenía  tan abusiva leyenda y constaté estaba acompañada de la data: 4-VI-MCMXXXII (Emilio Romero atribuye esta frase a uno de los personajes de ‘LA PAZ EMPIEZA NUNCA’. Pag. 162, sexta edición. Novela que se alzó con el Premio Editorial Planeta 1957).

Desde entonces, pensarán ustedes, ha llovido mucho. Sin embargo la ilegible caligrafía por incisiones, en trance de desaparecer, despertó en mí aquel antiguo tatuaje literario.

Y me aventuré a imaginar que en este otro corazón pudo figurar un TE QUIERO.

Algunas letras se habían desprendido, otras estaban semisueltas y resecas. Pensé, incluso, que de tener un verdadero interés se podría acudir a una pericia caligráfica para sacar algo en claro del palimpsesto.

Lo descarté, claro, mas sin dejar de intrigarme este corazón que con el paso del tiempo acabará por desvanecerse y quizá seguirá siendo herida fresca en el corazón de los desconocidos que lo marcaron a punta de navaja.

¿Habrán vuelto a visitar el árbol?

La tipografía en este caso es engullida por el sellado natural de la corteza.

¿Los enamorados siguen grabando sus promesas en los árboles?

Pasó por allí el guarda del jardín, se lo pregunté y me contestó:

- El teléfono móvil acapara ahora la atención de los enamorados. Desde hace tiempo no observo ninguna nueva inscripción.

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