FIRMA INVITADA

No es el pliego de La Misericordia

Por Saúl Amado
jueves, 28 de mayo de 2026 · 19:06

Etimológicamente, misericordia significa algo parecido a “corazón que se abre a la miseria con voluntad de socorrer a quien lo necesita”. Y falta le hace a Zaragoza. Porque la Plaza de Toros de La Misericordia —que es de primera y quizá la segunda más importante de España— atraviesa el momento en el que el aficionado tiene la sensación de asistir a una lenta demolición institucional y cultural, que no material, todavía.

Los aficionados siguen teniendo el corazón abierto a acudir en auxilio de la plaza. Y no es para menos. Lo que debería plantearse como un proyecto de defensa, conservación y promoción de la Tauromaquia se ha convertido en una simple subasta al mejor postor. El pliego impulsado por la Diputación de Zaragoza reduce el futuro de La Misericordia a una serie de números. El único criterio de adjudicación es el precio. Quien más pague, se queda con las llaves.

El pliego evita el encaje en la Ley de Contratos del Sector Público para refugiarse en la figura del arrendamiento patrimonial de la Ley de Patrimonio de las Administraciones Públicas. Es decir, se trata la explotación de La Misericordia como quien alquila un local comercial. Y eso no es inocente. Al despojar el procedimiento de cualquier dimensión cultural o de servicio público, desaparece también la obligación de valorar criterios relacionados con la promoción de la Tauromaquia, la calidad de los carteles o la protección de la afición, que sí que exige la Ley a los poderes públicos.

No hace falta entrar en demasiadas disquisiciones jurídicas para comprender que el pliego está concebido para que en Zaragoza haya toros a cualquier precio o para que deje de haberlos sin necesidad de prohibirlos. Es la forma moderna de acabar con ciertas tradiciones, que simplemente se vacían de contenido hasta volverlas inviables.

Verdaderamente, no es el pliego de la misericordia. Tampoco de La Misericordia.