MANUEL VIERA

Lo verdaderamente grave

No todo el mundo sabe que Rafael Alberti fue banderillero de Ignacio Sánchez Mejías. Ni que Miguel Hernández fue uno de los redactores de la enciclopedia de los toros “El Cossío”. Quizá otros sepan que al Che Guevara no le obligó la guardia civil a ocupar una barrera en Las Ventas en tarde de corrida. Y eran de ideologías de izquierdas. Como lo es quien me lo recordó en el transcurso de una enriquecedora entrevista, en la COPE local, con motivo de la presentación de una nueva asociación taurina para el fomento de la “cultura del toro” en Utrera. Fue toda una demostración de exquisita objetividad con la que se permitió derribar el más grande de los tópicos: “los toros son de derecha”. Y dijo más y sin tapujos: “La tauromaquia es del pueblo”.

Hablar de toros con Antonio Torres, aficionado y secretario de la Asociación Cultural Taurina “Curro Guillén”, es hablar de un sentimiento interior que nunca parece acabar. Sabe de situaciones paradójicas. De ejemplos que son considerados vidas que ejemplarizan los ilustres personajes que retroalimentan la nostalgia por lo que fueron y lo que hicieron. Que revelan lo absurdo y lo grotesco de la contradictoria realidad de la izquierda actual. Que confunde lo accesorio con lo fundamental haciendo de lo secundario su objetivo principal. Quizá, porque su razón es incapaz de priorizar.

Individuos obsesionados por lo que consideran esencial en ese ejercicio continuo de la más cutre de las demagogias con la que quieren superar su creciente decadencia. Nunca parecen descansar. Siguen invadidos por absurdas consideraciones sobre una forma de hacer política con la que se ven obligados a representar, a diario, personajes chulescos, estrambóticos, admirados, claro, sólo por los que quieren escuchar lo que dicen. Ese prohibir de latidos sin arritmias que continua sin cesar alimentándose del populismo más radical y desesperante. Prohibir el “acoso y derribo” en Badajoz. Prohibir la publicidad taurina en los autobuses urbanos en Valencia. Prohibir “la caza” en Andalucía. Prohibir…

Si el progresismo animalista de Iglesias ejemplificara también sus propuestas y afirmaciones comprobaría que arremeter contra la cultura del toro prohibiendo no, por despreciable, es preocupante. Lo verdaderamente preocupante y grave en un político es su falta de rigor intelectual.

Una cosa debe ser segura. Propongan lo que propongan y armen la que armen. Allí se debe estar para atajarlo. Puntualmente.    

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